Archivo Histórico Diocesano de San Cristóbal de Las Casas

Archivo Histórico Diocesano de San Cristóbal de Las Casas Archivo Histórico Diocesano de San Cristóbal de Las Casas (AHDSC).

Buenas Noches.Este amanecer dominical, con sus lecturas bíblicas, su fuerte y sabio contenido, mi participación en la as...
31/08/2026

Buenas Noches.

Este amanecer dominical, con sus lecturas bíblicas, su fuerte y sabio contenido, mi participación en la asamblea eucarística, ha sido muy útil, para reactivar y reforzar en mí, una vez más, el llamado o inspiración interior a ser el fraile dominico predicador, llamado por el espíritu desde mi juventud, al seguimiento y modo de Jesús, en el servicio a la sociedad en la Iglesia.

La primera lectura en la asamblea evocó a uno de los grandes profetas de la antigüedad, Jeremías, predicador encarnado en la realidad histórica de su tiempo, agobiado por la violencia, el sufrimiento, la injusticia, la muerte y el destierro que padecía su pueblo, cuyos dirigentes pusilánimes y mentirosos, sus enemigos declarados, trataban de ocultar al pueblo la dolorosa realidad. Por el contrario, Jeremías, a pesar de la persecución, la cárcel, el desprecio y burlas que sufría, con su palabra de fuego y ejemplo, se esforzaba por abrir los ojos al pueblo, desde su fe, confianza el Dios y responsabilidad. Escuchemos clamor, sus tensines, tentación y la actitud firme de fidelidad a su vocación

“Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y fuiste más fuerte. Yo era el hazmerreír de la gente todo el día, todos se burlaban de mí”. Y prosigue: Siempre que hablo tengo que gritar: «Violencia», proclamando: «Destrucción». La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día. Me dije: «No me acordaré de él, no hablaré más en su nombre»; pero ella era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerlo, y no podía” (Jeremías 20,7-9).

Me llegó esta mañana la noticia del atentado que sufrió la fundadora, junto con su hija, de una organización de Madres Buscadoras, del que salió herida e internada en un hospital, aunque dispuesta a continuar con su vocación de Buscadora que le brota de lo profundo de su ser, en palabras de Jeremías, “un fuego ardiente en sus entrañas, encerrado en sus huesos, que anima en su lucha”.

Jeremías no quiere ni busca el dolor, las burlas y desprecios, como tampoco la mujer buscadora, más bien, el atentado, le impulsa a sobrellevar los trabajos, burlas, desprecios; a aceptar los trabajos que conlleva su vocación y metas, que se ha propuesto alcanzar en la vida.

El apóstol Pablo, que pasó trabajos, torturas, desprecios y el mismo martirio, es quien orienta con fortaleza e intensidad a la comunidad de Corinto a continuar en fidelidad a su vocación y a guiarse en la vida por los criterios y valores de lo bueno, lo santo, lo que agrada a Dios y lo perfecto, sin condescender a los criterios de este mundo: el poder, la acumulación de bienes, las ansias de figurar y sobresalir, la vanidad. Escuchemos su palabra:

“Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los exhorto a que se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios, porque en esto consiste el verdadero culto. No se dejen transformar por los criterios de este mundo, sino dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Romanos 12,1-2).

Por último, en esta misma asamblea, con hechos y palabras, el mismo Maestro divino, Jesús de Nazaret, nos ofrece su vocación, meta y el camino y que él mismo desea seguir y siguió a pesar de los obstáculos, traiciones, persecuciones y la misma muerte que presentía al seguir el camino a Jerusalén, y que, Pedro el Apóstol, trató de impedírselo. Veamos lo acaecido a Jesús camino a Jerusalén:

“Comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.» Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mí vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.» Entonces dijo a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mateo 16,21-27).

Jesús, en su vocación, considera que debe llevar el mensaje, su palabra salvífica al centro del poder religioso y político; conoce o al menos presiente el peligro de muerte, y lo asume, a pesar de la oposición de Pedro, a quien orilla de su camino con fortaleza: “no intentes hacerme tropezar en mi camino”. No es que Jesús busque la muerte, más bien su meta es la vida, la vocación con que el Espíritu infundió en su corazón, luz para su pueblo y para las naciones, y también para ti lector y lectora, y para mí.

Ustedes, lectoras y lectores, tenemos una vocación, una prioridad y razón de existir en la vida en lo profesional y en nuestra condición de cristianos, discípulas/os del Maestro Jesús. Ni en uno ni en el aspecto sea nuestra aspiremos sufrir; aunque sí, animados por nuestra vocación, sepamos aceptar, superar y vencer cuantos obstáculos se opongan a al logro de nuestra y vocación. como lo hizo, Jesús, Jeremías y tantos santos y santas, hombres y mujeres de buena voluntad, como lo hacen hoy día Las Mujeres Buscadoras, a pesar de los desprecios y el atentado, hoy Día Mundial de las Víctimas de Desapariciones Forzosas.

