01/08/2026
Cuando las instituciones encargadas de velar por la libre expresión comienzan a dictar qué palabras se pueden pronunciar y cuáles deben borrarse del vocabulario público, la democracia entra en terreno peligroso.
La reciente decisión del Instituto Nacional Electoral (INE) de prohibir el término “narcopartido” para referirse a Morena sienta un precedente alarmante. Más allá de colores o simpatías políticas, el problema de fondo no es el adjetivo, sino el mecanismo: el Estado asumiendo el rol de árbitro de la crítica ciudadana y del debate político.
Hoy censuran la etiqueta que le incomoda al poder. Mañana regularán la forma en que expresas tu desacuerdo.
La censura nunca se detiene en el adversario; cuando se le otorga a una autoridad la facultad de silenciar el discurso ajeno, solo se está esperando turno en la fila. Si permitimos que el lenguaje de la protesta sea moldeado por decreto, no se protege a la política: se despoja al ciudadano de su derecho a disentir.