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Con los amigos en la cabalgata en Tendeparacua.
24/01/2026

Con los amigos en la cabalgata en Tendeparacua.

18/08/2025

Hola a todos, les comparto una pequeña historia, para que no se me duerman.
MAMÁ MIQUELITA
Para entrar en detalles con este interesante tema, tenemos que hacer algunas regresiones a los tiempos de los arrieros, para los lectores que no tengan idea de esta temática, no hay que estresarse, ya que en el transcurso de la narrativa irán apareciendo detalles que los ilustrarán sobre estos personajes que, aparte de transportar alimentos y toda clase de productos necesarios en el hogar, generaban empleos estacionarios a otras personas, pero no sólo empleos, también una serie de conflictos, así es de que lo mejor es respirar tranquilos y disfrutar de ciertos conocimientos olvidados por las nuevas generaciones.
Seguramente los que han tenido a bien seguir mis narrativas, se han dado cuenta que por lo general las enfoco a nuestro querido terruño. Así que ponte cómodo y disfruta este platillo lleno de controversias.
El ser humano ha buscado la manera de abrirse paso en la vida de alguna manera, para ello ha utilizado el comercio como su principal salida, les comento esto porque nuestra historia nos traslada, como ya lo mencioné en el párrafo anterior, a los arrieros. ¿Quiénes eran estos? Personas que hacían jornadas muy largas, para llevar todo tipo de necesidades en los hogares mexicanos. Su mercancía era transportada en animales de carga, entre los que destacaban recuas de burros y mulas, primero Dios, tendremos la oportunidad de escribir exclusivamente de ellos en otro artículo.
El transporte de carga en bestias fue importante negocio hasta fines del siglo pasado, tanto para los que trasladaban los productos como para el pueblo en general, ya que era la única manera de acarrear todo lo que la tierra producía. Fueron muchas las industrias que a la sombra de esta actividad se beneficiarían, entre ellas: la talabartería, utensilios de cuero que eran muy usados en esos tiempos, la fustería, muchos productos de madera eran transportados en las recuas, sobre todo para las familias adineradas, así como todo lo relacionado con la jarcia, la herrería, fondas y mesones. Los mesones en esa época eran lo que hoy es un hotel, ahí se atendía a las personas como a los animales; por cierto, en Tende hubo muchos de ellos, algunos mencionados ya en artículos anteriores y que en la posteridad los mencionaré los faltantes.
Podíamos mencionar que, en esta época, el tiempo no era un factor a considerar, mucho menos las distancias; ya que en esos tiempos no se vivía el ritmo apresurado como se vive en la actualidad con el reloj en mano, sino de las circunstancias que se les iban presentando. Como lo dice Servando Otoll en su libro: “para el viajante todo debía ser parsimonia, tranquilidad, mucha paciencia al desplazarse por los serpenteantes caminos que partían llanuras, bordeaban ríos, se hundían en las barrancas, trepaban a saltos las empinadas laderas y llegaban al final de la jornada a pequeñas poblaciones, donde en la mayoría de las viviendas se desprendía el humo de los techos de paja y uno que otro de teja, anunciando la preparación de alimentos, para el arriero no había otra mira más que tumbarse a descansar, en algún espacio disponible, para continuar muy de madrugada al cobijo del polvo, viento, lluvia y sobre todo, bajo el ardiente sol.
Como les venía contando, estos personajes llevaban y traían enseres a los pueblos, principalmente de los que se carecía. Pertenecían a la clase humilde, su principal capital eran sus animales; cuentan los conocedores, que transitaban por caminos inhóspitos, en algunos lugares el espacio era tan reducido que la travesía se hacía en fila, para no sufrir un despeñadero. Todo era de acuerdo a la distancia y la ruta elegida para su destino. Por ejemplo, los arrieros de Tendeparacua, cuando iban hacia el Sur, lo hacían por la ruta Teremendo, cruzando la sierra del Tzirate, para llegar a Quiroga, de ahí a Patzcuaro, algunos de ellos de ahí regresaban, mientras otros proseguían hasta el puerto de Acapulco, principal concentración de los productos provenientes del extranjero, ya que ahí atracaba un barco proveniente de China, llamado por los mexicanos, como “Nao”, primer navío en cruzar por el Atlántico desde el Continente Asiático.
