Nosotrxs

Nosotrxs Nosotrxs es el lugar en donde todxs resolvemos lo que unx no puede.

Nos concentramos en la igualdad derivada de los derechos sociales, el combate a la corrupción y el uso transparente de los recursos públicos.

En Nosotrxs nos indigna que, incluso frente a la muerte, persistan formas de desigualdad que colocan a las trabajadoras ...
04/09/2026

En Nosotrxs nos indigna que, incluso frente a la muerte, persistan formas de desigualdad que colocan a las trabajadoras del hogar en un lugar secundario.

El ciclo de la guerraMauricio MerinoLos Estados Unidos están cometiendo el mismo error que llevó a Felipe Calderón al fr...
03/09/2026

El ciclo de la guerra
Mauricio Merino

Los Estados Unidos están cometiendo el mismo error que llevó a Felipe Calderón al fracaso: enfrentar a los cárteles criminales como si fueran pandillas de forajidos a quienes hay que arrestar o abatir y nada más. Habituados a identificar enemigos para emprender guerras (como lo han hecho durante el 91% de su historia, con menos de 20 años en paz), han designado a esos cárteles como organizaciones terroristas para hacer lo que mejor saben hacer: usar la fuerza.

Si decidieran hacerlo –como lo ha venido advirtiendo el presidente Trump reiteradamente– la violencia aumentaría más. No hay ningún estudio serio que no advierta el riesgo inminente de esa espiral derivada del fuego cruzado que, además, ha sucedido ya varias veces: el “culiacanazo”, el 22 de febrero en Jalisco, hace unos días en Michoacán, etcétera. El polo opuesto tampoco funciona –abrazos y no balazos– pues esa decisión acabó cediendo la iniciativa y el control territorial a los criminales. Las soluciones no están en ninguno de esos extremos anclados, ambos, en la obsesión por las armas: ni el ojo por ojo, diente por diente, ni el dejar hacer y dejar pasar, porque el problema es más grave.

La presencia del crimen organizado no está solamente en la violencia que se va registrando en las estadísticas que las autoridades insensibles celebran. Las organizaciones criminales se han insertado cada vez más en la vida de las comunidades rurales y urbanas. No viven aparte, ni llegan montados para asaltar pueblos y huir hacia sus guaridas, sino que forman parte de la sociedad y de sus actividades cotidianas: viven en los barrios de toda índole según la jerarquía que ocupan en su organización, inscriben a sus hijos en las escuelas comunes y corrientes –públicas y privadas–, se sientan a comer en los restoranes como cualquier hijo de vecino, se entrelazan con el resto de la gente en las tiendas, los cines, los supermercados, las plazas públicas.

Algunas fuentes informan que esas organizaciones se han convertido en el quinto empleador privado más relevante de México y muchas otras confirman que el lavado de dinero atraviesa por decenas (¿cientos, miles?) de empresas que viven de sus ingresos o que prosperan gracias a sus inversiones. No todas son criminales, sino negocios limpios y prósperos que nacieron de dinero ilícito: restoranes, tiendas de autoservicio, plazas comerciales o tienditas de barrio que van brotando por todos lados, como los edificios y los fraccionamientos que mantienen a la industria inmobiliaria en los primeros lugares de crecimiento económico, año con año.

Los grupos criminales compran o se imponen a las voluntades de un número indeterminado de servidores públicos que les entregan contratos de obras y servicios públicos, los protegen cuando es necesario o, de plano, siguen sus instrucciones en gobiernos municipales y estatales (también en el federal, como hemos visto en fechas recientes), o utilizan a las policías para cuidarse recíprocamente. No conozco a nadie que no haya sido testigo de la presencia de esos criminales organizados, que no haya escuchado de ellos, que no sepa de vecinos, colegas, alumnos de escuelas o, incluso, parientes que estén vinculados con ellos, porque ya forman parte de eso que llamamos “el tejido social”.

