20/08/2026
Fidel y la lección de Cuba: lo que la clase trabajadora debe saber
Por: Virginia Valdivia Cervantes
¿Te has fijado en cómo los medios nos enseñan al hablar de Cuba? Siempre nos dicen que allá todo es un fracaso. Pero vale la pena preguntarse quiénes nos lo dicen: casi siempre son los mismos empresarios que pagan sueldos de hambre, los políticos que despojan a los trabajadores o quienes nos persiguen en la frontera. Si lo piensas dos veces, resulta bastante sospechoso.
Para entender la historia sin rodeos hay que empezar por nuestra vida cotidiana. En el capitalismo, casi todo se compra y se vende. Si tienes dinero pagas renta, buena escuela y hospital privado; si no tienes, te resignas. La gran mayoría de nosotros solo tenemos nuestra fuerza de trabajo para vender. En este sistema, la prioridad nunca ha sido que a las familias trabajadoras les vaya bien, sino que la cuenta del patrón siga creciendo.
Antes de 1959, Cuba funcionaba bajo esa misma lógica, pero de forma extrema. Era el casino, el prostíbulo y la finca privada de las corporaciones estadounidenses. Mientras las élites se daban la gran vida bajo la dictadura de Batista, los campesinos vivían en la miseria y los niños morían por enfermedades curables. Cansados de esa humillación, los trabajadores, campesinos y estudiantes se unieron con Fidel Castro al frente para decir "basta". Y el pueblo los apoyó masivamente, no por capricho, sino porque era su única oportunidad de vivir con dignidad.
Esa decisión de recuperar el país tuvo consecuencias inmediatas. Al nacionalizar los recursos, Cuba enfrentó la hostilidad directa de Estados Unidos. Intentaron invadirla en 1961 y fracasaron. Intentaron asesinar a Fidel más de seiscientas veces y fracasaron. Entonces impusieron el bloqueo: asfixia calculada para generar hambre, apagones y escasez, y que el pueblo se volviera contra su Revolución. Es un desastre humanitario provocado, como lo que ocurre hoy en Gaza. Imagínense: ¡Lleva más de sesenta años! Y eso que la ONU lo ha condenado año tras año.
A pesar de ese cerco, Cuba logró lo que ningún país pobre de la región: esperanza de vida de 78.6 años, superior a los 76 de México; 75 mil médicos, uno por cada 131 habitantes, la cifra más alta de América Latina; educación gratuita y universal con 99% de alfabetización. Cuando llegó el Covid, desarrolló sus propias vacunas y las compartió sin chantajes. El presupuesto de 2025 destina el 71% a salud, educación, seguridad social y cultura. Y cuando un huracán golpea la Isla, el pueblo se organiza, los médicos salen a las calles. Esa capacidad de organización es una lección que deberíamos aprender.
Ahora comparen con nuestra realidad. Mientras en México pagamos consultas privadas o esperamos horas en el IMSS, en Cuba la salud es gratuita. Mientras aquí la educación se desmorona, allá todos los niños van a la escuela. Mientras aquí vivimos con balaceras y desapariciones, en Cuba no hay narco ni violencia. Y todo esto lo han logrado a pesar del bloqueo. Con menos recursos han hecho más. La diferencia no es de dinero, es de prioridades. Fíjense hasta en el deporte: Cuba, un país pequeño y bloqueado, durante años compitió en los Juegos Olímpicos y obtuvo mejores resultados que México. ¿Cómo es posible? Porque allá invierten en el deporte como invierten en la salud y la educación: como un derecho, no como un negocio.
Pero el ejemplo cubano va más allá de sus fronteras. Cuando el apartheid sudafricano oprimía a los negros, Cuba envió a sus hijos a luchar codo a codo con ellos en Angola, y Nelson Mandela reconoció que sin esa ayuda el racismo no habría caído. Cuando Vietnam era bombardeada por Estados Unidos, Cuba fue el único país que envió soldados y sangre. Cuando el mundo le dio la espalda a los niños de Chernóbil, Cuba los acogió y los curó. Cuando el Ébola y el Covid golpearon, sus médicos estaban en la primera línea. Y mientras los gobiernos de América Latina abandonaban a sus analfabetas, Cuba llevó su método "Yo, sí puedo" y enseñó a leer a más de diez millones de personas en treinta países. Siempre al lado de los que sufren, sin pedir nada a cambio. ¿Qué país rico puede decir eso? Ninguno.
Entonces, ¿por qué nos empeñamos en creer que Cuba es un fracaso? Porque la imagen que muchos tienen de Fidel es la misma que repiten Trump y los empresarios que nos llaman ladrones y nos persiguen con el ICE. Los mismos que nos desprecian son los que nos dicen qué pensar de Cuba. ¿No les parece sospechoso? Saben que si entendiéramos lo que logró, empezaríamos a preguntarnos por qué aquí no tenemos educación gratuita, por qué nuestros enfermos mueren esperando atención, por qué vivimos con miedo. Hay políticos en América Latina que le abren las puertas a Estados Unidos vendiendo su país. Esos mismos repiten las mentiras contra Cuba.
Cuba no es perfecta. La escasez es real. Pero esas carencias no nacen solamente de sus gobernantes, sino del cerco criminal del imperio. Su ejemplo es vibrante: a pesar del bloqueo, el hambre y los apagones, su pueblo no se rinde. Porque han entendido que la vida, la salud, la educación y la dignidad valen más que la ganancia de unos pocos.
Pregúntense: ¿cómo es posible que un país bloqueado haya logrado más en salud y educación que el nuestro?
No nos dejemos engañar. No les permitamos convencernos de que otro mundo no es posible. Fidel vive en cada trabajador que se niega a creer que el capitalismo es el único camino. Vive cuando un pueblo defiende su dignidad y no se doblega ante naciones poderosas ni ante ricos prepotentes. Vive cuando entendemos que los trabajadores merecemos vivir mejor y que nuestra unidad es nuestra mayor fuerza. Que su ejemplo nos acompañe siempre.