En párrafos anteriores mencioné que esta actividad generaba otros empleos y que acarreaba alguno que otro problemilla, pues uno de estos dos sucedió en Tende, les cuento:
Según datos de mi hermana Ofelia, que a su vez fue contado por los abuelos paternos, por cierto, dedicados a esta actividad de arrieros, le contaron lo siguiente:
_ En el pueblo vivía una dama de nombre Micaela, mejor conocidas las damas con este nombre como “Micailas”, pero los pobladores le decían a nuestra protagonista “Miquelita”, haciendo alusivo al diminutivo cariñoso. Esta dama se dice que llegó con una hermana de por allá de las tierras de Uruapan, como lo hicieron muchos de otros lugares AQUÍ vinieron con la ilusión de hacerse de algunas tierras para sembrar, al final quedó, como siempre sucede, con un oficio diferente a la expectativa. Para desgracia de las damas pasaditas en años, estás, no eran apetecibles para el s**o opuesto, cosa que le sucedió a “Miquelita”. Lo raro del asunto, los años de esta dama no eran tantos, como para hacerle el desprecio, porque fluctuaba entre 25 o 30, está raro, porque es cuando las mujeres están en plena madurez. El caso es que para los “machitos” de esos tiempos esas damitas ya no eran apetecibles.
Como diría el dicho: “A lo que truje, Chencha”.
Los paisanos arrieros vieron en “Miquelita” una opción para que les cuidara sus críos, mientras ellos se ausentaban del terruño. Para Micaela eso le llegó del cielo, ya que, a falta de cariño de mayores, de menos lo encontraría de forma maternal en aquellos pequeños.
Sin darse cuenta que esta actividad le acarrearía muchos conflictos, sobre todo en la manutención de esos infantes.
Cuenta mi hermana:
_ Seguramente se las vio difícil para darles de comer, ya que muchos de los padres nunca regresaron a reclamarlos. Como todo en la vida, siempre hay personas que se apoderan de lo que has ganado con mucho esfuerzo, así les pasaba a muchos de los arrieros, eran asaltados por maleantes y en ocasiones les quitaban lo que traían y además hasta la vida, pobres, exhala un suspiro, para continuar contándome.
_ A veces, regresaba nada más la madre de los niños, para dejarle algún dinero y se volvía a ir con el argumento de que tenía que seguir con esa actividad para seguir viviendo. En otras ocasiones, el no regreso era porque la mujer se había ido con otro arriero de mejor ver y con mejor recua
Sin darse cuenta “Miquelita” estaba formando la primera “Guardería” o tal vez la primera “Casa Cuna” en Tendeparacua o quizá en todo el país.
_ Según los comentarios de los abuelos, sigue mi hermana con su narrativa, llegó a reunir entre 12 o más niños y por ende, el problema para alimentarlos se fue acrecentando. Ese enorme detalle nunca la doblegó. Buscaba la manera de alimentar a esas criaturas. En temporada de lluvias se hacía sus buenas siembras, donde todos colaboraban. Los de mayor edad contribuían con el azadón y los más peques juntaban la basura y desquelitaban.
Cuando había una fiesta en el pueblo y era invitada, se los llevaba a todos, sin antes ponerlos guapos, de acuerdo a sus posibilidades y de advertirles que tenían que acomedirse en algunas actividades a donde iban. así lo hacían, porque eran unos infantes muy bien portados y con buenos principios.