Eso no se acabará tirando bombas, ni extrayendo con metralletas a algunos de sus liderazgos, ni exhibiendo capos para la prensa de vez en cuando. Se irá acabando cuando nos propongamos reconstruir el Estado de derecho que los gobiernos sucesivos han convertido en estado de desecho en aras de un poder político que no puede ni eso: ni hacer política, porque, en vez de convocar a la construcción de paz, destilan odio. Y eso mismo está haciendo la Casa Blanca: escalar el conflicto con todo, en busca de guerra.

Investigador de la Universidad de Guadalajara

La catástrofe consumadaJorge Javier Romero Vadillo"Una minoría con acceso a buenas escuelas podrá incorporarse a los cir...
01/09/2026

La catástrofe consumada
Jorge Javier Romero Vadillo

"Una minoría con acceso a buenas escuelas podrá incorporarse a los circuitos productivos, mientras millones de jóvenes educados quedarán condenados al desempleo".

Después de varias semanas de recorrer la historia del sistema educativo mexicano, desde la construcción del enorme aparato estatal de la posrevolución hasta la chabacana doctrina de la Nueva Escuela Mexicana, el balance no deja espacio para el optimismo: uno de los mayores fracasos históricos del régimen del PRI fue precisamente la educación, aquel territorio donde la propaganda revolucionaria presumió durante décadas algunos de sus logros más queridos, con escuelas levantadas hasta en los rincones más apartados, millones de niños incorporados a las aulas, libros gratuitos distribuidos por todo el país, maestros convertidos en presencia cotidiana del Estado y una burocracia capaz de administrar uno de los sistemas escolares más grandes del mundo, mientras debajo de esa formidable expansión se consolidaba una estructura de incentivos que premiaba la disciplina política, la operación electoral, la intermediación sindical y la reproducción del aparato mucho más que la formación rigurosa de los alumnos.

La cobertura creció de manera espectacular y aquello significó una transformación social verdadera, pues millones de mexicanos entraron por primera vez a una escuela y el analfabetismo retrocedió, pero el régimen confundió durante demasiado tiempo la expansión del sistema con su éxito educativo, como si sentar a un niño frente a un pizarrón bastara para enseñarle a leer con soltura, razonar matemáticamente, comprender el mundo natural o expresarse con precisión. A finales de los años ochenta, el diagnóstico coordinado por Gilberto Guevara Niebla para el equipo de transición de Carlos Salinas encontró detrás de la grandilocuencia una catástrofe silenciosa: el país había construido un gigantesco aparato de escolarización cuyos resultados de aprendizaje eran deplorables, mientras la carrera de los maestros respondía a reglas donde la capacidad profesional competía en franca desventaja contra la antigüedad, el compadrazgo burocrático y los méritos sindicales. Aquella catástrofe siguió creciendo porque el arreglo corporativo, establecido desde los años cuarenta como instrumento de gobernabilidad, había adquirido vida propia, había generado dependencia de la trayectoria institucional y capacidad para engullir cada intento de reforma.

La alternancia de 2000 ofreció una oportunidad para desmontar parte de aquel entuerto, pero Vicente Fox prefirió la comodidad de gestionarlo. Elba Esther Gordillo comprendió bastante antes que los bisoños demócratas del PAN que la derrota presidencial del PRI había multiplicado el valor de sus recursos: un sindicato nacional, cientos de miles de afiliados, operadores en cada municipio y una maquinaria acostumbrada a convertir plazas, ascensos y favores en disciplina política. Fox aceptó la supervivencia del gobierno sindical del sistema a cambio de apoyo; Calderón llevó el pacto todavía más lejos después de la apretadísima Elección de 2006 y pagó el apoyo de la dirigente con una tajada formidable de la administración educativa, incluso con su yerno instalado en la Subsecretaría de Educación Básica. Los antiguos críticos panistas del corporativismo descubrieron desde Los Pinos las virtudes balsámicas de la paz gremial y decidieron evitar cualquier choque capaz de complicar la gobernabilidad.

