Cesavecol

Llamar Cómo llegar

Cesavecol Cesavecol colabora con los productores de la entidad para disminuir las pérdidas económicas en los

  | Mientras muchos corrían por salvar sus propias vidas en medio del t3rr3m0t0… hubo quienes también lucharon por salva...
28/06/2026

| Mientras muchos corrían por salvar sus propias vidas en medio del t3rr3m0t0… hubo quienes también lucharon por salvar la de un ser que no podía pedir ayuda.

Debajo de toneladas de escombros, este perrito resistía con miedo, dolor y esperanza… hasta que unas manos decidieron no abandonarlo. Primero le dieron agua… luego una segunda oportunidad para seguir viviendo.

A veces, en medio de tanta tr@g3di@, aparecen actos que nos recuerdan que la humanidad todavía existe. 🐾💔

25/06/2026

Definitivamente... México golea a la IA. 🤣 😝😝

Me dijo mi papá:  - Hijo cuando te compres el iPhone me regalas tu celular viejito Yo le respondí - a mi nunca me diste ...
23/06/2026

Me dijo mi papá: - Hijo cuando te compres el iPhone me regalas tu celular viejito

Yo le respondí - a mi nunca me diste algo usado, siempre me diste lo mejor y siempre me decías que no me preocupara por el dinero mientras yo estudiaba.

Hoy Consintiendo a mis papás ❤️❤️
Después me compro mi iPhone📱

“Mi admiración siempre a mis padres, porque a pesar de ser CAMPESINOS me dieron mi profesión trabajar en el campo es muy bonito pero muy cansado y pesado. Gracias por darme todo”. 👏🏻👏🏻

QUE DIOS SE LO MULTIPLIQUE

22/06/2026

🚨 ¡NOTICIA DE ÚLTIMA HORA! 🚨

​De acuerdo con el reconocido periodista John Sutcliffe de ESPN, se ha dado a conocer que Guillermo "Memo" Ochoa será el portero titular para el partido de la Selección Mexicana contra Chequia este próximo miércoles.

​Esto debido a que el cuerpo técnico planea realizar algunas rotaciones en el equipo para darle descanso a varios jugadores. Además, el grupo está más unido que nunca; son una auténtica familia y quieren rendirle este enorme reconocimiento a Paco Memo para que esté con su gente en la cancha del Estadio Azteca.

​Qué mejor escenario que un homenaje en plena Copa del Mundo para despedir a una leyenda gracias a su gran trayectoria. 🏟️✨
​Se viene el último baile de Memo Ochoa. ¡Gracias por todo, Memo! 🇲🇽

Mi esposa y yo acompañamos a nuestro adolescente de 16 al cine les compro los boletos y los acompaño a dulceria porque l...
13/06/2026

Mi esposa y yo acompañamos a nuestro adolescente de 16 al cine les compro los boletos y los acompaño a dulceria porque luego.los quieren mal atender y esperamos a que entren a la sala ,tanteo el tiempo de la movie y le doy 30 minutos más para que andén jugando en las máquinas de peluches o videojuegos y le marco desde el estacionamiento para decirle que cuando esté listo se despida para no avergonzarlo delante de sus amigos.
Me moriría si algo llegará a pasarle mientras tenga padre y madre ahí estaremos a la distancia pero estaremos.

Indigna a la sociedad colimense el aberrante maltrato al caballo de El Trapiche. La ciudadanía no está pidiendo compasió...
24/05/2026

Indigna a la sociedad colimense el aberrante maltrato al caballo de El Trapiche. La ciudadanía no está pidiendo compasión: está exigiendo justicia y que este caso no quede impune.

Autoridades ya iniciaron las investigaciones correspondientes para dar con el o los responsables y aplicar todo el peso de la ley. Organizaciones protectoras de animales y ciudadanos han alzado la voz para exigir un castigo ejemplar, recordando que el maltrato animal es un delito y no debe normalizarse bajo ninguna circunstancia.