Con la bendición de Dios,
Fray Pablo Iribarren O. P. 30 de Agosto 2026.

Buenas Noches.El viernes a mediodía, en el Auditorio de la facultad de derecho, asistí al evento, que, año con año, cele...
24/08/2026

Buenas Noches.

El viernes a mediodía, en el Auditorio de la facultad de derecho, asistí al evento, que, año con año, celebra el Honorable Ayuntamiento de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, en el que aprueba y entrega la Medalla Dr. Manuel Velasco Suárez a personas que se han distinguido por su trayectoria social. El presente año, este distintivo recayó en la persona del obispo emérito Don Samuel Ruiz García. Así fue el acto:

Con un lleno total, en el Auditorio de la Facultad de Derecho Cristobalense, las autoridades de la ciudad y el Estado y la presencia de Mons. Rodrigo Aguilar, obispo de la Diócesis, en sesión especial el Cabido, con su Presidenta, la Mtra. Fabiola Ricci Diestel, por unanimidad, aprobó conceder y proceder a la entrega de “La Medalla Dr. Manuel Velasco Suárez al Mérito Sancristobalense”, en la modalidad Post Mortem, a Monseñor Samuel Ruiz García, J’tatic, obispo emérito de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, en reconocimiento a su invaluable legado, trayectoria y aportaciones al Municipio de San Cristóbal de Las Casas, así como por su compromiso con la sociedad y con la construcción de una comunidad más justa, incluyente y solidaria, hoy 21 de agosto de 2026 a las 13 horas. Recibió la Medalla, Mons. Rodrigo Aguilar, obispo de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, en ausencia de Don Samuel Ruiz.

En el desarrollo del evento se dictaron dos conferencias, una exaltó la figura del Dr. Manuel Velasco Suarez, Gobernador de Chiapas de 1970 a 1976, especialista en neurología y Don Samuel Ruiz García, J,tatic obispo, emérito de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, años 1960 a 2000, ambos con un compromiso serio con los pueblos originarios, el Doctor, en el campo de la salud a favor de los sectores marginados y Don Samuel, que lo llamaron J,Tatic, Padre, con una entrega total en defensa de la dignidad y derechos de los pueblos originarios, siendo su voz de momento, para que ellos tuvieran voz en la sociedad.

A mi llegada a San Cristóbal de las Casas en el año 1977, me encontré con dos obras, recién terminadas, que, según la voz del pueblo, se debieron al influjo del Dr. Manuel Velasco; el túnel de desagüe de las aguas pluviales y ríos de la ciudad; por cierto, todavía no estaba en función y aproveché para atravesarlo con mi carrito Volkswagen y el Hospital o Centro de Enfermedades Neurológicas agudas, que visité a petición de un familiar de una enfermita. Luego vi que el local no estaba todavía bien acondicionado. A la entrada, observé el signo de la salud mental: la plomada; bajo una sencilla y alta construcción, en su interior colgaba la plomada; mi hermano fue constructor y en su equipo de trabajo tenía la plomada.

En ese mismo año 1977, ingresé en la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, bajo la dirección del obispo Mons. Don Samuel Ruiz García, con quien tuve de un primer encuentro en el que me puso al corriente del caminar de la diócesis. Fueron dos cosas en que puso el acento: la opción por los pobres, que tomó la asamblea diocesana de 1975, y en especial por los pueblos originarios, a quienes trató de apoyar, en un principio, con recursos económicos, ropas, calzado, la salud; aunque, sin olvidar esos rublos, luego puso el acento en la liberación de las “naciones”, como llamaron los misioneros dominicos, siglo XVI, a las etnias originarias, pues descubrió Don Samuel, la pobreza, opresión y marginación; personas sin voz. Otro tema del que me habló, Don Samuel, fue la participación de laicos y agentes de pastoral en la toma de decisiones, hoy decimos sinodalidad en el gobierno.

En la entrega a Don Samuel Ruiz García, de la Medalla al Mérito Dr. Manuel Velasco Suárez, en la modalidad Post Mortem, estuvo muy presente el Dr. Jesús Agustín Velasco Suárez Siles, hijo del Dr. Manuel Velasco Suárez, quien destacó la amistad, las relaciones entre ambos y la promoción y logros “del desarrollo humano integral y la fe, afirmando, que pueden y deben caminar en armonía y con abundantes frutos para la sociedad”. Ejemplo de esta afinidad, confianza y sintonía entre ambos, fue, afirmó el Dr. Jesús Agustín, El Congreso Indígena de 1974, que, el Gobernador Manuel Velasco Suárez, confió a Don Samuel su organización y realización, en el que 1300 delegados de las etnias chiapanecas: tzotziles, tseltales, choles y tojolabales, señalaron claramente el camino que iban a seguir, base para futuros lineamientos, que la Diócesis asumió en la Asamblea Diocesana de 1975.