Con el paso del tiempo, se dio cuenta de que aquellos niños, se habían convertido en adolescentes y unos más, en jóvenes, por lo que la atracción en ambos s**os fue evidente. Ella fue muy cuidadosa en llevar un registro de identidad de cada uno, sabía quiénes eran parientes y quienes no; así como buena madre de todos, los reúne y les comunica lo creía correcto:
_ Haber hijos, todos ustedes saben que la mayoría de ustedes se quieren como hermanos, de lo cual me siento muy orgullosa de que así sea. La mayoría posee apellidos diferente, eso significa que son de padres diferentes. El que los haya reunido, es para decirles que, si entre ustedes crece el interés de tener una relación de noviazgo, por mí no hay ningún inconveniente, pero eso sí, todo tiene que ser como lo manda Dios, ¿está claro? La mayoría asintieron con su cabeza de haber comprendido el mensaje, otros lo hicieron por decir que lo habían entendido, aunque no haya sido así.
Desafortunadamente para su servidor no pude encontrar más datos sobre esta gran señorita “Miquelita” que pueda proporcionar, por ejemplo. Los nombres completos de los niños; si algunos de ellos llegaron a formar pareja sentimental, lo que sí fue un hecho, a todos les dio educación escolar hasta donde le fue posible; también los adoctrinó en la cuestión religiosa, por lo que esto le valió que la gente del pueblo le dedicara una frase, que con el tiempo se hizo popular. “Todos somos hijos de mamá Miquelita”.
Salvador Cervantes Robles.

21/03/2025

Hola a todos los amigos de este medio. Les comparto esta historia, aunque lo haré en partes, ya que está muy extensa y no quiero que se me "aburran" jeje. Espero la disfruten.

BARRIOS Y MINI BARRIOS DE TENDEPARACUA
Ya he hablado en muchas ocasiones de los cuatro barrios del pueblo de Tendeparacua, Mich., pero no es por demás volver a insistir, agregando unas variantes, aunque el objetivo primordial es el narrar a las nuevas generaciones pequeños rincones de este pueblo Michoacano. Por supuesto, también para los conocedores que tal vez lo hayan olvidado.
Siempre que se habla de lugares y de personas, es lógico que se omitan lugares y nombres que nos brinda la naturaleza, surgiendo controversias entre los conocedores y el autor, como siempre. Mil disculpas anticipadas, si así llegara a suceder en este trabajo de investigación, hay que comprender que el autor también tiene ese derecho de tropezar durante el recorrido.
Los barrios se delimitan uno de otro, de acuerdo a ciertas calles. Cada uno de ellos tiene su propio “jefe”, comúnmente llamado “jefe de barrio”, éste, sirve como apoyo en asuntos menores al jefe de Tenencia en turno.
Quiero hacer una aclaración. Es muy común en los pueblos o en las rancherías, aunque también sucede en ciudades, que sus habitantes les pongan nombres a ciertos espacios, para cuando platican con otros ubicarse en los sitios referidos.
Tende, como le decimos de cariño los allí nacidos y muchos de los vecinos de otras poblaciones. Cuenta con cuatro barrios y dentro de cada uno existen mini barrios, así decidí ponerle en este escrito, ojalá el vocablo sea bien recibo por el lector y por los críticos.
En las narraciones con estas características, le he dado prioridad al barrio del centro, esto, por ser el que concentra las cosas de carácter social de mayor relevancia. A este barrio se le suele llamar: “Barrio de abajo”, o “Barrio de La Plaza”. Al igual que los otros, se identifica fácilmente por estar precisamente en el centro de la localidad.
Iniciamos este cansado, pero sorprendente viaje:
Barrio del centro: existe en este barrio, un lugar conocido como el “Puente de cemento”, a este sitio se le dio por llamar en cierta época como la “huerta”, debido a que la familia Silva plantó en su ecuaro árboles frutales. Lo del mote, según la información disponible, se debe a la construcción de un puente con materiales de piedra y cemento. Quiero pensar que fue para diferenciarlo de otro que estaba construido, también con piedra, pero para poder cruzar contaba con troncos de madera generalmente de encino, al cual me referiré más adelante.