La reforma de 2013 abrió la mayor oportunidad de cambio institucional desde la consolidación del arreglo corporativo. El Pacto por México permitió construir una mayoría amplia para modificar las reglas de ingreso, promoción y permanencia, crear el Servicio Profesional Docente y fortalecer constitucionalmente al INEE; por primera vez, la plaza comenzó a dejar de funcionar como moneda de lealtad y apareció la posibilidad de que los maestros desarrollaran una carrera apoyada en criterios públicos, mérito profesional y evaluación. Aquella oportunidad acabó malograda por una mezcla bastante mexicana de soberbia burocrática y tacañería: la legislación secundaria cargó el peso sobre las consecuencias negativas de la evaluación, dejó raquítica la promoción horizontal, mantuvo recovecos para la discrecionalidad y fue incapaz de ofrecer a los buenos profesores una carrera atractiva, bien remunerada y con reconocimiento profesional.
El gobierno de Peña Nieto terminó de hundir su propia reforma con una torpeza política proverbial. La corrupción devoró la legitimidad presidencial, Ayotzinapa quebró el impulso reformista, la SEP perdió la batalla de la explicación pública y la coalición que había acompañado el cambio se deshizo mientras la CNTE ocupaba calles y carreteras y el SNTE oficial recuperaba capacidad de negociación bajo la amenaza de que la rebeldía se extendiera. Una reforma destinada a liberar al maestro de la tutela del cacique sindical acabó presentada ante buena parte del magisterio como una amenaza laboral; semejante prodigio de incompetencia le entregó a López Obrador el agravio político que necesitaba para formar una alianza con las dos vertientes del sindicalismo y convertir la demolición del cambio en promesa electoral.

La restauración encabezada por López Obrador ha sido el peor revés educativo de México en un siglo, porque destruyó los instrumentos incipientes de profesionalización, eliminó la autonomía del organismo encargado de evaluar al sistema, devolvió valor a la intermediación corporativa y coronó el retroceso con una doctrina educativa cargada de comunitarismo, hostilidad al mérito, desprecio por la evaluación y una vulgata de pedagogía emancipadora que encontró en Marx Arriaga a su comisario más locuaz. La reconstrucción del pacto con SNTE y CNTE respondió a una lógica política perfectamente reconocible: comprar gobernabilidad mediante la devolución de poder a quienes podían vender paz, mientras las consecuencias educativas quedaban remitidas a la posteridad. El propio nuevo arreglo recuperó espacios de intervención gremial y redujo la autonomía profesional que habían buscado construir los cambios anteriores.

Ahí está la dimensión verdaderamente siniestra del desastre. La educación produce resultados con una lentitud desesperante y los errores también tardan años en mostrar todo su efecto; generaciones formadas con déficits graves de lectura, matemáticas, ciencias, pensamiento abstracto y capacidad de aprendizaje llegan al mercado laboral cuando el daño ya resulta extraordinariamente caro de corregir. México se enfrenta, además, a la revolución tecnológica mundial que amenaza con volver superfluas muchas de las tareas rutinarias sobre las cuales descansó durante décadas su ventaja de salarios bajos y cercanía con Estados Unidos; un país incapaz de elevar con rapidez las capacidades de su población está ineluctablemente destinado a perder incluso los nichos productivos que hoy sostienen su lugar entre las principales economías del mundo.

La desigualdad puede adquirir entonces una forma todavía más brutal: una minoría con acceso a buenas escuelas, idiomas, matemáticas, ciencia y tecnología podrá incorporarse a los circuitos productivos de alto valor, mientras millones de jóvenes educados por un sistema empobrecido quedarán condenados al desempleo, la informalidad o la franca irrelevancia económica. A millones de mexicanos laboralmente superfluos no les espera otra cosa que más pobreza, más frustración, más emigración y más violencia, en un país que ya carga un enorme fardo lleno de todo ello. El régimen del PRI construyó un sistema educativo gigantesco y lo dejó carcomido por el corporativismo; la democracia apenas alcanzó a abrir una vía de reforma y la desperdició entre cobardías, errores y corrupción; la restauración reaccionaria decidió después dinamitar lo poco que empezaba a cambiar. La factura de semejante cadena de despropósitos la pagarán durante décadas quienes hoy todavía están, si acaso, aprendiendo a reconocer las letras, que no a leer.