La recepción de la presea, Medalla Dr. Manuel Velasco Suárez, recayó en el obispo Rodrigo Aguilar Martínez, quien manifestó, a más del agradecimiento sincero al hecho por parte de la diócesis, el posible entendimiento y caminar en armonía de ambas instituciones, para el desarrollo humano e integral de los pueblos originarios y para su afianzamiento de sus valores ancestrales, ante el reto que plantea la modernidad con su cultura arrolladora.

Por último, diré, que antes de los aplausos y fotos finales y los saludos de despedida, algo que quedó muy gravado en mi memoria y corazón, fue lo dicho por el Dr. Jesús Agustín: “Esta ceremonia nos permite reunir en un mismo memento a tres grandes referentes de nuestra historia: Fray Bartolomé de Las Casas (primer obispo de Chiapas), el doctor Manuel Velasco Suárez (ex gobernador y neurocirujano) y el obispo Samuel Ruiz García, tres hombres de épocas distintas, tres vocaciones diferentes, pero una misma preocupación: la dignidad del ser humano y una misma manera de actuar, construir puentes”, algo que no se ha de olvidar y yo evoco, en mis Buenas Noches, con alguna frecuencia, al celebrar los 500 Años de la llegada a México de los frailes dominicos y a Chiapas colonial.

Personalmente, agradezco al Honorable Cabildo Municipal de San Cristóbal de Las Casas, con su presidenta Fabiola Ricci Diestel, la iniciativa de proponer y aprobar para el Obispo emérito Don Samuel Ruiz García, la concesión de la presea “Medalla Dr. Manuel Velasco Suárez al Mérito Sancristobalense”. Gracias, muchas gracias.

Fray Pablo Iribarren Pascal o.p. 23 de agosto 2026.

Buenas Noches.No acierto, el día de hoy, estimadas lectoras/es, a escribir mi Buenas Noches y no hacer memoria de la cel...
17/08/2026

Buenas Noches.

No acierto, el día de hoy, estimadas lectoras/es, a escribir mi Buenas Noches y no hacer memoria de la celebración de la Fiesta de la Asunción de la Virgen María a los cielos, misterio de antigua tradición en nuestra Iglesia católica, cristiana y ortodoxa y tan profundamente arraigado en el corazón e todo/a creyente. En la actualidad, he escuchado decir a muchas gentes, que, en María se descubre, “se revela lo femenino de Dios”: su hermosura y ternura, su verdad y compasión… María glorificada, “asunta en cuerpo y alma al cielo” (Pío XII-1950), en todo ser, por su condición de Madre de Jesucristo el Salvador. Felicidades y norabuena.

Ayer, sábado, trabajaba en un artículo que me han solicitado acerca de Fray Bartolomé de Las Casas Evangelizador en el Nuevo Mundo. En su andadura de vida y modo de ser y de actuar, descubro un clérigo, estudioso, camino al presbiterado, no exento todavía de anhelos de riquezas, honor y poder, hijo de un padre servidor del rey y conquistador en América. Por eso, cuando llega América,1502, recibe una encomienda, consistente en una gran extensión de tierras con todo lo que hay en ellas, aldeas, animalitos, familias, trabajadores sin costo alguno a su servicio, como dueño y señor, en la Isla La Española, hoy República Dominicana.

Las Casas es hombre de corazón sensible, trata con respeto a sus gentes, familias trabajadoras a su servicio. Es respetado en la sociedad isleña y busca siempre conciliar, hombre que promueve la paz y la convivencia entre conquistadores y pobladores originarios, apreciado socialmente por su prudencia y sentido de la justicia y conciliador. Escucha en silencio a los frailes dominicos, en 1510, la denuncia, desde el Evangelio, la opresión e injusticia, la encomienda. Es consciente Las Casas de su igualdad con la de los hombres y mujeres de estos pueblos. Ha escuchado decir a Fray Antonio de Montesinos: ¿“Acaso estas personas no como ustedes? ¿por qué los oprimen y les niegan su dignidad y derechos?”