Precisamente en el sitio de “La Huerta”, inicia el mini barrio “La Polvadera”, para los analíticos del buen escribir, tal vez se sientan ofendidos con el término, mil disculpas para ellos. Quiero ser literal con ciertas palabras con la finalidad de darle más realismo al contenido.
No tenía la certeza del porqué le llamaban así, por lo que me di la tarea de contactar a mi amigo “Chirro”, quién mejor, persona que ha vivió muchos años en ese rinconcito.
Me contó que el nombre vine de los fuertes vientos de los meses de febrero y marzo, debido a que no estaba empedrada esta calle, eso provocaba el que se levantara mucho polvo, de ahí su mote de: “Polvadera”. También me hizo la aclaración de que este mini barrio es desde el puente hasta el templo. Aprovecho para contarles que toda esta calle, desde el “Ojo de Agüita” hasta el otro “Ojo de Agua”, se le conocía como “Calle Real”, en tiempos de los arrieros. En otro artículo publicado anteriormente, se explicó que este camino fue muy importante por el tránsito entre Puruándiro y Pátzcuaro que era en esa época el centro de mayor auge, ya que dicha ciudad se conectaba con el puerto de Acapulco. A este puerto llegaban barcos procedentes de Asia y Europa. Dicho en el libro “Pátzcuaro, cedazo de recuerdos”, de la autora: Teresa Castillo Yturbide.
Ya en camino del recorrido, hago un alto en la casa, que era conocida como “Casa del Maestro” donde vivían los maestros que prestaban sus servicios en la Escuela Federal. Este lugar fue improvisado en mis tiempos de niñez como desayunador. Tengo la imagen de aquel plato de frijoles recién cocidos y del tremendo bolillo que nos ofrecían a los muchos niños hambrientos que de madrugada ya esperamos saborear el chocolatito bien caliente.
Sigo mis pasos y observo una ventana desde donde se leían los nombres de los destinatarios que traían las cartas llegadas a esa oficina de correos. No quiero ser muy detallista en esto porque tengo un proyecto exclusivo para este tema, pero si contarles que, en la calle, muy temprano, se arremolinaba la gente para ver si le había llegado una misiva (carta) de su viejo que andaba en el “Norte”.
Un poco más adelante se abre una puerta para ver en su interior carne de res y percances, despachada por el señor Samuel Arroyo. Y casi en frente otra de las ventanas que también fue Oficina de Correos Mexicanos, atendida por mi madrina Carmen Arias. Unos pasos más, me invade el olor característico de las farmacias y es que estoy enfrente del negocio de un personaje inolvidable como fue tío Ramón Barajas. Farmacia muy bien surtida, digamos que allí encontrábamos de todo, hasta los famosos tragos de “A cuadra” y de “Media cuadra”. Anteriormente esta farmacia estaba en la casa del señor Fabián Cervantes. Se vuelcan los muchos recuerdos de este personaje, que no los contaré aquí porque ya tengo un trabajo donde lo hago ampliamente.
No podía pasar de frente sin entrar a nuestro Recinto Sagrado, en donde allá al fondo imponente observo a nuestra Patrona, La Virgen de la Merced. Salgo y a la vuelta otra puerta abierta y en lo alto de ella ondea una bandera de color rojo que indica la venta de carne. Estoy en la carnicería del señor Félix Arroyo, que con sus afilados instrumentos hace los cortes de carne para sus clientes ahí presentes. En frente de esta carnicería se encuentra la entrada principal al Colegio “Fray Pedro de Gante”, de donde orgullosamente egresé hace algunos ayeres, en este lugar los recuerdos de la infancia se agolpan con la urgencia de salir para que todos los lectores conozcan, sin duda que cada egresado de este formidable colegio tendrá sus propios recuerdos.
