Expresión de libre pensamiento.

Expresión de libre pensamiento. Información de contacto, mapa y direcciones, formulario de contacto, horario de apertura, servicios, puntuaciones, fotos, videos y anuncios de Expresión de libre pensamiento., Biblioteca, Mexicali.

15/05/2014

De acuerdo con una encuesta levantada por la empresa Parametría, el 31% de los mexicanos considera que los pobres siguen en situación de pobreza porque no se han esforzado lo suficiente para salir de ella. Así, sin más. Pareciera que prácticamente la tercera parte de los mexicanos piensa que la pobreza se podría resolver con unas palmaditas en la espalda y que es responsabilidad de los mismos pobres, estar en esa situación. Bajo este concepto, por demás discriminatorio, no hay argumentos económicos, estructurales, ni de lucha de clases. Empresarios, industriales y gobiernos, quedan exentos de toda responsabilidad y bajo ese precepto es que se toman las decisiones sobre el problema de la pobreza que en México tiene ya una población de unos 53.3 millones de pobres. Esto es prácticamente la mitad del país. Si por un lado los políticos piensan así y los gobernados lo creen, las decisiones que se toman para pretender la disminución de los índices de pobreza del país están completamente erradas y nos llevan a un callejón sin salida. Que una parte de los mexicanos piense de esta manera dificulta la solución misma del problema. Es decir, no habrá planes sexenales, iniciativas locales, comunitarias que funcionen si la percepción de los mexicanos para abatir la pobreza es un problema de falta de esfuerzo. Y esto aplica tanto a los gobernantes, como a los gobernados. Así que cuando escuchamos a la Diputada priista Adda Luz Ferrer decir que en Campeche “es pobre el que quiere”, además de enojarnos a tal grado que la bauticemos como nos debe preocupar su manera de pensar, pues de acuerdo con ese criterio es bajo el cual toma sus decisiones y percibe su realidad. Realidad que poco o nada tiene que ver con las posibles causas y soluciones a los problemas de su comunidad. En su momento, la frase de la legisladora de Campeche fue lapidaria. “Hay gente que tiene la oportunidad de tener un trabajo digno, pero sigue permitiéndose todo lo que pueda hacerle aniquilar a su persona. Es lamentable. Sin embargo, en Campeche es pobre el que quiere, porque somos muy ricos, en Campeche hay un dicho que dice: Si quieres comer, o sea, tira tu anzuelo y del mar saldrán peces”, afirmó a principios de agosto la legisladora. De acuerdo con una nota publicada por Animal Político, los resultados obtenidos por Parametría en el estudio sobre la discriminación en México, las creencias de que los pobres son pobres porque no se esfuerzan por cambiar su condición se incrementa entre las personas con mayores ingresos: la mitad de las personas con ingresos que van de entre 4,552 a 7,585 pesos y de 15,171 a 20,000 pesos coinciden con la idea de que la pobreza se puede superar simplemente con el esfuerzo. Pero estas actitudes discriminatorias en la sociedad apuntan en y desde todas las direcciones posibles. Ella no es la única, pero es una pequeña muestra de cómo el problema de discriminación hacia el pobre va más allá de un porcentaje en la percepción, pues se manifiesta ese pensamiento en la vida cotidiana y en la toma de decisiones. Queda claro que para superar en forma definitiva la pobreza se tiene que hacer crecer la economía, crear empleos bien remunerados, impulsar una política social que garantice una buena educación, salud y vivienda. Pero si estas medidas al pasar por la sociedad mexicana y los distintos niveles del gobierno la percepción es de que los “pobres son pobres porque quieren” el problema se mantiene y peor aún, se agranda. El clasismo y la discriminación prevalecen en una buena proporción entre la gente de más recursos y en políticos como . Sin embargo, un punto del estudio que es aún más impresionante es que el 36 % de las personas que perciben un ingreso igual o menor a 785 pesos y que se consideran de clase baja, y que podrían ser considerados como “pobres”, también creen que con esfuerzo la pobreza puede superarse. Esto es aún más alarmante porque entonces si los pobres piensan que ese estado lo tienen por no superarse, porque en realidad no estará nunca clara la razón de su situación ni apuntarán hacia los responsables, cuestión que también le acomoda muy bien a los políticos municipales, locales y nacionales pues las exigencias y responsabilidades se limitan en atender necesidades temporales y no de condiciones estructurales. Esto significa que políticos y gobernados hacen un círculo vicioso en el cual no ven el problema y por lo tanto no se atiende. O no se atiende de la manera correcta porque está velada por la percepción de una falta de esfuerzo. No pretendo con esto justificar la inacción de políticos contra la pobreza. Queda claro que hay corrupción, ignorancia, falta de recursos, de capacidades para resolver, pero preocupa de igual manera como se perciben las realidades de la gente con poder o capacidad de hacer ajustes para resolver el tema de la pobreza y, por supuesto, alarma aún más que los pobres “se la crean”. En este mismo estudio Parametría añade a la discriminación y al clasismo el tema racial. Un 38 % de los entrevistados considera que los indígenas, por sus características raciales tendrán siempre una limitación social. Esta opinión aumenta entre los encuestados que tienen un grado de escolaridad mayor al nivel medio superior. Así que la población de mejor nivel educativo carga con ese prejuicio al que se le añade un 24% de los entrevistados que piensan que México es un país menos desarrollado que otros países vecinos, pues aún hay indígenas. Ese pasado (y muy presente) indígena del que nos decimos estar orgullosos lo hemos visto desde el siglo XIX como un elemento que retrasa la modernidad y el progreso. Y a más de 100 años mantenemos esa percepción que no nos ha permitido tomar tampoco decisiones correctas que ayuden a abatir la pobreza en todas sus manifestaciones. Duele mucho que los pobres piensen que tengan que esforzarse más porque no conocen otra realidad y no han podido participar de una educación que les permita visualizar el problema y exigir sus condiciones mínimas a sus respectivos gobernantes, pero es mayor el enojo que entre la población supuestamente más y mejor educada prevalezcan esas actitudes clasistas y simplonas de nuestra realidad pues la capacidad de decidir y hacer planes para resolver los grandes temas nacionales están en sus manos y su visión poco o nada tienen que ver con la realidad cotidiana de los pobres. Leer más sobre este autor Estudio Periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México, obtuvo el grado de Maestría en la Univ. de Miami con el tema de los “Weblogs y la mediamorfosis periodística”. Publicaciones anteriores de Hilda García