Acompaña el Licenciado Bartolome a las autoridades y mandos militares en la reducción de los pueblos de Cuba, en forma pacífica, gracias a sus dotes y autoridad moral y por el respeto y confianza que ha alcanzado en los pueblos nativos, por la defensa y sentido humano, con que trata a los oprimidos, a pesar de que todavía recibirá otra encomienda por su servicio pacificador. Sin embargo, el espíritu de Dios, al fin, lo lleva a renunciar a todos su bienes y encomiendas en torno 1513 y asociándose con los frailes dominicos -acabará siendo uno de ellos- en el mismo proyecto de liberación de los pueblos originarios oprimidos, hasta su muerte.

Hoy, domingo, en mi encuentro dominical, en la Asamblea Eucarística, todavía bullía en mi mente y corazón la figura y el hacer de Fray Bartolomé de Las Casas, cuando escuché la lectura del profeta Isaías (56, 1), siglo octavo antes de Cristo, quien hablando en nombre de Dios, decía: “Velen por los derechos de los demás, practiquen la justicia” y añadirá: “a los extranjeros que se han adherido al Señor y (guardan sus preceptos)…, los conduciré a mi monte santo y los llenaré de alegría…, porque mi casa será casa de oración para todos” (Is. 56,6-7). De gozo se llenó mi corazón, primero, por lo escribía el día de ayer sobre fray Bartolomé de Las Casas, y en segundo lugar, porque al fijarme con atención en los participantes de la Asamblea, descubrí por sus vestidos y ropas, a personas de la etnias diferentes: tzotzil, chamulas, zinacantecos, de la etnia tseltal, tenejapanecos y huixtecos, no faltando también algún zoque del rumbo de los tuxtlas, junto con los descendiente de aquellos opresores antiguos convertidos, a más de los mestizos, no faltando algunos turistas de otros lugres de la república y hasta, algún que otro extranjero avecindado en nuestra ciudad; una asamblea multiétnica, y todos sintonizando en el respeto mutuo y comunión, en la caso común de oración, el templo casa de oración de Dios.

Fue igualmente un momento de alegría, dado que el coro, al inicio de la celebración, entonó el cántico, “De gozo se llenó mi corazón. cuando escuché una voz, iremos a la Casa del Señor…”, orando al Dios de la vida y celebrando la entrega total del Cuerpo Pleno y Místico de Cristo al Padre y escuchando su Palabra y participando en la Santa Cena.

Culminó esta asamblea mística dominical con el texto de la vida de Jesús, cuando se aleja de su tierra. Los motivos, él y sus discípulos lo saben. El caso es, que se adentró en tierra extranjera, en pueblos cananeos, paganos, Tiro y Sidón, por lo que una mujer cananea enterada de su presencia y, que sin duda había escuchado grandes cosas de él, y tenía una hija atormentada de un espíritu malo, iba tras él y gritaba en su angustia y desesperación: “Señor, hijo de David, ten compasión de mí”, y Jesús como que no oía. Fueron sus discípulos los que le dijeron: “atiéndela para que nos deje en paz”. Jesús se escusó diciendo: “Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”. Como quien dice, yo sólo he venido por los judíos.

Ante estas palabras, que sin duda escuchó la mujer, resolvió, y así lo hizo: “Se acercó a Jesús y, postrada ante él, le dijo: ¡Señor, ayúdame!”. “Él respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselos a los perritos”. Pero la mujer no se acobardó, al contrario, tomando nuevas fuerzas e impulsada por la sabiduría y su dolor, respondió: “Es cierto Señor, pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”, rompiendo a Jesús todos sus esquemas mentales. Por lo cual, Jesús recoció la grandeza de la mujer y dijo: ¡Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que tu deseas. Y en aquel mismo instante quedó curada su hija” (Mt, 15,21-28).

Esta escena precedida de la memoria de Santa María de la asunción y de la figura de fray Bartolomé de Las Casas y de su lucha por la justicia y la igualdad, superando las barreras que construimos los hombres y mujeres, en defensa de nuestro egoísmo y orgullo, que separan a los pueblos, y viendo al Maestro Jesús humilde y comprensivo ante la mujer en angustia, con la que se hace solidario, uno con los sentimientos y resuelve su problema, nos propusimos como asamblea, crecer en la unidad, la igualdad, dominando nuestro orgullo y egoísmo. Nos dimos el abrazo de la paz a pesar de nuestras diferencias, en raza, cultura, tradiciones, pues Jesucristo, lo pide, que seamos Uno y lo necesita el mundo, hoy más que ayer.

Fray Pablo Iribarren o. p. 16 de Agosto 2026.

Buenas noches.La reforma litúrgica del Concilio Vaticano hizo algunos cambios  en las fechas en que se celebraban cierta...
10/08/2026

Buenas noches.