Ya basta de tantos agravios contra nuestros animales. Ellos también sienten dolor, miedo y abandono. No pueden defenderse ni hablar por sí mismos, por eso como sociedad tenemos la responsabilidad de protegerlos y denunciar cualquier acto de violencia o crueldad.

El caso ha generado indignación y tristeza entre habitantes de Colima, quienes esperan que las autoridades actúen con firmeza y sensibilidad para que hechos como este no vuelvan a repetirse.

23/05/2026

😮⚠GANÉ CUARENTA MILLONES EN EL MELATE Y ANTES DE CONTÁRSELO A MI FAMILIA LES PEDÍ 50 MIL PESOS PARA UNA OPERACIÓN FALSA. QUERÍA SABER QUIÉN ME QUERÍA CUANDO TODAVÍA PARECÍA POBRE. MIS HERMANOS ME HUMILLARON FRENTE A UNA CARNE ASADA. UNA VECINA VIUDA ME OFRECIÓ SUS ÚNICOS 1,200 PESOS. Y ESA TARDE ENTENDÍ QUE LA SANGRE NO SIEMPRE ES FAMILIA.🥹😭⚠

El patio de mi hermano Memo olía a arrachera, chorizo, cebollitas asadas y cerveza cara.
Todos reían.
Todos brindaban.
Todos hablaban fuerte, como habla la gente que nunca teme quedarse sin nada.
Yo estaba sentado en la orilla de la mesa con mi camisa más decente, una camisa tan lavada que el cuello ya se vencía.
Me llamo Sebastián.
Tengo una panadería chiquita en el garaje de mi casa.
Durante años me levanté a las tres de la mañana para hornear conchas, bolillos, cuernitos y empanadas, mientras mis hermanos presumían camionetas, viajes y relojes.
Ese domingo los miré comer como reyes y esperé a que todos tuvieran el plato lleno.
Luego hablé.
“Memo… Susana… necesito ayuda”.
Mi hermano se limpió la grasa de la boca con una servilleta.
“A ver, Chano. Si vas a pedir prestado, te aviso que ando corto”.
Lo dijo con una cerveza importada en la mano y una camioneta nueva estacionada afuera.
Susana, mi hermana, se acomodó el collar de oro.
“Ay, Sebastián, otra vez con tus emergencias”.
Tragué saliva.
Saqué un papel doblado.
“Es mi ojo. El doctor dice que tengo catarata avanzada. Si no me opero en dos semanas, puedo perder la vista del lado derecho”.
La risa se apagó apenas un segundo.
“¿Cuánto?”, preguntó Memo.
“Cincuenta mil pesos”.
Memo soltó una carcajada seca.
“¿Cincuenta mil? ¿Tú crees que el dinero crece en los mezquites?”
“Te los pago”, dije. “Como sea”.
Él levantó las cejas.
“Con tu panadería de garaje, ¿o cómo?”
Algunos primos bajaron la mirada.
Otros fingieron revisar el celular.
Susana suspiró, como si mi enfermedad le estuviera arruinando el postre.
“Sebastián, también tienes que aprender a administrarte. Dios ayuda, pero uno debe ser competente”.
“Te fuiste a Europa hace dos meses”, le dije.
Su cara se endureció.
“Eso fue diferente. Fue inversión en mi matrimonio”.
Volteé hacia Memo.
“Tú compraste una lancha”.
“Eso es mi dinero”, respondió. “Y no voy a descapitalizarme por tu ojo”.
Mi ojo.
Como si fuera una llanta ponchada.
Como si no fuera mi vista.
Como si no fuera mi vida.
Me levanté despacio.
“Está bien”, dije. “Gracias por la prueba”.
Nadie entendió esa última palabra.
Me fui mientras ellos seguían partiendo carne.
Lo que no sabían era que mi vista estaba perfecta.
El diagnóstico era falso.
Me lo había hecho un amigo diseñador para probar algo que me dolía sospechar.
Y lo que tampoco sabían era que en el bolsillo de mi camisa traía un comprobante doblado mil veces.
Tres días antes había cobrado cuarenta millones de pesos.
Cuarenta.
Millones.
Los guardé en una cuenta discreta, sin decirle a nadie, porque primero quería saber quién me iba a tender la mano cuando yo todavía oliera a harina, cansancio y deuda.
Mis hermanos me negaron 50 mil pesos.
Menos que una fiesta de Susana.
Menos que una llanta de la camioneta de Memo.
