31/08/2026
Buenas Noches.
Este amanecer dominical, con sus lecturas bíblicas, su fuerte y sabio contenido, mi participación en la asamblea eucarística, ha sido muy útil, para reactivar y reforzar en mí, una vez más, el llamado o inspiración interior a ser el fraile dominico predicador, llamado por el espíritu desde mi juventud, al seguimiento y modo de Jesús, en el servicio a la sociedad en la Iglesia.
La primera lectura en la asamblea evocó a uno de los grandes profetas de la antigüedad, Jeremías, predicador encarnado en la realidad histórica de su tiempo, agobiado por la violencia, el sufrimiento, la injusticia, la muerte y el destierro que padecía su pueblo, cuyos dirigentes pusilánimes y mentirosos, sus enemigos declarados, trataban de ocultar al pueblo la dolorosa realidad. Por el contrario, Jeremías, a pesar de la persecución, la cárcel, el desprecio y burlas que sufría, con su palabra de fuego y ejemplo, se esforzaba por abrir los ojos al pueblo, desde su fe, confianza el Dios y responsabilidad. Escuchemos clamor, sus tensines, tentación y la actitud firme de fidelidad a su vocación
“Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y fuiste más fuerte. Yo era el hazmerreír de la gente todo el día, todos se burlaban de mí”. Y prosigue: Siempre que hablo tengo que gritar: «Violencia», proclamando: «Destrucción». La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día. Me dije: «No me acordaré de él, no hablaré más en su nombre»; pero ella era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerlo, y no podía” (Jeremías 20,7-9).
Me llegó esta mañana la noticia del atentado que sufrió la fundadora, junto con su hija, de una organización de Madres Buscadoras, del que salió herida e internada en un hospital, aunque dispuesta a continuar con su vocación de Buscadora que le brota de lo profundo de su ser, en palabras de Jeremías, “un fuego ardiente en sus entrañas, encerrado en sus huesos, que anima en su lucha”.
Jeremías no quiere ni busca el dolor, las burlas y desprecios, como tampoco la mujer buscadora, más bien, el atentado, le impulsa a sobrellevar los trabajos, burlas, desprecios; a aceptar los trabajos que conlleva su vocación y metas, que se ha propuesto alcanzar en la vida.
El apóstol Pablo, que pasó trabajos, torturas, desprecios y el mismo martirio, es quien orienta con fortaleza e intensidad a la comunidad de Corinto a continuar en fidelidad a su vocación y a guiarse en la vida por los criterios y valores de lo bueno, lo santo, lo que agrada a Dios y lo perfecto, sin condescender a los criterios de este mundo: el poder, la acumulación de bienes, las ansias de figurar y sobresalir, la vanidad. Escuchemos su palabra:
“Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los exhorto a que se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios, porque en esto consiste el verdadero culto. No se dejen transformar por los criterios de este mundo, sino dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Romanos 12,1-2).
Por último, en esta misma asamblea, con hechos y palabras, el mismo Maestro divino, Jesús de Nazaret, nos ofrece su vocación, meta y el camino y que él mismo desea seguir y siguió a pesar de los obstáculos, traiciones, persecuciones y la misma muerte que presentía al seguir el camino a Jerusalén, y que, Pedro el Apóstol, trató de impedírselo. Veamos lo acaecido a Jesús camino a Jerusalén:
“Comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.» Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mí vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.» Entonces dijo a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mateo 16,21-27).
Jesús, en su vocación, considera que debe llevar el mensaje, su palabra salvífica al centro del poder religioso y político; conoce o al menos presiente el peligro de muerte, y lo asume, a pesar de la oposición de Pedro, a quien orilla de su camino con fortaleza: “no intentes hacerme tropezar en mi camino”. No es que Jesús busque la muerte, más bien su meta es la vida, la vocación con que el Espíritu infundió en su corazón, luz para su pueblo y para las naciones, y también para ti lector y lectora, y para mí.
Ustedes, lectoras y lectores, tenemos una vocación, una prioridad y razón de existir en la vida en lo profesional y en nuestra condición de cristianos, discípulas/os del Maestro Jesús. Ni en uno ni en el aspecto sea nuestra aspiremos sufrir; aunque sí, animados por nuestra vocación, sepamos aceptar, superar y vencer cuantos obstáculos se opongan a al logro de nuestra y vocación. como lo hizo, Jesús, Jeremías y tantos santos y santas, hombres y mujeres de buena voluntad, como lo hacen hoy día Las Mujeres Buscadoras, a pesar de los desprecios y el atentado, hoy Día Mundial de las Víctimas de Desapariciones Forzosas.
Con la bendición de Dios,
Fray Pablo Iribarren O. P. 30 de Agosto 2026.