29/07/2026
Cuando la Virgen de Guadalupe fue sacada de la Basílica para esconderla.
El ayate fue ocultado para salvarlo de la persecución (1926–1929)
Un día como hoy , hace 100 años.
La persecución religiosa desatada en México durante 1926, tras la entrada en vigor de la llamada Ley Calles y la suspensión del culto público decretada por el Episcopado Mexicano, obligó a tomar una de las decisiones más delicadas y trascendentales en la historia de la devoción guadalupana: proteger el ayate original de la Virgen de Guadalupe.
Con el consentimiento del arzobispo José Mora y del Río y del abad de la Basílica, monseñor Feliciano Cortés y Mora, se decidió elaborar una copia exacta de la imagen para sustituir discretamente al original. La responsabilidad recayó en el reconocido pintor Rafael Aguirre, quien había realizado más de doscientas reproducciones de la Guadalupana. Trabajando día y noche, logró concluir la obra en ap***s catorce días.
La noche del 29 de julio de 1926, mientras el país se preparaba para el cierre de los templos, tuvo lugar uno de los episodios más conmovedores de la historia religiosa de México. En completo silencio y bajo el amparo de la oscuridad, un reducido grupo de personas desmontó cuidadosamente el sagrado ayate de su marco de oro. Alfonso Marcué González, secretario particular del abad, recordaría años después la profunda tensión de aquella noche, en la que las oraciones, las lágrimas y el nerviosismo acompañaron cada maniobra para retirar la imagen sin ocasionarle el menor daño.
Una vez desprendida del altar mayor, la imagen fue cuidadosamente protegida con lámina de plata, envuelta en finas telas de seda, sellada y cubierta con una gruesa tela de yerga. Después fue colocada dentro del doble fondo de un antiguo ropero chino de la Basílica. Al mismo tiempo, la pintura realizada por Rafael Aguirre ocupó discretamente su lugar. Para evitar que el brillo del óleo recién terminado despertara sospechas, el ingeniero Luis Felipe Murguía ideó ahumar el cristal del marco quemando periódicos, consiguiendo un efecto tan perfecto que durante casi tres años nadie advirtió el cambio.
Esa misma noche, el antiguo ropero fue trasladado en un camión de mudanzas, oculto entre camas y colchones viejos, hasta la casa del ingeniero Murguía, quien había sido elegido por la absoluta confianza que el arzobispo y el abad depositaban en él. Allí permaneció resguardado el ayate, primero en la calle de Meave y posteriormente, por razones de seguridad, en otra vivienda del centro de la Ciudad de México. Durante todo ese tiempo, la familia custodió celosamente el tesoro guadalupano, manteniendo una lámpara encendida día y noche, mientras el abad acudía cada sábado a celebrar la Santa Misa frente a la imagen oculta.
Con la firma de los Arreglos de 1929 y el anuncio de la reapertura de los templos, llegó el momento de devolver la imagen a su basílica. La noche del 28 de junio de 1929, nuevamente en el más absoluto secreto, fue abierto el doble fondo del antiguo ropero. Al retirar el lienzo de seda que la cubría, todos pudieron comprobar con inmensa emoción que la sagrada imagen permanecía intacta, tal como había sido ocultada tres años antes.
Acompañada por velas encendidas y en un ambiente de profundo recogimiento, la Virgen fue llevada hasta el coro de la Basílica, donde recibió los homenajes de veneración de los pocos testigos presentes. Mientras tanto, el cristal del histórico marco fue cuidadosamente limpiado para volver a recibir el ayate. Finalmente, la imagen fue colocada nuevamente en su marco de oro y plata, concluyendo la ceremonia hacia las once y media de la noche.
Aquella fue la segunda salida de la Virgen de Guadalupe del Tepeyac, no motivada por una procesión ni por una celebración, sino por el inmenso amor de sus hijos, quienes buscaron preservarla de los peligros de una de las etapas más difíciles para la Iglesia en México. Tanto su partida como su regreso ocurrieron bajo el manto de la noche y en absoluto silencio. Gracias a la fe, la prudencia y el valor de quienes participaron en esta misión, el ayate de san Juan Diego pudo conservarse intacto y regresar a su altar para seguir siendo, hasta nuestros días, el mayor símbolo espiritual de la nación mexicana.
✍🏻📚La presente narración está basada en :
González Martín del Campo, Daniel. "Las salidas del Sagrado Original de la Virgen de Guadalupe de las inmediaciones del Tepeyac." Metafísica y Persona, núm. 33, 2025,
Universidad de Málaga. Revistas UMA.