03/09/2026
¿Quién sostiene la cultura independiente?
Se habla con frecuencia de los círculos cerrados de la cultura, de los premios, las becas y los espacios de legitimación. Pero existe otra realidad de la que poco se habla: el trabajo de quienes construyen espacios culturales independientes sin sueldo, sin becas, sin subsidios y, muchas veces, con recursos propios.
Un gestor cultural independiente no es representante literario, agente de promoción ni proveedor gratuito de servicios ilimitados. Abrir espacios, organizar encuentros, difundir actividades o generar oportunidades no implica asumir la responsabilidad de promover permanentemente la trayectoria de cada escritor.
Quienes además somos escritores conocemos especialmente el valor de ese tiempo: cada hora dedicada a gestionar para otros es también una hora que dejamos de dedicar a nuestra propia obra.
Cada escritor debe labrar su propio camino. Un gestor puede abrir una puerta, pero corresponde al autor cruzarla y construir su trayectoria desde sus letras, su disciplina y, fundamentalmente, desde el encuentro con sus lectores. No corresponde atribuir a los gestores culturales la responsabilidad por el rumbo o reconocimiento que alcance una obra.
También debe quedar claro algo elemental: la participación y la permanencia en estos espacios son voluntarias. Esto no es un club de pertenencia obligatoria ni genera derechos adquiridos sobre futuras actividades. Nadie está obligado a participar y, de la misma manera, ninguna organización está obligada a incluir permanentemente a las mismas personas en cada encuentro, programa, publicación o proyecto.
La pluralidad también significa permitir que otras voces tengan oportunidades.
Por fortuna, existen escritores extraordinariamente conscientes y generosos. Personas que, además de su talento, poseen calidad humana; agradecen las oportunidades, respetan los procesos y comprenden el enorme trabajo que existe detrás de cada actividad independiente. Son ellos quienes recuerdan por qué vale la pena continuar.
Abrir una puerta es un acto de generosidad, no un contrato de representación permanente. El requisito fundamental para compartir y permanecer en nuestros espacios es sencillo e irrenunciable: respeto al trabajo, a las personas y a la comunidad que entre todos construimos.
La literatura necesita buenas obras, pero también relaciones humanas dignas.
Odette Méndez
Presidenta de la Academia de Literatura Latinoamericana