18/07/2026
A ti, que hoy revisaste los resultados de la BUAP y no encontraste tu nombre en la lista de admitidos:
Sé que duele. Es un momento difícil y es normal sentir tristeza, frustración o incluso enojo. Pero antes de que permitas que la culpa o la sensación de fracaso se instalen en tu cabeza, quiero que recuerdes algo: **ese examen no te define**. No mide tu inteligencia, tu valor, tu capacidad ni tus ganas de salir adelante.
Cada año nos dicen que el examen de admisión selecciona a "los mejores". Sin embargo, esa narrativa oculta una realidad mucho más compleja: el acceso a la educación superior en México ocurre en un contexto profundamente desigual.
Las universidades públicas no cuentan con la capacidad para recibir a todas las personas que desean estudiar. Frente a esa insuficiencia, los exámenes de admisión terminan funcionando como un mecanismo de selección que, lejos de partir de condiciones iguales, suele favorecer a quienes ya cuentan con mayores ventajas económicas, educativas y culturales.
Quien pudo dedicar meses exclusivamente a prepararse, pagar cursos especializados, adquirir materiales, tener acceso a internet, recibir apoyo académico o estudiar en escuelas con mejores condiciones, parte desde una posición distinta a quien tuvo que trabajar, cuidar de su familia o enfrentar las carencias del sistema educativo. Hablar de "igualdad de oportunidades" bajo esas circunstancias es ignorar las desigualdades con las que inicia la competencia.
Por eso, cuando miles de jóvenes quedan fuera, no estamos viendo únicamente un resultado individual. Estamos viendo cómo un sistema educativo reproduce las desigualdades sociales: el capital económico y el capital cultural siguen siendo factores que influyen en quién logra acceder y quién queda excluido.
Que hoy no hayas ingresado a la BUAP **no significa que no seas capaz**. Significa que competiste en un proceso donde los lugares son insuficientes y donde las condiciones de origen pesan más de lo que suele reconocerse.
La educación no debería ser un privilegio condicionado por el lugar donde naciste, el dinero de tu familia o las oportunidades que tuviste durante tu trayectoria escolar. Debería ser un derecho efectivo para todas y todos.
No permitas que un número o una lista definan tu valor. Tu capacidad no cabe en un examen estandarizado, y tu futuro no depende de un único proceso de admisión.
La lucha no es entre quienes entraron y quienes no. La verdadera discusión es por un sistema educativo con más espacios, mayor financiamiento y condiciones realmente equitativas para que ningún joven tenga que ver truncado su proyecto de vida por falta de cupo.