Tras la consulta ¿qué sigue para las audiencias?Lourdes Morales CanalesLa protección de las audiencias debe partir de un...
29/08/2026

Tras la consulta ¿qué sigue para las audiencias?
Lourdes Morales Canales

La protección de las audiencias debe partir de un principio básico: el Estado debe garantizar los derechos, sin convertirse en árbitro del debate público

A finales de julio de este año, el Ministro del Interior de Francia, Laurent Núñez, ordenó la expulsión del país y el congelamiento de cuentas de Xenia Fedorova, periodista, comentarista en varios programas de TV y exdirectora de Rusia Today (RT).

La decisión se tomó tras las quejas recibidas por la Autoridad de Regulación de la Comunicación Audiovisual y Digital (ARCOM por sus siglas en francés), órgano regulador del país galo a cargo de velar por el derecho de las audiencias. En sus análisis, el órgano colegiado —que cuenta con autonomía administrativa y que lucha contra la desinformación— encontró que era necesario salvaguardar el pluralismo y el rigor informativo establecido por la ley.

Por su parte, el Gobierno determinó que, en el caso Fedorova, las narrativas manipuladas con fines de propaganda e injerencia extranjera significan un riesgo para el debate democrático. La noticia avivó un viejo debate sobre el alcance de las reglas que marcan la relación entre los medios de comunicación y el Estado. Mientras algunas voces identificadas con el conglomerado mediático del millonario Vincent Bolloré —conocido como el “Murdoch francés”— denunciaron censura y violación a la libertad de expresión, el Gobierno subrayó la importancia de proteger el orden público. Desde marzo de 2022, la Unión Europea bloqueó las emisiones y contenidos en internet de las agencias rusas Sputnik y RT. Este año, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó que la prohibición se extendería a cualquier sitio web o plataforma que reproduzca desinformación y propaganda del Kremlin.

Los cuatro modelos de los medios informativos

En el mundo existen al menos cuatro modelos que reglamentan la relación medios de comunicación, plataformas digitales y gobiernos: el de la auto-regulación y libre mercado, como en Estados Unidos, Canadá o Australia; el de responsabilidad y control estatal, como Francia, Gran Bretaña y Alemania, que cuentan con autoridades reguladoras profesionalizadas; la co-regulación y defensorías, que es el modelo más promovido en la Unión Europea a partir de estándares comunes; y el de servicio público y control estatal total, como China, Cuba, Rusia o Irán.

Mientras en el modelo de auto-regulación la intervención del Estado es mínima puesto que se cuenta con códigos de ética, consejos periodísticos y defensores de audiencias independientes guiados por un estándar a favor de la libertad de expresión, en el modelo de control estatal total, la iniciativa privada tiene escasa voz y el régimen busca el control total de la información. Bajo este último, los periodistas son sancionados y los defensores de audiencias protegen al Gobierno antes que al ciudadano. Entre estos dos modelos opuestos, existen estándares democráticos que favorecen la libertad de expresión pero que promueven los derechos de las audiencias sin imponer reglas unilateralmente.

A propósito de estos temas, en días pasados concluyó en México el proceso de consulta sobre la propuesta de los “Lineamientos generales para la protección de los derechos de las audiencias”. Con una participación de 8,889 opiniones por parte de ciudadanos, organizaciones sociales y colectivos, la mayoría de las inquietudes subrayan los efectos nocivos de una intervención excesiva de las instancias gubernamentales sobre los contenidos editoriales de medios y plataformas.

En México Evalúa consideramos que la protección de las audiencias debe partir de un principio básico: el Estado debe garantizar los derechos, sin convertirse en árbitro del debate público. Las observaciones y recomendaciones apuntan hacia esa dirección: medidas que, en vez de castigar o suspender emisiones, produzcan las herramientas y las políticas públicas para contar con una audiencia bien informada, plural y crítica frente a medios de comunicación y plataformas responsables y veraces. Que sirva de algo la consulta.