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/08-10-2013/18072.

03/05/2014

El neokantiano Georg Simmel y el pobre

Georg Simmel (1858-1918) fue uno de los más sobresalientes sociólogos. De formación kantiana tras estudiar a Immanuel Kant, y neokantiano por su filiación a la Escuela de Marburgo, que encabezó Hermann Cohen (1842-1918). Reimpulsó el racionalismo, la ética como ciencia del derecho, la estética como creaciones de artes y la lógica como raíz del pensamiento científico. Simmel propuso que el estudio de las interacciones de socialización de la humanidad, en una concepción “de todo lo humano” desde la perspectiva social y atendiendo a todo lo que ya está “tratado en las ciencias existentes” fuera el objeto de la sociología. Su obra, amplísima y rigurosa, abarca una gran variedad de temas: Pedagogía escolar; Schopenhauer y Nietzche; Goethe; Cultura femenina; El individuo y la libertad; Filosofía del dinero, y su clásico: Sociología: estudios sobre las formas de socialización.

En su ensayo El pobre, reflexiona sobre la obligación de la sociedad y los gobiernos para correr en auxilio de las personas y ciudadanos: “esta relación […] explica la particular implicación de deberes y derechos que hallamos en la asistencia a los pobres, propia del Estado moderno, pues el pobre […] también es un ciudadano y como tal, participa de los derechos que la ley concede […] como correlato del deber del Estado de socorrer a los pobres”. Con traducción de Javier Eraso Ceballos e introducción de Jerónimo Molina Cano, el texto cobra actualidad cuando los estragos del neoliberalismo económico (máscara del capitalismo salvaje), tienen a casi tres cuartas partes de la humanidad a punto de crear nuevas revoluciones contra los gobiernos corruptos y la voracidad de los ricos.