La reforma litúrgica del Concilio Vaticano hizo algunos cambios en las fechas en que se celebraban ciertas festividades, tanto de Nuestro Señor Jesucristo como de los santos. Uno de los afectados por esta reforma, recayó sobre el día en que se celebraba la festividad de Santo Domingo de Guzmán, del día 4, que pasó a celebrarse el día 8 del mismo mes. De facto algunas comunidades, como el templo de Santo Domingo, aceptó el cambio, en otras siguieron celebrando Santo Domingo el día 4 a petición de la propia comunidad cristiana.

El día de ayer, 8 de agosto, celebramos solemnemente a Santo Domingo, con gran solemnidad, desde la víspera, con el tradicional Maitines, abriéndose la festividad en honor al Santo Patrón Santo Domingo. Nació esta solemnidad en San Cristóbal de las Casas, en el año 1545, con la llegada a Chiapas, diócesis fundada por el Papa Paulo III en 1539, en la gobernatura chiapaneca, dependiente de la Capitanía General de Guatemala. El 12 de marzo de 1545, llegó el primer obispo de facto a la diócesis de Chiapa, Fray Bartolomé de Las Casas, con 25 frailes dominicos. En el lugar había dos o tres clérigos, junto con los hermanos de la Merced.

Apenas un mes después de su llegada, el obispo fray Bartolomé dispersó a los frailes, en un Nuevo Pentecostés Chiapaneco, por todo lo que actualmente es el Estado, con la consiguiente consigna: “anuncien a Cristo Salvador a las diferentes etnias, pueblos y personas de Chiapas, en base a la dignidad de la criatura humana, con todos sus derechos como individuos y como pueblos, “naciones”, les dirán, con derecho a la tierra, a sus autoridades, a sus normas y costumbres y les hablarán en sus propia lengua; construyan Iglesia, el Reino de Dios, el Espíritu Santo los acompañe”. Este fue el modo de fray Bartolomé (cfr Isaías 61.1; Rom 12,10-16)).

Los frailes dominicos caminaron y llevaron el mensaje del Reino de Dios y su Justicia de norte a sur de oriente a poniente de Chiapa. Fray Bartolomé les pedía vayan de uno en uno por todo el territorio chiapaneco, las necesidades y la opresión que sufren las “naciones” son grandes; Fray Bartolome urgía la liberación de los pueblos sometidos a la encomienda, al tributo, a la pérdida de su tierra y autoridad; “la fe, la religión han de ser liberadoras”. Leyendo el “Diario de Viaje de Salamanca a Chipas, 1544-1545”, escrito por Fray Tomás de la Torre, nombrado cronista del viaje desde el momento en que los frailes dejan Salamanca. Este fue el sentir de fray Bartolomé, que se respira durante todo el viaje en el escrito y, en particular, una vez que llegados a Campeche, en ese momento parte de su diócesis de Chiapa, y que, fray Bartolomé, anunciaba por las comunidades y aldeas por donde pasaba, hasta que llegó a Ciudad Real; era su cantilena: “ahí vienen los libertadores” (Lucas 4, 18).

Si, mucho bien alcanzaron los frailes con sus postura radical en pro de los pueblos originarios, y gracias a la Audiencia de los Confines, pues consiguieron la liberación de esclavos, reducción de los tributos y liberación de servicios gratuitos, sin embargo, el mayor obstáculo, que los frailes tuvieron en su trabajo evangelizador, vino de parte de los mismos conquistadores cristianos y de las autoridades, que solapaban, cuando no, se convertían en opresoras echando a la papelera las leyes emanadas de la Corona; eran un contra testimonio a la enseñanza de la Iglesia y los frailes fueron expulsados de Ciudad Real, base entonces de la Alcaldía Mayor de Chiapa, aunque poco después, fueron readmitidos y se les concedió los solares donde construyeron templo y convento de Santo Domingo (Sal 69,33).

No puedo callar que los mismos frailes dominicos, más tarde, entraron en el mismo sistema opresor de la sociedad civil, que se acabó implantando en todo el país, como lo escribo en mi último libro, que he publicado, “Misión Dominicana en los Pueblos Originarios siglos XVI a XXI”, el mes de Junio del presente año, con ocasión de la llegada de los frailes dominicos a México el 25 de julio de 1526, Año en que celebramos los 500 Años de nuestro trabajo evangelizador en México.

Este aire, o estilo evangelizador, centrado en la dignidad y derechos de la persona y de los pueblos originarios, según el plan de Dios, lo recobró la Iglesia en el Concilio Vaticano II -1960 al 65- al que asistió don Samuel Ruiz, en esos años obispo de nuestra diócesis de Chiapas, de quien podemos decir, fue continuador del espíritu de Fray Bartolomé de Las Casas y, en consecuencia, sufriendo como él el rechazo de parte de la sociedad y de las mismas autoridades, por sus actitud en favor de la vida y dignidad de toda persona y de los pueblos. Este espíritu y actitud lo mantiene nuestro obispo Rodrigo hasta el día de hoy, junto con todos los sacerdotes, religiosos/as, y el laicado diocesano, expresado a través del Pueblo Creyente, voz del pueblo cristiano diocesano (Mt25, 34-40).