Tiempos aciagosMauricio MerinoDesde muy joven, López Obrador eligió el método de “doblar la apuesta” cada vez que alguie...
25/08/2026

Tiempos aciagos
Mauricio Merino

Desde muy joven, López Obrador eligió el método de “doblar la apuesta” cada vez que alguien lo desafió. El machismo explícito de ese recurso se cobijó siempre en argumentos morales: la “honestidad valiente” para derrotar corruptos, mafiosos, clasistas, racistas o cualquier otro calificativo que le resultara útil para difamar a sus adversarios y justificarse a sí mismo. Lo hizo repetidamente en Tabasco, lo hizo para ganar la CDMX, lo hizo en el desafuero, lo hizo en 2006, lo hizo al crear Morena, lo hizo en 2018, lo hizo muchas veces como presidente de la República y lo está haciendo otra vez.
La diferencia es que hoy los acusados de corrupción y de pertenecer a una mafia (literalmente hablando) son él y su entorno familiar y político. Y esta vez, el desafío no viene de un grupo, de un partido o de una persona, sino del gobierno de los Estados Unidos. Sin embargo, López Obrador ha vuelto a “doblar la apuesta”: la carta de su hijo y el cinismo de Rocha Moya en su ir y venir de Sinaloa son muy elocuentes. Ni uno ni otro habrían actuado así sin su venia. Tampoco puede dudarse de su actitud reiteradamente machista: si de veras quisiera servir a México, ya habría viajado a Washington para asumir la responsabilidad sobre esas acusaciones con verdadero sentido patriótico. En cambio, ha decidido atrincherarse entre los suyos.
Casi todos los análisis sobre este delicadísimo tema concluyen que hay una ruptura entre el gobierno de Claudia Sheinbaum y López Obrador. Conozco gente muy inteligente y muy bien informada que prevé un cisma e incluso una implosión de Morena. Pero sigo pensando que sucederá lo contrario. La gran mayoría de las personas que integran los mandos de ese partido vienen de la clase política que se formó en el PRI y en el PRD y llevan la disciplina corporativa en la sangre. En privado, pueden tener opiniones contrarias a su liderazgo, pero nunca actuarían al margen del grupo que los protege. Irán juntos, como una manada.

De otra parte, desde el principio de este sexenio leí análisis similares que vaticinaban la ruptura entre Claudia Sheinbaum y su mentor. Pero hasta ahora, ha sucedido exactamente lo opuesto: el “segundo piso” de la 4T no ha sido más que la continuación fiel del gobierno de AMLO, hasta en el tono y la cadencia de los discursos. Si la presidenta optara por abandonar a su líder, tendría que rendirse ante los Estados Unidos y entregar a los acusados; tendría que abrirse al respaldo negociado con los partidos de oposición para darle viabilidad al gobierno; tendría que cambiar abruptamente de narrativa; y, al final, se quedaría sola. Con el debido respeto, el hábito no hace al monje: sin AMLO y su movimiento, la presidenta es muy frágil.

Así que las preguntas relevantes son otras: ¿hasta dónde quiere llevar AMLO esta nueva escalada para proteger a los suyos y a sí mismo? Varias veces ha dicho que volvería a la escena pública si hubiera (entre otras condiciones) una afrenta a la soberanía del país. Y ya quedó claro, por la carta de Andy, que esa afrenta está en curso. Y también ha dicho que, si fuera preciso, está dispuesto a “soltar a los tigres”. ¿Quiénes son esos tigres? ¿Son acaso, como se ha dicho, los cárteles criminales que habrían pactado alianzas con su gobierno? O peor aún, ¿son los militares que alcanzaron la cúspide de sus privilegios y sus poderes durante estos ocho años?
Hace ocho días escribí aquí que nos esperaban tiempos aciagos, pero no pensé que llegarían apenas una semana después. No serán las instituciones formales las que definirán el desenlace de esta crisis de Estado, sino el gobierno de Trump, las decisiones de AMLO, la lealtad de su movimiento, los poderes fácticos criminales y las fuerzas armadas. Se acabaron las reglas. Lo que viviremos será un tour de force.