Según Simmel, “el descontento que desemboca en las grandes revoluciones, se alimenta de tantas y, a menudo, opuestas fuentes, que no sería posible unirlas en una finalidad objetiva”. Empero, esto no es absoluto, pues la Revolución de 1810 en nuestro país, la de 1917 en Rusia, etcétera, fueron motivadas por la miseria. El autor intercede por ese sector, constante en las sociedades desde el amanecer de la historia… “Pobreza que se manifiesta en todas las capas sociales”. Por eso, es deber de la solidaridad social ayudar a los pobres, y los gobernantes, con los impuestos recabados, han de satisfacer estos derechos: seguro de desempleo, servicios médicos, educación gratuita, ayuda a los ancianos, comedores gratuitos. “El deber de asistencia puede entenderse como simple correlato del derecho del pobre, que se extiende hasta… las limosnas, para quienes se ven empujados a la mendicidad”. Y apunta que las peticiones de los pobres (que algunas religiones predican como buenas obras) han de “considerarse como actos solidarios de la humanidad”. Hay teorías que proponen no ayudar a los pobres, para que éstos se decidan por las revoluciones; otras, que se les asista “para que no se convierta en un enemigo activo y dañino de la sociedad”. Simmel propone ayudar a los pobres, como el dualismo de deberes y derechos “que hallamos en la asistencia a los pobres, propia del Estado moderno”.

03/05/2014

EL ORIGEN DE LA POBREZA

Insistimos en que el subdesarrollo es la causa primaria de la pobreza.
¡Y no otra cosa o circunstancia!
Y, esta penosa situación, en la que sobreviven cientos de millones de familias en el mundo entero, que nuestro continente no es la excepción y nuestros países mucho menos, nos deja y estamos supeditados a no disponer de los suficientes ingresos para acceder a niveles mínimos de vida.
Claro que podemos hablar de una clase de pobreza relativa y definirla como aquella condición que sufren millones de personas que, a pesar de tener ingresos, estos son magros y por debajo del promedio de lo que perciben otros habitantes, lo que les dificulta llevar bienes, productos y servicios a sus familias. Pero, de todos modos, esta relativa condición de escasez limita sobremanera la superación y la productividad personal, familiar y comunitaria en cualquiera de nuestros países cuyos Gobiernos nos quieren ver cara de tontos y proclaman demagógicamente que la nuestra es una pobreza relativa.
Ahora bien, el drama continental es que en nuestra América Latina existen millones de grupos familiares que por los extremos en los que sobreviven, que no poseen ni disponen tan siquiera del acceso a una alimentación mínima, son los que nos deben llamar la atención y volcarnos con todo lo que tenemos hacia ellos.
Se toman tres elementos en los aspectos sociales que tiene y sobresalen en la indigencia:
La educación.
La salud.
Disposición de alimentos.
Para mayor desgracia el conglomerado de los pobres, y de los extremadamente pobres, lo conforman grupos de ancianos, madres solteras, mujeres jefas de hogares, discapacitados, los que han caído en los vicios, los indígenas y representantes de grupos humanos minoritarios, sin olvidarnos de los niños de la calle.
En nuestros países, catalogados como del Tercer Mundo, los múltiples efectos dañinos de la pobreza se reflejan día con día en nuestras sociedades.
La desnutrición infantil, las enfermedades y epidemias arrasan con miles de menores de edad en las comunidades rurales y en asentamientos humanos urbanos.
La utilización, por parte del Crimen Organizado, de personas jóvenes para iniciarlos en robo de vehículos, secuestros, asaltos a bancos y financieras, así como en el tráfico, trasiego y actividades que se generan por el narcotráfico, sin olvidarnos del seguro consumo de dr**as, ha sido materia de muchos seminarios y talleres; buscando, por donde sea, un hilo que permita detener la ola de jóvenes sin futuro que se involucran en la vida delictiva y criminal de nuestros países, pues nadie les ofrece una mejor, para ellos, oportunidad de obtener bienes y servicios rápido y sin estudiar o tener que capacitarse en una academia técnica o universitaria.
La falta de atención en materia de prevención, y la dedicación de todos los esfuerzos para los procesos de curación, en el ámbito de la salud y salubridad, nos arroja cientos de miles de personas con enfermedades mentales, alcoholismo, drogadicción y otra serie de variadas disfunciones.
Y, la ausencia de instrumentos educativos, formativos, informativos, tecnológicos y universitarios, hacen que los nuestros sean países que no pueden proponer ni siquiera una mano de obra semi calificada.
¡Ya no digamos de una eficiente y muy bien calificada!
De verdad ¡qué tristeza la que nos provoca este círculo vicioso de la pobreza!.

