05/06/2026
No se puede vivir eternamente del discurso de “guardianes del bosque”, “defensores de la madre tierra” y “protectores de la fauna” cada vez que hay conflicto, gestión, carretera cerrada o recurso público en juego, y después pedir que nadie cuestione lo que hacen con los animales del monte porque entonces, mágicamente, “es tradición”.
Cuando conviene, el bosque es sagrado, la fauna es patrimonio, el territorio es intocable y la comunidad es víctima del abandono. Pero cuando llega la fiesta, entonces los animales se “toman prestados”, se usan para la celebración y todos debemos aplaudir en silencio porque, según ellos, nadie tiene derecho a opinar.
No se trata de negar la historia de Cherán ni la defensa real que muchas comunidades han hecho de sus bosques. Se trata de señalar la incongruencia de quienes usan esa bandera solo cuando sirve para exigir, presionar, cerrar caminos o pedir dinero.
La tradición no vuelve correcta cualquier práctica.
Ser comunidad indígena no da permiso para quedar fuera de toda crítica.
Y defender el bosque no es un discurso para cobrar proyectos: es una responsabilidad que se demuestra todos los días.
Porque una cosa es cuidar el territorio y otra muy distinta es usar la causa ambiental como escudo, como chantaje y como disfraz de superioridad moral.