Investigador de la Universidad de Guadalajara

Jorge Javier Romero VadilloLa catequesis disfrazada de Nueva Escuela"La Nueva Escuela Mexicana expresa una coherencia in...
21/08/2026

Jorge Javier Romero Vadillo
La catequesis disfrazada de Nueva Escuela

"La Nueva Escuela Mexicana expresa una coherencia innegable. Después de restaurar la gobernabilidad corporativa, el régimen necesitaba una doctrina compatible con la desconfianza al mérito".

Después de la restauración corporativa llegó el tiempo de la doctrina. López Obrador había cumplido con las dirigencias magisteriales al desmontar el Servicio Profesional Docente, desaparecer al INEE y devolver a los intermediarios gremiales espacios de poder sobre la carrera docente; faltaba dotar al nuevo arreglo de una pedagogía que lo presentara como emancipación, y para esa tarea apareció la llamada Nueva Escuela Mexicana, nombre suficientemente grandilocuente para una administración convencida de que cambiarle el nombre a las cosas equivale a transformarlas. Carlos Ornelas ha recordado que la denominación tiene bastante menos novedad de la que presume: el membrete venía de antes y el contenido se ensambló conforme la pretendida transformación, con sus afanes de refundación, buscaba una filosofía compatible con su cruzada contra todo aquello que oliera a “neoliberalismo”.
Gilberto Guevara Niebla ha descrito con precisión, en La regresión educativa, el carácter reaccionario de esa empresa, cuyo punto de partida convierte la educación anterior en anomalía ideológica y la nueva etapa en ruptura moral. Ahí aparece un vicio intelectual persistente de López Obrador y su hueste: la sustitución del diagnóstico por la excomunión. Competencia, evaluación, mérito, especialización disciplinaria y comparación internacional quedaron contaminados por asociación con el mercado; comunidad, colaboración, saberes locales, pensamiento crítico e inclusión adquirieron la condición de vocabulario emancipador. La pedagogía se volvió una liturgia de palabras buenas y malas, con la manida rutina de clasificar cualquier objeción dentro del campo reaccionario.
El exceso comunitarista constituye el corazón del problema. La escuela pública debe abrir para cada niño un horizonte más amplio que el de su familia, su barrio o su pueblo, porque el conocimiento acumulado permite romper fronteras sociales heredadas.

La Nueva Escuela Mexicana coloca a la comunidad como eje del aprendizaje, del codiseño curricular y de los proyectos escolares, sin siquiera considerar el riesgo de convertir el contexto en destino: para un niño rodeado de libros, idiomas y recursos digitales, semejante pedagogía puede resultar un complemento pintoresco; para otro nacido en una localidad pobre, la exaltación del saber situado puede convertirse en condena bien pensante a permanecer dentro de los límites cognitivos que la escuela debía ayudarle a superar.
Algo semejante ocurre con el mérito. Guevara Niebla ha hablado, con una mala leche que celebro, de una “moral de rebaño” instalada en el nuevo discurso educativo. El mérito individual aparece bajo sospecha porque la competencia produce desigualdad y el reconocimiento diferenciado irrita la sensibilidad igualitarista de los nuevos pedagogos (es un decir); el efecto práctico consiste en borrar información sobre quién aprende, quién enseña bien y dónde están los rezagos. Quienes poseen recursos familiares pagan educación privada de mejor calidad o compran por fuera lo que la escuela deja de ofrecer; quienes dependen enteramente de la educación pública reciben la versión comunitaria de la emancipación, con mucha identidad, bastante asamblea y escasas herramientas para desenvolverse en un mundo que conserva la desagradable costumbre de exigir conocimientos. La nueva escuela acaba siendo una trampa que reproduce la desigualdad.