Leer más: http://www.monografias.com/trabajos25/combatir-pobreza/combatir-pobreza.shtml

03/05/2014

Por qué hablar de exclusión y no de pobreza
Lilian Vega

Sobre todo cuando lo que más se estudia
es la pobreza, no sólo se estudia sino que
se generan programas de gobierno para
atenderla, se elaboran mapas de pobreza,
se invierte (¿o se gasta?) mucho en
analizarla, y se da seguimiento nacional e
internacionalmente. Mientras exclusión es
un tema poco conocido y del que no suelen
haber indicadores ni análisis que la
aborden. Todo parece indicar que lo más
importante es la pobreza y lo menos
importante es la exclusión.
Pues bien, resulta que tanto la pobreza
como la exclusión pueden ser analizadas
desde las carencias sociales. La pobreza
define las carencias en función de un
estándar; mientras que la exclusión remite
a una situación de carencia producto de
relaciones de poder desiguales, producto
del ejercicio de poder de un grupo social
contra otro, la cual expolia.
Desde la pobreza, el tema de la
desigualdad es un tema marginal o en el
mejor de los casos agregado. Mientras que
desde la exclusión, la desigualdad se
entiende como la expresión más extrema
de las desigualdades sociales. Por lo
anterior, el enfoque de pobreza plantea la
reducción de la misma como una especie
de voluntarismo moral en la cual, por
ejemplo, las transferencias --condicionadas
o no– son un mecanismo adecuado para
superarla. Mientras que el enfoque de
exclusión plantea que para superar la
situación de exclusión, y por tanto de
pobreza, se necesita redefinir las
relaciones de poder, lo que interpela el
contrato social existente y en ello el papel
del Estado, de la sociedad civil, la empresa
privada y restos de actores sociales
agregados.
Lo que sigue es indicar que el sistema
económico vigente posee en si mismo la
capacidad de generar y profundizar
desigualdades y, por lo tanto, de generar
exclusión de una forma cada vez más
masiva y sistémica. La vigencia del sistema
capitalista y la preeminencia del mercado,
configuran una sociedad dual entre los
incluidos, los menos, y las grandes
mayorías excluidas. La desigualdad
provoca exclusión, y esta se vive de
diversas formas: desde el mercado laboral
hasta el acceso a los servicios básicos
como salud preventiva, educación básica,
seguridad ciudadana por dar unos
ejemplos. Esta situación de exclusión
masiva permite la perpetuación de la
pobreza, no sólo de ingresos, sino de una
pobreza estructural que bloquea a las
personas para acceder a todo aquello que
les permita una reproducción material y
espiritual adecuada, es decir, les impide
lograr una vida digna.
En el extremo de la exclusión, una quinta
parte de la población mundial todavía no
tiene acceso a agua potable, alimentación
adecuada y atención básica de la salud.
Cien mil personas mueren diariamente
víctimas de las enfermedades causadas
por la desnutrición de las que cuarenta mil
son niños menores de cinco años. Según
datos de la Organización de las Naciones
Unidas, ONU, a nivel mundial, el 20% de la
población consume el 90% de los recursos
mundiales, o lo que es lo mismo, 3 mil
millones de personas reciben el 1.2% del
ingreso total del mundo mientras mil
millones de personas en países ricos
reciben el 80% del ingreso.
Esta sociedad genera desigualdades y un
enorme poder para defender los intereses
económicos, sociales, políticos y culturales
de una pequeña fracción de la población, e
indiferencia ante la violación constante de
estos mismos derechos para una
proporción creciente de la población. Es
por esto que el aumento de la pobreza y la
desigualdad, la crisis ecológica y
alimenticia, la pérdida de democracia
participativa y la imposición mediática de
ideologías y cultura globales con tendencia
a imponer un pensamiento único son
resultados esperables. Es decir, un mundo,
una región, un país en la que la exclusión
se convierte en nuestro diario vivir, y la
inclusión nos suena como una palabra cuyo
significado no alcanzamos a entender.
Esta civilización, basada en el capital y la