Con gozo celebramos el día de ayer a Santo Domingo, en varios lugares de la diócesis, unos el día 4 y otros el día 8, Domingo creador de la Orden de Predicadores, inspirado sin duda por el Espíritu Santo.

Fray Pablo Iribarren O. P., 9de agosto 2026.

Buenas Noches El día de ayer, sábado, celebré con gozo, los Quince Años de la joven María Abigail Ramos Narvaez; celebra...
04/08/2026

Buenas Noches

El día de ayer, sábado, celebré con gozo, los Quince Años de la joven María Abigail Ramos Narvaez; celebración maravillosa, tanto en lo espiritual como en lo civil; convivencia con tinte familiar en la que participaron muchísimas personas y familias diferentes: alimento y bebida sabrosa, música, rondalla, caballos bailarines, magia de un mago prestigioso. Nada faltó. Fue una fiesta vivida con armonía, paz y fraternidad, alegría.

En contraste, en este amanecer dominical, fue todo lo contrario: noticias de violencia, de una u otra parte del mundo, guerra, destrucción, crimen organizado, desapariciones, secuestros, hambre y muerte; la noticia de la guerra, que declaró USA contra Irán, que se prolonga, en la que lleva gastados más de treinta mil millones de dólares y, de pilón, el Senado a ha aprobado sesenta mil millones de dólares más, para continuarla y, según las amenazas, destruir Irán, a no ser, que, Irán, se someta a las exigencias del poderío norteamericano, en tanto que, en Gaza en particular, son asesinados miles de niños y niñas, jóvenes, hombres y mujeres y mueren de sed y de hambre, y otro tanto sucede en otros países.

Considero que fue una coincidencia, cuando me preparaba para las celebración de la Eucaristía, en este amanecer del domingo, proclamé y comenté un texto bíblico, en el que encontré una motivación específica en pro de la vida, de la solidaridad y la justicia al necesitado, hasta lo máximo, diría yo, o dicho con una expresión más propia, me encontré, repito, la “Utopía”, palabra procedente del idioma griego, que significa “no lugar”, aunque también cabe traducirse, por “buen lugar”, o el lugar ideal. Utopía se dice de un lugar soñado, inexistente, o bien, de una institución, sociedad, ciudad, estado, o pueblo soñado, imaginado, inexistente.

Son varios los escritores que han hablado de la utopía, quizá el primero fue Tomás Moro, en 1526, que escribió acerca de una isla ficticia, en América, con un sistema político, social y legal perfecto, cosa que él soñó, pues de hecho no se existió en ningún lugar; lo hizo en oposición a la situación de conflicto, hambre, opresión, que se vivió en aquella época en Inglaterra. Hubo otros literatos también, que escribieron sus utopías en lo civil y en lo religioso: República de Platón; La Ciudad de Dios de San Agustín de Hipona; La Ciudad del Sol de Tommaso Campanella, La Nueva Atlántida de Francis Bacón y en nuestros tiempos no han faltado también.

En la liturgia eucarística de esta mañana, domingo, asomó, en boca del profeta Isaías, un texto que bien puede calificarse de utopía, como lo decía en párrafos anteriores. Así escribe el Profeta: “Esto dice el Señor: ¡Ustedes los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen granos, trigo, maíz y coman; tomen vino y leche sin pagar!

“¿Por qué gastar el dinero del salario en lo que no es pan, tortilla, en lo que no alimenta? Pónganme atención, vengan a mi, escúchenme y vivirán, dice el Señor, sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las promesas que hice a David”, (Isaías 55,1-3).

Dios ofrece una utopía por boca del profeta, utopía realizable en la historia y con trascendencia de eternidad, pues depende no solo de Dios, sino también de la voluntad humana, de la libertad; lo vi y loexperimenté el sábado pasado, como lo escribo en el párrafo primero de esta mi Buenas Noches, que estoy escribiendo, por diversas razones, hoy lunes. No queramos realizar la utopía material y política, ni aún religiosa con carácter universal, quizá llegue a lograrse un día en la humanidad, cuando se hayan superado las ambiciones desmedidas de poder, se haya roto la exclusión por razones de raza, de lengua o cultura, por los que se consideran superiores, los gobiernos, que anhelan tener al mundo entero de vasallo, cuando no de esclavos, con su superioridad militar, pero se construye y si es posible cuando día a día se van superando y venciendo todos esas lacras tan dolorosas.