Menos que una noche de hotel de cualquiera de ellos.
Caminé por la colonia con el pecho lleno de coraje.
Pasé frente a la casa de doña Juana, una vecina viuda que vendía comida corrida a los albañiles.
Siempre estaba de pie antes que el sol.
Siempre con mandil.
Siempre con las manos oliendo a chile, ajo y masa.
“¿Qué cara es esa, mijo?”, me gritó desde la banqueta. “Pareces pan de ayer”.
No quería hablar.
Pero algo en sus ojos me quebró.
“Necesito una operación del ojo”, mentí todavía con vergüenza. “Cuesta cincuenta mil. Mis hermanos no pudieron ayudar”.
Doña Juana no se burló.
No me dio sermones.
No me preguntó por qué no había ahorrado.
Solo se quedó callada, mirando al piso.
Luego dijo:
“Pásale. Te hago café”.
Su cocina era pequeña, limpia, caliente.
Olía a canela, frijoles y hogar.
Me sentó en una silla coja y puso frente a mí un pan de elote recién hecho.
Después abrió la alacena, sacó un bote de arroz y de ahí un rollito de billetes amarrado con liga.
Lo puso en mi mano.
“Solo tengo mil doscientos pesos”.
Me quedé helado.
“Doña Juana, no”.
“Sí”, dijo. “Es para cambiar mi estufa, porque ya anda fugando gas. Pero los ojos no esperan, mijo”.
Sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas de verdad.
“Es todo lo que tiene”.
“Por eso sirve”, respondió. “Porque cuando uno da lo que le sobra, no duele. Cuando da lo que le falta, ahí se sabe quién es uno”.
No pude sostenerle la mirada.
Le tomé la mano.
Estaba áspera.
Caliente.
Honesta.
Y en ese momento decidí algo.
A la semana siguiente, Memo me llamó.
Luego Susana.
Luego tres primos que nunca me felicitaban ni el cumpleaños.
La noticia ya se había filtrado.
Alguien del banco habló de más.
O alguien me vio salir de la oficina donde firmé papeles.
No importaba.
De pronto todos querían verme.
Todos estaban “preocupados”.
Todos tenían “una disculpa pendiente”.
Los cité el domingo en mi panadería.
Llegaron arreglados.
Memo llevó una botella carísima.
Susana apareció con flores y una sonrisa tan falsa que parecía pegada con silicón.
“Chano”, dijo Memo, abriendo los brazos. “Hermano, qué gusto verte mejor”.
“Sí”, respondió Susana. “Nos dolió mucho no poder ayudarte ese día”.
Yo miré sus manos.
Anillos.
Relojes.
Uñas perfectas.
Ningún rastro de culpa.
Los hice pasar.
Pero la mesa principal no estaba puesta para ellos.
Ahí estaba doña Juana, con su mandil limpio, sentada junto a un abogado.
Frente a ella había una carpeta gruesa, unas llaves nuevas y una escritura.
Memo frunció el ceño.
“¿Y ella qué hace aquí?”
Doña Juana bajó la mirada, incómoda.
Yo me puse de pie.
“Ella vino a recibir lo que ustedes perdieron”.
Susana soltó una risa nerviosa.
“¿Qué significa eso?”
El abogado abrió la carpeta.
Memo dejó la botella sobre el mostrador.
“Sebastián, no empieces con dramas”.
Yo saqué de mi bolsillo el rollito de billetes que doña Juana me había dado.
Los mil doscientos pesos.
Los puse en medio de la mesa.
“Ese día les pedí cincuenta mil para salvar mi vista. Ustedes me negaron como si yo fuera basura. Ella me dio todo lo que tenía”.
Memo tragó saliva.
Susana se puso pálida.
Entonces el abogado levantó la primera hoja y dijo:
“Por instrucciones del señor Sebastián Rivas, hoy se formaliza la cesión de…”
No alcanzó a terminar.
Porque Memo vio el monto escrito en la hoja y golpeó la mesa.
“¡Estás loco! ¡No le puedes dar eso a una desconocida!”
Yo lo miré fijo.
“No es una desconocida”.
La panadería quedó en silencio.
Doña Juana empezó a llorar sin entender todavía.
Y antes de que mis hermanos pudieran seguir gritando, el abogado sacó una segunda carpeta