Me regreso y entro a la plaza y me encuentro con el edificio que fue La Escuela Federal “Carlos March”. También aquí fluyen los recuerdos de manera exponencial, en salones construidos de adobe y teja, lugar de nuestras primeras letras, donde ciertos maestros dejaron huella, pero una huella marcada con una cicatriz en la cabeza o en la frente, del tremendo golpe con el borrador, lanzado con furia por nuestro mentor en turno, y todo porque al que se lo había lanzado, se agachó en el momento preciso y el proyectil se impactó en la cara del compañero que se encontraba atrás de la fila.
El recuerdo más triste de nuestra escuela, era cuando íbamos a recoger nuestra boleta de calificaciones al fin del ciclo escolar, que por allí en un apartado con letras mayúsculas decía: REPROBADO.

16/02/2025

Buen día amigos, quiero compartirles otra de mis historias, lo haré en partes, ya que está muy extensa y luego por ahí me han dicho que no la leen por lo largas, así es de que se las compartiré en episodios, pero con la condición de que hagan comentarios buenos o malos no importa.
Que disfruten el primero de la tarde.

BARRIOS Y MINI BARRIOS DE TENDEPARACUA
Ya se ha hablado en muchas ocasiones de los cuatro barrios del pueblo de Tendeparacua, Mich., pero no es por demás volver a insistir, agregando unas variantes, aunque el objetivo primordial es el contar a las nuevas generaciones algunos pequeños rincones de este pueblo Michoacano, y por supuesto también para los conocedores, que por algún motivo ya lo olvidaron.
Siempre que se habla de lugares y de personas, es lógico que se omitan cosas, tanto de lugares como de nombres inventados por la población, esto, genera controversias entre los conocedores, que para el autor es penoso. Se dice que los humanos tenemos derecho a equivocarnos. Si aquí pasa eso de los equívocos, mil disculpas anticipadas, como ya se anticipó, el autor también tiene ese derecho de tropezar durante el recorrido tan extenuante.
Los barrios se delimitan de acuerdo a ciertas calles. Cada uno de ellos tiene su propio “jefe”, comúnmente llamado “jefe de barrio”, éste, sirve como apoyo en asuntos menores al jefe de Tenencia en turno.
Quiero hacer una aclaración. Es muy común en los pueblos o en las rancherías, aunque también sucede en ciudades, de que sus habitantes les pongan nombres a ciertos espacios, para cuando platican con otros, ubicarse en los sitios referidos.
Tende, como le decimos de cariño los allí nacidos, así como muchos de los vecinos de otras poblaciones. Cuenta con cuatro barrios, de manera predeterminada y dentro de cada uno existen mini barrios, así decidí ponerle en este escrito, ojalá el vocablo sea bien recibo por el lector y por los críticos.
En las narraciones con estas características, le he dado prioridad al barrio del centro, para hacer este fascinante recorrido, esto, por ser el que concentra las cosas de carácter social de mayor relevancia. A este barrio se le suele llamar: “Barrio de abajo”, o “barrio de la plaza”, otros, tal vez le digan, “barrio del centro”. Al igual que los otros, se identifica fácilmente por estar precisamente en el centro de la localidad.
Aprovecharé la ocasión para narrarles sucesos y una que otra anécdota archivada en mi memoria, tratando que el contenido sea ameno para el lector y a su vez, hacer que sus propios recuerdos fluyan y sean compartidos con los narrados, en ocasiones sucede que esos recuerdos no son del mismo lugar al que yo me refiero, pero eso no es obstáculo para hacer volar nuestra imaginación. Aquí se permite de todo.
Iniciamos este cansado, pero sorprendente viaje:
Barrio del centro: existe en este barrio, un lugar conocido como el “Puente de cemento”, a este sitio se le dio por llamar en cierta época como la “huerta”, debido a que la familia Silva plantó en su ecuaro árboles frutales. Lo del mote al puente, según la información disponible, se debe a la construcción de un puente con materiales de piedra y cemento. Quiero pensar que fue también para diferenciarlo de otro, el cual estaba construído de madera, al que me referiré más adelante.