Si, la utopía se hace posible, cuando nos empeñamos en vivir en cooperación solidaria, en amistad, en generosidad poniendo nuestras profesiones y especialidades en el servicio del otro, el prójimo necesitado de recursos económicos, intelectuales, afectivos, espirituales con generosidad, con amor de los unos a los otros, superando los estamentos de clase social que tanto daño hacen, pues levantan barreras de desigualdad y superioridad e impiden el trato común, la fraternidad, utopía.

Esta utopía, que el Maestro Jesús, llamó el Reino de Dios, que el texto de Isaías ofrece: ¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan y el salario en lo que no alimenta? (Isaías 55, 1-3). Esto es una verdadera utopía. Sintámosla como algo posible, es Dios quien la respalda, dirigiéndose a un pueblo desterrado desde hacía unos cincuenta y añoraba en su tierra, aún los nacidos en el destierro, pueblo con sed de su tierra, de ahí la expresión, “vengan los sedientos, hay algo gratis para ustedes, una alianza nueva y perpetua”. En el orden de los valores es posible y cada día podemos con nuestro quehacer diario construir la utopía del Reino de Dios: una sociedad fraterna y de iguales.

“No gasten su dinero en aquello que no alimenta”. Expresión de gran actualidad. Nunca se había dado una etapa de tantas ofertas, de consumismo, de compra de cosas hasta innecesarias. En la compra de mil productos se promete la felicidad y pronto llega la desilusión. La verdadera felicidad no se compra con dinero: los valores familiares, la amistad, el amor verdadero, la paz en la familia, en la sociedad… son dones de Dios. Que acertad la expresión de Jesús a la Samaritana: “Si conocieras el don de Dios, él te daría un agua que salta hasta la vida eterna… “(Jn. 4,10).

El evangelio del Mateo (14,13-21), la multiplicación de los panes es otra expresión de la utopía del Reino de Dios. En su sentido pleno es la Eucaristía en que Cristo se da, lo comen todos, la expresión “cinco mil sin contar mujeres y niños” más los doce canastos que se recogió significa la humanidad toda y de todos los tiempos, Cristo es la utopía, la plenitud del Reino de Dios.

Fray Pablo Iribarren O. P., 2 de agosto 2026.

Buenas Noches.Esta semana ha sido algo especial, de ahí precisamente, que mi Buenas Noches dominical, lo escriba y envíe...
28/07/2026

Buenas Noches.

Esta semana ha sido algo especial, de ahí precisamente, que mi Buenas Noches dominical, lo escriba y envíe hoy lunes, debido a la celebración de los 500 Años de la llegada de los frailes dominicos a México, el 25 de julio de 1526; fueron doce religiosos, número simbólico que evoca a los doce apóstoles elegidos y enviados por Jesús, el Maestro Divino, a la predicación del Evangelio. Sus nombres: fray Pedro Ortiz, fray Vicente de Santa Ana, fray Diego de Soto Mayor, fray Pablo de Santa María, fray Justo de Santo Domingo, fray Pedro Zambrano, fray Gonzalo Lucero (diácono), Fray Bratolomé de Calzadilla, fray Domingo de Betanzos, fray Diego Ramírez, fray Alonso de las Vírgenes y fray Vicente de las Casas (novicio). Fueron estos religiosos, junto con otros doce frailes franciscanos, los primeros evangelizadores de México. Un par de años antes, habían llegado doce frailes franciscanos.

Iniciaron el servicio evangelizador con el anuncio de un Dios Padre fuente de vida, en quien tienen su origen todas las criaturas del cielo y de la tierra, de su enviado Jesucristo salvador y del Espíritu Santo que convoca a la humanidad a vivir en comunión fraterna y solidaria, desde el reconocimiento de los derechos esenciales a la vida y respeto y dignidad humana de todo hombre y mujer y de sus instancias de gobierno y cultura, de su tierra y libertad, de sus costumbres y tradiciones, en oposición a la practicas de dominio y sumisión que exigían los conquistadores. En este estilo de predicación he de destacar a Fray Pedro de Córdova, Fray Bartolomé de Las Casas y Antonio de Montesisnos, inspirados en la Escuela del Derecho de Salamanca, que impugnó los derechos de la conquista, y propició el nacimiento del derecho internacional.

Los frailes dominicos primeros, llamaron “naciones” a las diversas etnias originarias: nahual, chichimeca, mixe, zapoteca, chontal, maya, zoque, tzotzil, tzeltal, chol, mame, tojolabal, cachiquel, quiché… Les hablaron en sus propias lenguas, construyeron sus gramáticas y diccionarios, uno e los frailes, fray Domingo Vico, escribió el libro Theología Indorum en la lengua quiché, esforzándose por incorporar los saberes teológicos de los pueblos originarios.

