29/11/2025
No me dejes sola en mi vejez…
No porque no sepa estar sola —esa lección la aprendí hace años—,
sino porque existe una soledad que no se llena con libros,
ni con silencios largos,
ni con tazas de café que calientan las manos pero no el alma.
Hay una soledad que no es del cuerpo,
es del alma…
esa que llega cuando el mundo sigue su ritmo
y tú te vas quedando atrás, más despacio, más frágil, más pequeña.
Amo mi espacio, mi paz,
mis rituales sencillos y mis momentos conmigo misma.
Pero hay tardes en las que el reloj late muy fuerte,
en las que la casa se vuelve demasiado grande
y el eco de mi propia voz me contesta con un suspiro.
Es ahí cuando entiendo que amar la soledad
no siempre significa quererla para siempre.
No me dejes sola en mi vejez.
No me dejes sin una voz que pronuncie mi nombre
como si todavía importara,
sin una risa cercana que me recuerde
que sigo siendo parte de algo,
que no me he convertido en un recuerdo caminando.
No quiero perder la mirada de alguien que me reconozca
incluso cuando mi rostro ya no sea el mismo,
cuando mis manos tiemblen
y mis pasos pierdan firmeza.
No hablo de amor de pareja.
Hablo de compañía.
De esa presencia cálida que no exige nada,
que no necesita explicaciones,
que no pide más que un pedacito de tiempo.
De un “aquí estoy” que llegue directo al corazón
cuando el cuerpo ya no quiera moverse,
cuando la vida se vuelva más lenta
y las tardes demasiado largas.
Hablo de alguien que me escuche repetir las mismas historias
una y otra vez,
y aun así tenga la paciencia de sonreír
como si fuera la primera vez que las cuento.
De alguien que se siente a mi lado,
aunque no digamos nada,
aunque el día esté gris,
aunque yo esté más callada que de costumbre.
No me dejes sola en mi vejez.
Quédate un ratito más.
Quédate incluso cuando no sepa qué decir,
cuando mis silencios hablen más de mí que mis palabras.
Quédate para que el mundo no se haga demasiado grande,
para que la noche no caiga tan pesada,
para que mis últimos años tengan un nombre,
una presencia,
un latido cerca del mío.
Solo quédate.
A veces, eso es todo lo que necesita un alma cansada
para no sentirse sola.
©️ Me gustó mucho
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