La organización curricular de 2022 lleva esa pulsión hasta las disciplinas. Las asignaturas se agruparon en cuatro campos formativos atravesados por siete ejes articuladores y el trabajo por proyectos adquirió una centralidad que supone docentes capaces de integrar saberes y reconstruir secuencias conceptuales con enorme autonomía profesional, precisamente la posibilidad que canceló la contrarreforma de 2017. La interdisciplinariedad puede ser fecunda cuando existen disciplinas que relacionar; en un sistema con déficits históricos de formación docente, el salto directo hacia la integración puede producir un mazacote curricular donde matemáticas, ciencias y lengua pierden continuidad y jerarquía. Los estudios recientes sobre la enseñanza matemática han señalado dificultades de progresión y profundidad dentro de “Saberes y pensamiento científico”. La innovación exigía pilotaje, formación intensiva, evaluación y correcciones; la SEP prefirió la épica del hecho consumado y la grandilocuencia ideológica
Los libros de texto condensaron la operación. En un artículo previo de esta serie, que titulé "un priista en cada hijo te dio", recordé que Torres Bodet y Martín Luis Guzmán también utilizaron los libros gratuitos para formar capital político, construir un mapa mental compartido y transmitir una visión providencial del Estado revolucionario. Aquellos materiales cargaban propaganda, nacionalismo simplificador y una narrativa histórica funcional al régimen, pero fueron elaborados con una ambición intelectual, estética y editorial que hoy produce nostalgia y grima: participaron escritores, científicos, pedagogos y artistas de primer orden; había secuencia, claridad, ilustraciones memorables y una sutileza propagandística que permitió aprender contenidos razonables mientras se absorbía el catecismo nacionalista. La coincidencia de propósito político vuelve más patético el contraste. Los viejos priistas querían fabricar adhesión y todavía creían que para conseguirla convenía enseñar bien.
Los nuevos libros subordinan la secuencia del conocimiento al modelo de proyectos, dispersan contenidos y descargan sobre los maestros la tarea de recomponer aquello que el propio material fragmenta. La autonomía docente adquiere una forma peculiar: menos estructura pedagógica, mayores responsabilidades de codiseño y un diccionario ideológico donde comunidad, descolonización, interculturalidad crítica, emancipación y transformación funcionan como contraseñas de respetabilidad. Los gazapos sirven para el escarnio; el defecto serio reside en una arquitectura que exige profesores extraordinariamente bien formados dentro de un sistema que lleva décadas tratándolos con tacañería formativa y salarial. La propaganda de Torres Bodet y Guzmán llegaba envuelta en buenos libros; la de ahora llega con la sutileza de panfleto de comité de base.
En medio de este empeño apareció Marx Arriaga, personaje cuyo nombre parece inventado por un novelista satírico demasiado obvio, convertido en comisario locuaz de los libros y propagandista de una mezcla de Freire de manual, epistemologías del Sur y antineoliberalismo de cafetería universitaria. Sus invectivas contra los rubios de ojos azules y otros enemigos imaginarios de la soberanía pedagógica merecen unas líneas de escarnio y poco más: el problema excede con mucho al funcionario. Paulo Freire, convertido medio siglo después en circular administrativa de la SEP, difícilmente habría imaginado semejante destino para la pedagogía del oprimido.

La Nueva Escuela Mexicana expresa, al final, una coherencia política innegable. Después de restaurar la gobernabilidad corporativa, el régimen necesitaba una doctrina compatible con la desconfianza hacia el mérito, la evaluación independiente y el conocimiento universal susceptible de comparación; encontró esa doctrina en un comunitarismo sentimental, una pedagogía crítica fosilizada y un nacionalismo educativo revestido de lenguaje emancipador. El viejo PRI quiso formar capital político y produjo durante un tiempo algo de capital humano. Los evangelistas de la nueva ortodoxia parecen satisfechos con la primera mitad de la fórmula.