Otro de los frailes, fray Bartolomé de las Casas, a quien el rey Carlos I de España y V de Alemania , emperador, nombró obispo de Chiapa y el Papa Inocencio III lo confirmo como primer obispo de Chiapa, escribió el libro “Del Único Modo de predicar la Palabra de Dios” y ese, De Único Modo,,, consiste en anunciar, digamos la doctrina cristina, sin presión alguna, ni amenaza de ningún tipo, esperar la respuesta de quien la escucha, método que no siempre se cumplió; Fray Bartolome, junto con su hermanos dominicos, fueron muy críticos de los gobiernos de sus tiempo y escuchados y respetados, aunque no siempre, y tuvieron que sufrir grandemente por ello.

En el proceso evangelizador, los frailes dominicos crearon cuatro provincias, según su estilo de nombrar a sus instancias mayores de gobierno: Provincia de Santiago de México, 1532, la entidad originaria que dio a luz a las otras, Provincia de San Vicente Ferrer de Chiapa y Guatemala, 1551; san Hipólito de Oaxaca, 1592, y los Santos Ángeles de Puebla,1656, y la Vicaría Misional de Sierra Gorda, en Querétaro 1687 a 1859 y la Vicaría en Baja California Misional 1773 a 1859, a pesar de que el decreto gubernamental de secularización de las misiones se dictó en 1833. En estos dos últimos casos, Misión Sierra Gorda, la primera preocupación de los misioneros dominicos, fue la lucha por la recuperación de la tierra para sus pobladores que les fue arrebatad, expulsados y reducidos a las regiones montañosas y de su dignidad de pueblo jonace-chichimeca, despojado y marginado. En la Misión de California, de pobladores seminómadas, tierras semidesérticas, crearon pueblos de vida en “república”, en sociedad, para ello era necesario hacer productiva la tierra, a fin de que se pudieran asentar y alimentar las familias y vivir en sociedad, y dejar el nomadismo en el que vivían en busca de su alimentación.

Tanto en estos lugares como en otros varios en que los pobladores vivían dispersos, animaron a las gentes a formar pueblos, ayuntamientos con sus cabildos, a crear escuelas, iglesias, coros musicales. Se dio un gran desarrollo intelectual, centros de estudios superiores de filosofía, teología, derecho en los conventos, escuelas para los pueblos, universidades pontificias, estudios superiores, colegios para el estudio de las lenguas nativas.

El arquitecto chiapaneco Dr. Fredy Ovando Grajales escribe de un escuela de arquitectura en el convento de Santo Domingo Ciudad Real, 1550, ahora San Cristóbal de Las Casas, bajo la dirección del maestro arquitecto fray Vicente de Santa María, “que enseñó a los frailes el arte de edificar”; cita a 12 arquitectos frailes, y, entre sus obras, se encuentra la fuente de Chiapa de Corzo y el mismo convento e iglesia, el convento e iglesia de Comitán, iglesia y convento de Tecpatán, Copanaguastla, San Bartolomé de los Llanos; en Santo de Santo Domingo San Cristóbal, iglesia y convento, Iglesia de Palenque, Tila, Chilón, Yajalón, Chamula… y en general la mayor de las antiguas iglesias de las antiguas parroquias de Chiapas.

Ante todo, por medio de predicación, enseñanza religiosa y testimonio de vida, a pesar de sus fallas, los frailes llevaron la Palabra de Dios a los pueblos de Chiapas y de la región colindante de Tabasco de la Etna zoque y chontal. Si, sembraron la fe católica en todas las etnias del estado y de la colindante Guatemala y Oaxaca; El Salvador, Honduras, Panamá, predicando la Palabra de Dios en las lenguas de los pueblos originarios, convirtiendo a los pueblos a la fe católica. Testimonio de esta labor es el catolicismo vigente en Iglesias de la república mexicana. Sin exclusivismo, pues bien sabemos, del trabajo de las diversas ordenes; franciscanos, agustinos, carmelitas, mercedarios y el gran servicio dado también por los sacerdotes seculares diocesanos y los obispos, con el primero Fray Bartolomé de Las Casas, quien trajo para empezar la predicación a 25 frailes dominicos en 1545, seguidos de otros muchos más.

Sucede, únicamente, que, en este momento, nos toca celebrar, con gozo los 500 Años de la llegada de frailes dominicos a Mexico y de su permanencia y misión. Un servidor ha publicado el libro “Misión Dominicana entre los Pueblos Originarios de México, Siglos XVI al XXI”, que está a su disposición, aquí en Santo Domingo y en algunas librerías de la ciudad.

Fray Pablo Iribarren O. P., 26 de julio 2026.

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