riqueza, que incluye a cada vez menos
personas y excluye a cada vez más, ha
llevado a que este grupo de incluidos, no
solo goce de los bienes y servicios básicos
necesarios para una vida digna, sino que
además logre acumular riquezas
escandalosas que –a su vez– les permiten depredar el mundo e imponer su visión de
felicidad y bienestar. Detrás de esta
situación, existen relaciones de poder
cimentadas en la acumulación de riqueza
material individual o privada principalmente,
que permiten imponer una lógica de
dominación a favor de sus poseedores,
materializada por ejemplo en políticas
públicas o sistemas mediáticos, por
mencionar dos aspectos.
En El Salvador, las cifras oficiales sobre
pobreza muestran que el país ha sido
relativamente exitoso en disminuir la
pobreza. Así, estos cálculos, indican que
en 1991 la pobreza alcanzaba a un 59.7%
de los hogares, y para el 2006 este
porcentaje de hogares pobres bajó a
30.7%. Sin embargo, estas cifras esconden
situaciones de carencia para muchos
hogares en alimentación, vivienda,
vestuario, educación, salud, esparcimiento
o espiritualidad. Como muestra, algunos
datos de la Dirección General de
Estadística y Censos, DIGESTYC. El
ingreso promedio de los hogares para el
año 2006 fue de $ 247.42 mientras que la
canasta de consumo promedio familiar
superó los $ 685, para la familia promedio
entonces queda sin cubrir más del 65% de
sus necesidades. Al mismo tiempo, la
quinta parte de la población más rica
acapara la mitad del ingreso del país. Estas
personas más ricas poseen un ingreso 15
veces mayor que la quinta parte de la
población.
Existen muchas formas de medir la
exclusión. En lo que sigue, presento alguna
evidencia empírica utilizando la Encuesta
de Hogares de Propósitos Múltiples de la
Dirección General de Estadísticas y
Censos de El Salvador del 2006. Sólo tres
esferas: mercado laboral, ciudadanía social
–medida a través del nivel educativo– y
acceso a la seguridad social.
Si clasificamos la forma en que las
personas logran insertarse en el mercado
laboral, podemos identificar tres formas de
inserción: de calidad alta, la cual la logra el
31% de las personas que trabajan, calidad
media 24%, y precaria, categoría en la que
se encuentre más de la mitad de la
población trabajadora (52%).
Inclusión también significa poder contar con
acceso a la seguridad social. Para el
acceso a los servicios de salud, resulta que
en el país solamente el 0.31% –es decir 3
personas de cada mil– posee acceso a
seguro privado. 21.7% de la población
cuenta con seguridad social a través de
alguna institución pública como el ISSS o
Bienestar Magisterial; mientras que el 78%
de las personas no tienen acceso a ningún
seguro de salud y deben utilizar la red
pública de hospitales y unidades de salud.
Sin duda, un mecanismo de inclusión es la
educación. Los datos muestran que casi
dos tercios de la población (64%) no
alcanzan el sexto grado. Sólo 9 de cada
100 salvadoreños logran alcanzar una
educación superior, y menos de 15 de cada
100 logra el título de bachiller.
En El Salvador, el 41% de la población
sufre algún tipo de exclusión y 21.1 % no
sólo se encuentra excluida sino bloqueada,
es decir, sin perspectivas de poder mejorar
su nivel de vida, sin posibilidad de alcanzar
una vida digna.
Fuente: elaboración propia con datos de EHPM
2006
Vemos como las cifras de exclusión son
diferentes a las cifras de pobreza y como
las primeras reflejan mejor la realidad que
vivimos los y las salvadoreñas. La pobreza
es, al final, un resultado de la exclusión.
Así, mientras existan grupos que tienen el
poder para lograr políticas públicas a su
favor en perjuicio de la mayoría, poco se
podrá avanzar en lograr que todos y todas
logremos una vida digna y feliz.

La pobreza de las nacionesPrinter-friendly versionSend to friendpor Manuel F. AyauManuel F. Ayau Cordón es Ingeniero y e...
03/05/2014

La pobreza de las naciones

Printer-friendly versionSend to friend
por Manuel F. Ayau

Manuel F. Ayau Cordón es Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.