23/05/2026

😱🔥‼️Mi nuera me citó a las 8:30 para una cena que empezó a las 6, y cuando llegué solo quedaba la cuenta; mi hijo se burló diciendo “siempre tan perdida, mamá”, pero cuando llamé al gerente y descubrieron quién era yo en ese restaurante, sus caras se quedaron sin color😡⚠🥹
—Llegaste tarde, suegra… pero justo a tiempo para pagar la cuenta —dijo mi nuera, levantando su copa vacía como si estuviera brindando por mi humillación.
Mi hijo se rió con ella.
—Ay, mamá, siempre tan despistada. ¿Cómo se te ocurre llegar cuando ya terminamos?
Me quedé parada en la entrada del restaurante Jardín de la Alameda, en la colonia Roma, con mi bolso café apretado contra el pecho y el corazón golpeándome como si quisiera salirse. Eran las 8:30 de la noche. Ni un minuto más. Ni un minuto menos.
Yo no llegaba tarde.
Había llegado exactamente a la hora que Valeria me había mandado por WhatsApp.
Saqué el celular con la mano temblorosa y abrí el mensaje.
“Cena de aniversario, 8:30 p.m., Jardín de la Alameda. No faltes, suegrita.”
Ahí estaba.
Claro.
Frío.
Perfectamente escrito.
Pero la mesa al fondo ya estaba destruida: platos vacíos, copas manchadas de vino, servilletas arrugadas, restos de langosta, carne, postres caros, botellas de champaña y 9 personas viéndome como si yo fuera la parte final del espectáculo.
Valeria estaba sentada junto a mi hijo Sebastián, usando un vestido negro ajustado y el cabello peinado en ondas perfectas. Su mamá, Doña Patricia, llevaba perlas falsas y una expresión de triunfo. También estaba su hermana Renata, 2 primos, una tía y 3 personas que yo apenas conocía.
Nadie se levantó.
Nadie me saludó.
Nadie preguntó si quería cenar.
El mesero apareció a mi lado con una carpetita negra.
—La cuenta, señora.
La abrí.
68,400 pesos.
Sentí que el aire se volvía pesado.
Habían pedido lo más caro: champaña francesa, cortes importados, langosta, entradas que ni siquiera sabía pronunciar, postres de frutos rojos y varias botellas de vino.
Valeria observaba mi cara con una sonrisa pequeña, deliciosa, cruel.
—No te preocupes, suegra —dijo—. Sebastián nos dijo que tú siempre ayudas. Además, para eso es la familia, ¿no?
Mi hijo bajó la mirada.
No dijo nada.
Y ese silencio dolió más que la burla.
Mi nombre es Elena Robles. Tengo 68 años. Fui contadora durante casi 40 años en una firma de auditoría en Reforma. Crié a Sebastián sola desde que mi esposo, Armando, murió de cáncer cuando nuestro hijo tenía 13.
Yo pagué sus estudios.
Yo pagué sus uniformes.
Yo vendí mis aretes de oro cuando entró a la universidad.
Yo trabajé fines de semana para que él pudiera hacer su especialidad.
Yo me quedé sin vacaciones, sin vestidos nuevos, sin una vida propia, porque creí que una madre debía sostener a su hijo hasta verlo de pie.
Y esa noche, sentado frente a mí, mi hijo no era un hombre de pie.
Era un hombre escondido detrás de la sonrisa de su esposa.
—¿Vas a pagar o no? —preguntó Valeria, fingiendo dulzura—. Porque ya cerramos la cena y tenemos que irnos.
