31/07/2026
Uno de mis momentos favoritos de este Mundial fue, curiosamente, el único donde interactué con un jugador. Como fotógrafo a nivel de cancha, aprendes a ser un fantasma, a documentar sin interferir. Pero antes de la semifinal entre España y Francia en Dallas, la historia fue otra.
Los fotógrafos íbamos de regreso a nuestros lugares y, en la línea de banda, estaba Tchouaméni echándose agua. Lo más fortuito de todo fue que absolutamente nadie le estaba prestando atención. Vi el espacio vacío, me hinqué para tomarle unas fotos e intenté grabar con mis lentes (no sé si se guardó el video, ojalá que sí para poder mostrárselos).
De repente me vio de reojo. Aunque en estas fotos su expresión pueda parecer de molestia, pasó exactamente lo contrario. No alcancé a capturar el instante de su sonrisa, y cuando me guiñó el ojo.
En ese momento él rompió la cuarta pared hacia mí e incluso se siguió echando agua, casi como posando.
Todo fue rapidísimo. Lo único que pude pensar al momento fue regresarle la sonrisa y decirle: “Buena suerte, hermano”.
Me respondió: “Gracias”, y me alzó el pulgar.
Me fui a sentar a mi lugar como niño chiquito con la piel chinita. Son esas interacciones de segundos las que te hacen sentir, de una forma muy cabrona, que eres parte de algo tan inmenso como una semifinal de Copa del Mundo. Al final me hubiera encantado que el resultado del partido fuera otro para él, pero estas fotos y esta anécdota me las quedo para siempre.
📸 Germán Velasco | Fotógrafo
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