La pobreza en tantos países, en medio de tanta abundancia en otros, se debe a la ingenuidad e incomprensión de cómo funciona un sistema económico espontáneo, es decir, uno que no está planificado y dirigido por autoridad. Como no se comprende, simplemente se descarta.

Lo que sí se entiende son los órdenes deliberados, organizados con objetivos definidos, jerárquicos, con organigrama, como el de una empresa, un ejército, una finca, una iglesia o del gobierno mismo. Y cuando pensamos en el orden económico de un país es natural que demos por sentado que debe haber un ente que planifica, organiza y ejecuta. Pero es difícil creer que la economía de un país puede ser eficiente si no es dirigida. No se repara en que estamos vivos gracias, precisamente, a un orden espontáneo que no es dirigido por autoridad alguna sino por todos los consumidores, un orden que nos provee alimentación y que está coordinado por mecanismos que no han sido inventados sino descubiertos, como es el sistema de precios. Ese orden se llama mercado.

Ninguna autoridad planifica dónde sembrar lo que a diario comemos, ni asigna los recursos humanos o de capital para producir, ni dispone cuánto de cada producto, ni cómo transportar y distribuir en tiendas y supermercados cerca de las viviendas y, mucho menos, los precios de cada producto. El mismo sistema provee los incentivos adecuados que estimulan a las personas para que, por interés propio, compitan en complacer y beneficiar a los demás consumidores. Sería absurdo negar el orden de toda esa actividad y, ante esa realidad, más absurdo es negar la factibilidad y existencia misma de un orden que es espontáneo. Otros órdenes espontáneos son el idioma que no lo inventó ninguna Real Academia y cuyo diccionario es un libro de historia que nos ilustra sobre lo que entendían las personas con cada palabra cuando fue compilado. Otro ejemplo es el dinero que, inclusive, preexiste por milenios a los bancos centrales.

Quien quiera comprender el mundo tiene, primero, que comprender cómo funciona el orden espontáneo del mercado. Si no lo entiende, podrá opinar, pero no sabrá qué está aprobando o descartando, y seguirá creyendo que es el gobierno (poderes legislativo y ejecutivo) con sus técnicos, su banca central y Secretaría de Planificación etc. quienes dirigen la economía formal. En general, los gobiernos no inducen, sino reaccionan ante los eventos económicos, a los cuales distorsionan con impuestos, reglamentos y privilegios de fomento, etc.

Siguen pobres los países cuyos políticos continúan intentando encausar sus economías. Eso es lo que enseñaban en las universidades más prestigiosas durante el siglo pasado. Las burocracias internacionales siguen siendo producto de aquellas escuelas que enseñaban que la economía dirigida era lo racional y ola del futuro, hasta cuando cayó el Imperio Soviético y exhibió la miseria de sus pueblos. Otros sueñan que la solución es diseñar una economía de mercado, sin reparar en que por definición no se puede diseñar un orden espontáneo, cuyas leyes se descubren y no se inventan. A muchos sorprende que la economía de mercado es lo que ocurre espontáneamente cuando se protegen y respetan los derechos individuales (la vida, la propiedad y los contratos).

Aunque muchos no lo saben y otros no lo quieren saber, es de primordial interés social que prive el derecho individual sobre los intereses de cualquier grupo, sector o persona, porque sólo así es posible eliminar la pobreza y vivir en paz.

03/05/2014

LAS 10 ESTRATEGIAS DE MANIPULACIÓN MEDIÁTICA

Las 10 Estrategias de Manipulación Mediática
En este artículo: Estados Unidos, Noam Chomsky, Terrorismo Mediático
15 septiembre 2010
Artículo redactado por Sylvain Timsit, recogido en Pressenza: ”10 Estrategias de Manipulación” de los medios:

1. La estrategia de la distracción El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones. Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3. La estrategia de la gradualidad. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. La estrategia de diferir. Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

9. Reforzar la autoculpabilidad. Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen. En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos

Dirección

Mexicali
24370

Teléfono

6868380834

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Expresión de libre pensamiento. publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir

Categoría