¿Qué sigue?Mauricio MerinoA lo largo de la historia mexicana, el Estado ha sido secuestrado por aparatos políticos que h...
18/08/2026

¿Qué sigue?
Mauricio Merino

A lo largo de la historia mexicana, el Estado ha sido secuestrado por aparatos políticos que han pasado por encima de las leyes o que, de plano, las modificaron en función de sus propios intereses. Durante la primera parte del Siglo XIX fue la Iglesia Católica la que encarnó ese aparato; después, la aurora liberal duró apenas una década, antes de que otro aparato se adueñara de las decisiones ignorando la Constitución de 1857; y tras los movimientos que confluyeron en la revolución mexicana, hubo otro aparato de dominación que gobernó durante el resto de ese siglo.

Muchos creímos que en el Siglo XXI seríamos capaces de dejar atrás esa historia autoritaria para establecer, por fin, un Estado de derecho estable y democrático. Pero el sueño duró poco: como si hubiésemos vuelto al XIX, un nuevo caudillo popular utilizó con destreza la apertura democrática lograda para construir un nuevo aparato de poder. Su eficacia para destruir lo que se había logrado ha sido indiscutible: hoy no queda en pie ninguna de las reformas que se ganaron palmo a palmo para ir dignificando al Estado mexicano.

Los puestos y los presupuestos se reparten como botín de guerra y como premio a la obediencia; el sistema electoral está convertido en una instancia de legitimación del aparato en el poder; el sistema judicial fue capturado para seguir la línea impuesta por el caudillo; los órganos creados antes para contener los excesos de la autoridad presidencial han sido extinguidos; los recursos diseñados para hacer valer la ley y defenderse de las vulneraciones del poder político han sido anulados; el federalismo está totalmente controlado; los medios de comunicación que se resisten a la sumisión, están amenazados; y el pensamiento libre apenas sobrevive bajo la tutela del control político que pesa sobre las universidades públicas y los centros de investigación. Ya nadie pone en duda la existencia de ese nuevo aparato de poder. Hay quienes lo defienden y lo justifican, pero ya nadie lo niega.

La historia nos enseña que, mientras fueron capaces de lidiar con los problemas más graves del país, esos aparatos fueron más o menos incluyentes: iban sumando acólitos y consolidando su dominación. Pero cuando esos problemas los rebasaron, se volvieron intransigentes y violentos. Ni la guerra de reforma, ni la intervención francesa, ni la fase armada de la revolución, ni la guerra sucia de los setenta o la crisis del 94 podrían explicarse de otro modo: los aparatos que dominaban el país en cada uno de esos episodios optaron por sobreponerse a su propia decadencia, mediante la represión, el discurso de odio y la violencia.

Hay quienes afirman que eso ya está sucediendo con el nuevo aparato de poder que nos gobierna: que la inseguridad y la impunidad de los criminales; la pobreza que está volviendo por el costo de la inflación y el crecimiento casi nulo; los escándalos de corrupción que se han vuelto cotidianos; y la presión del gobierno de Estados Unidos, están poniendo a los dueños del poder contra las cuerdas. Y alegan que, por esa razón, están cada vez más agresivos, más amenazantes y desesperados. Quizás tengan razón.

Sin embargo, dudo que este nuevo ciclo de agresiones esté cerca de su fin. Por el contrario –y muy a mi pesar– creo que las reacciones que hemos visto en estos días son apenas el principio de una escalada política, mediática, judicial y fiscal que unirá como cemento a los miembros de este cuarto aparato de dominación de la historia mexicana. Así sucedió con los conservadores del XIX que promovieron el Segundo Imperio, con el final del Porfiriato y con la última etapa del PRI-gobierno. La prepotencia de los aparatos de poder aumenta tanto como su impotencia para lidiar con los problemas del país. Nos esperan tiempos muy aciagos.

Investigador de la Universidad de Guadalajara

Dirección

Salvador Alvarado 72 Of 229
Mexico City
11800

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Nosotrxs publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto La Organización

Enviar un mensaje a Nosotrxs:

Atajos

Compartir