Los espacios verdes desempeñan un papel fundamental en la calidad ambiental de las ciudades, y su gestión apropiada brinda numerosas posibilidades para la corrección y prevención de impactos generados por el desarrollo económico y productivo del territorio urbano. Los servicios ambientales que brindan los espacios verdes son múltiples y diversos; algunos han sido identificados y clasificados, pero
la gran mayoría aún permanecen sin ser determinados con precisión por falta de suficiente conocimiento técnico. Desde el punto de vista del hábitat urbano, las externalidades positivas que pueden generarse a partir del manejo y gestión sustentable de las áreas verdes centran la atención principalmente respecto a:
• El mejoramiento de la calidad del aire, a partir de la capacidad de retención de agentes contaminantes atmosféricos mediante el metabolismo vegetal.
• La protección de suelos de infiltración para favorecer el drenaje de las precipitaciones, manteniendo el equilibrio de humedad de los suelos, promoviendo el ciclo del agua y el abastecimiento de las napas freáticas del subsuelo urbano.
• La proyección de áreas de sombra, donde el arbolado actúa como regulador de temperaturas, mitigando el efecto de isla de calor, favoreciendo la generación de corrientes de aire y la ventilación de la atmósfera.
• La generación de hábitat, promoviendo la funcionalidad de ecosistemas a través de la asociatividad de las especies vegetales, especialmente en aquellos escenarios donde se privilegia el uso de especies nativas y silvestres en diversos estratos.
• La implementación de circuitos deportivos y de esparcimiento, bajo la óptica de las nuevas tendencias culturales de vida saludable y de nuevos modos de desplazamiento no motorizados.
• La valorización de la belleza escénica del paisaje urbano, tanto como indicador de bienestar comunitario, como atractor de proyectos de inversión inmobiliaria y como agente de marketing político.