Entonces entendí todo.
No había sido un error.
Ellos habían reservado a las 6.
Comieron durante más de 2 horas.
Y a mí me citaron a las 8:30 para que llegara cuando ya no quedara nada, solo la cuenta y la vergüenza.
Respiré hondo.
Muy hondo.
Y algo que llevaba años dormido dentro de mí despertó.
No saqué mi tarjeta.
No abrí mi cartera.
Levanté la mano y llamé al gerente.
—Rodrigo, ¿puedes venir un momento?
Valeria dejó de sonreír.
Solo un segundo.
Pero yo lo vi.
Rodrigo Santillán, gerente del Jardín de la Alameda, se acercó con su traje azul marino, impecable como siempre. Había conocido a Rodrigo cuando apenas era mesero, muchos años atrás. Su madre, Mercedes, trabajó conmigo en la firma contable. Cuando ella enfermó, yo ayudé a Rodrigo a organizar sus cuentas, pagar deudas y salvar el pequeño restaurante familiar que después se convirtió en uno de los sitios más elegantes de la zona.
—Buenas noches, Doña Elena —dijo él, inclinando la cabeza con respeto real.
La mesa entera se quedó quieta.
Valeria parpadeó.
—¿Se conocen?
Yo no le respondí.
Miré a Rodrigo.
—Dime, por favor, ¿a qué hora estaba reservada esta mesa?
—A las 6:00 de la tarde, señora.
El silencio cayó como una piedra.
Renata dejó de reír.
Sebastián levantó la mirada de golpe.
—¿Y a qué hora me dijeron que llegara a mí? —pregunté, mostrando el mensaje.
Rodrigo leyó la pantalla.
—8:30 p.m.
—Gracias.
Valeria intentó intervenir.
—Ay, fue una confusión, Elena. No hagamos drama.
Rodrigo no se movió.
—Además, Doña Elena, su mesa privada estuvo lista desde las 6:00, como siempre. La esperábamos en el salón lateral.
La mamá de Valeria frunció el ceño.
—¿Su mesa privada?
Rodrigo respondió con una calma perfecta:
—Claro. Doña Elena es socia minoritaria del restaurante desde hace 11 años. Tiene participación del 18% en Jardín de la Alameda.
Vi cómo la cara de Valeria perdía color.
Sebastián se quedó con la boca entreabierta.
—¿Socia? —murmuró mi hijo.
Me senté despacio en la silla vacía que habían dejado para mí, más como trono de burla que como lugar en la mesa. Abrí mi bolso y saqué una libreta color vino.
La misma libreta donde, durante 3 años, había anotado todo.
Cada préstamo.
Cada promesa.
Cada mentira.
Cada humillación que me tragué para no perder a mi hijo.
—No voy a pagar esta cuenta —dije.
Valeria soltó una risa nerviosa.
—¿Cómo que no?
Abrí la libreta.
—Porque esta noche no vine a pagar. Vine a cerrar cuentas.
Sebastián tragó saliva.
—Mamá, por favor…
Levanté la vista.
—No, Sebastián. Hoy me toca hablar a mí.
Y mientras todos los ojos de esa mesa se clavaban en la libreta, entendí que por primera vez en mucho tiempo ya no estaba temblando de miedo.
Estaba temblando de fuerza.
Porque lo que ellos no sabían era que esa cuenta de 68,400 pesos era apenas una migaja comparada con todo lo que yo ya había descubierto.
No se podía creer lo que estaba a punto de pasar…
Continuará en los comentarios 👉...