Precisamente en este sitio de la huerta, inicia el recorrido de este mini barrio.
Después de “La huerta”, caminamos hacia el centro, por la misma calle que fue bautizada como “La polvadera”, para los analíticos del buen escribir, tal vez se sientan ofendidos con el término, mil disculpas para ellos. Quiero ser literal con ciertas palabras con la finalidad de darle más realismo al contenido.
No tenía la certeza del porqué le llamaban así, por lo que me di la tarea de contactar a mi amigo “Chirro”, quién mejor que una persona que ha vivió muchos años en ese rinconcito.
Me contó que el nombre se deriva por los fuertes vientos entre los meses de febrero y marzo, debido a que no estaba empedrada esta calle, eso provocaba el que se levantara mucho polvo, de ahí su mote de: “Polvadera”. También me hizo la aclaración de que este mini barrio es desde el puente hasta el templo. Aprovecho para contarles que toda esta calle, desde el “Ojo de agüita”, en el barrio de “La Charanda”, hasta el otro “Ojo de Agua”, se le conocía como “Calle Real”, en tiempos de los arrieros. Con el paso de los años, lo de Camino real, quedó nada más el camino que va al panteón.
Haciendo un paréntesis en esta calle, sería bueno reconsiderar darle este nombre en memoria de aquellas personas dedicados al comercio del trueque, como lo fueron los “arrieros”. En otro artículo publicado anteriormente, se explicó que este camino fue muy importante por el tránsito entre los pueblos que están al Norte, como Puruándiro y Villamorelos con Pátzcuaro, que era en esa época el centro de mayor auge, ya que dicha ciudad se conectaba con el puerto de Acapulco. A este puerto llegaban barcos procedentes de Asia y Europa. Dicho por Teresa Castillo en el libro “Pátzcuaro, Cedazo de Recuerdos”.
Ya en camino de la “Polvadera”, hago un alto en la “casa para el maestro”, tal como su nombre lo menciona, esta casa estaba destinada para todos aquellos mentores que llegaban a trabajar a la Escuela Federal “Carlos Marx”, que seguramente viene del personaje alemán, Karl Heinrich Marx. El cómo llegaría este nombre al pueblo de Tendeparacua, sin duda se debe a la mucha información de ciertas revistas con contenido comunista y socialista. En el pueblo había muchos simpatizantes a estas corrientes, que por cierto eran bastantes los que integraban este grupo. Volviendo a la narración de la casa para el Maestro. Este lugar fue improvisado en mis tiempos de niñez como desayunador. Tengo la imagen de aquel plato de frijoles recién cocidos y del tremendo bolillo que nos ofrecían a los muchos niños hambrientos que de madrugada ya esperamos saborear.
Sigo mis pasos y observo una ventana desde donde se leían los nombres de los destinatarios que traían las cartas llegadas a esa oficina de correos. No quiero ser muy detallista en esto porque tengo un proyecto exclusivo para este tema. Un poco más adelante se abre una puerta para ver en su interior carne de res y percances despachada por el señor Samuel Arroyo. En dicha vivienda hubo uno de los primeros mesones que fungían como lo que en la actualidad es un hotel a los arrieros, ya mencionados con antelación. Casi, junto a esta puerta, una más que se nos abre, me invaden los olores característicos de las farmacias y es que estoy enfrente del negocio de un personaje inolvidable como fue tío Ramón Barajas. Farmacia muy bien surtida, digamos que allí encontrábamos de todo, hasta los famosos tragos de “A cuadra” y de “Media cuadra”. Anteriormente esta farmacia estaba en la casa del señor Fabián Cervantes. Se vuelcan los muchos recuerdos de este personaje, que no los contaré aquí, porque ya tengo un trabajo donde lo hago ampliamente. Continuará....

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