26/05/2026
Presumiendo Monclova
Cuatro Ciénegas: apuntes sobre su fundación y primeros conflictos
Por Arnoldo Bermea
Recientemente se conmemoró un aniversario más de la fundación de Cuatro Ciénegas y, días antes, fue publicado un exhorto de aquella época en el que se invitaba a los interesados a integrarse a esta nueva villa.
A raíz de dicha publicación surgieron comentarios respecto a quiénes eran los propietarios de este territorio. Como es sabido, pertenecía al Marquesado de Aguayo; sin embargo, también se mencionó que su propietario residía en la capital de México, por lo que conviene hacer la siguiente aclaración.
Un personaje de apellido Valdivieso, por conducto de su administrador de la Congregación de Patos (hoy General Cepeda), informó sobre el establecimiento de una nueva población en su hacienda de Cuatro Ciénegas. Dicho personaje había sido hermano de Francisco Valdivieso y Mier, “Conde de San Pedro del Álamo”, esposo de María Josefa Azlor y Echeverz, III Marquesa de San Miguel de Aguayo, ambos para ese tiempo, ya habían fallecido.
Argumentaba que, desde la más remota antigüedad, “existían pruebas del amor de sus poseedores” hacia estas provincias y que, a la muerte de su hermano, consideraba aquellas propiedades como patrimonio heredado de sus mayores. Por ello, se dirigió al Comandante General de las Provincias Internas de Oriente, mariscal Pedro de Nava, solicitando que, de acuerdo con un “justo peritaje”, se le indemnizara con el pago correspondiente por ese territorio.
Queda claro que la propiedad, las casas, las viñas y cuanto contenía correspondían a la familia del Conde del Álamo, aun cuando este fuera esposo de la Marquesa de San Miguel de Aguayo.
Como es sabido, el 24 de mayo de 1800 se protocolizó la fundación de Cuatro Ciénegas. Sin embargo, para el 2 de julio del mismo año, los vecinos de la nueva población ya solicitaban auxilio debido a los constantes ataques de los indios “mezcaleros”.
El gobernador don Antonio Cordero y Bustamante decidió tomar medidas inmediatas, organizando grupos armados en Monclova y solicitando, a la vez, al alcalde de Saltillo una partida de veinte vecinos armados, bien montados y provistos de víveres para quince días, encabezados por una persona de “conocida resolución”, práctica y conocimiento del terreno, para frenar las incursiones de los llamados “indios bárbaros”.
En abril de 1802, el Justicia de Cuatro Ciénegas manifestaba su rechazo a que se iniciaran los trabajos de construcción de la iglesia. Sin embargo, el 21 de mayo de ese mismo año, los vecinos exigían a las autoridades el comienzo de la obra.
La construcción de la iglesia inició ese mismo año y se prolongó hasta el siguiente, quedando bajo la responsabilidad del mayordomo don José Crisóstomo Espinoza, quien estuvo al frente de los albañiles participantes, según consta en la petición (copia adjunta) de 50 pesos que realizó al gobernador Cordero y Bustamante.
Imágenes editadas con IA.