Sebastián siguió leyendo las hojas con las manos temblando mientras Valeria intentaba asomarse por encima de su hombro Ya no parecía la mujer elegante que brindaba hacía unos minutos Ahora tenía esa cara de la gente que empieza a entender cuánto dependía realmente de alguien a quien nunca respetó La mamá de Valeria preguntó bajito si aquello era una broma legal para asustarlos Rodrigo respondió antes que yo —No El despacho que lleva esos documentos es completamente real

Mi hijo levantó la mirada hacia mí y durante un segundo volvió a parecer el muchacho de veinte años que lloró abrazado a mí cuando murió su papá Eso fue lo peor Porque debajo del hombre cobarde y cómodo en que se convirtió… todavía podía ver al niño que yo crié sola trabajando dobles turnos y vendiendo mis cosas para que estudiara

—¿Me vas a demandar de verdad? —preguntó casi en un susurro

Respiré hondo antes de responder —No, Sebastián Te voy a dejar enfrentar por primera vez las consecuencias de tratar a alguien como si no valiera nada

Valeria explotó inmediatamente Dijo que yo estaba arruinando el matrimonio, que ninguna suegra “normal” hacía algo así y que todo aquello empezó solo porque “me ofendí por una cuenta” Pero ya nadie la escuchaba igual Porque la gente puede fingir mucho tiempo que una mujer mayor exagera… hasta que empiezan a aparecer números, fechas y papeles reales encima de la mesa

Rodrigo pidió discretamente que retiraran la cuenta y ordenó café para mí Ese gesto pequeño casi me hizo llorar más que todo lo demás Porque después de años sintiéndome invisible dentro de mi propia familia, un hombre ajeno acababa de mostrarme más respeto que mi propio hijo

Nos quedamos en silencio varios minutos Afuera seguía pasando gente por la Roma como cualquier viernes normal, pero dentro de aquella mesa algo ya se había roto definitivamente Sebastián finalmente cerró la carpeta y empezó a llorar bajito No fuerte No dramático Llorar cansado Como alguien que por fin se ve al espejo sin excusas alrededor

—Yo nunca quise llegar a esto, mamá Sentí el corazón apretarse horrible Porque le creí De verdad le creí Sebastián no despertó un día queriendo humillarme Solo se fue acostumbrando poco a poco a dejar que otros lo hicieran mientras él miraba hacia otro lado

Y eso también destruye familias

Valeria seguía furiosa diciendo que todo era manipulación mía para separarlos Entonces mi hijo hizo algo que nadie esperaba Se levantó lentamente de la silla y le pidió que se callara La mesa entera quedó congelada —Basta, Vale Su voz salió rota —Mi mamá tiene razón

Ella lo miró como si acabara de traicionarla Pero quizá lo que más miedo da en una relación es cuando la persona que siempre guardó silencio finalmente empieza a decir la verdad

Esa noche no pagué la cuenta Rodrigo la cargó directamente al corporativo de Sebastián porque la reservación estaba a nombre de su despacho Qué ironía Después de planear hacerme quedar como una vieja ridícula incapaz de pagar una cena… terminaron saliendo del restaurante perseguidos por una deuda real y un matrimonio quebrado frente a toda la familia

Yo me quedé un rato más sentada tomando café Rodrigo se acercó antes de cerrar y me preguntó si estaba bien Miré el restaurante vacío, las luces cálidas reflejándose en las copas limpias y la libreta vino todavía abierta junto a mí Y por primera vez en muchos años respondí la verdad

—Todavía no Pero creo que voy a estarlo

Meses después Sebastián empezó a pagar poco a poco todo lo que debía Vendieron la camioneta, dejaron el departamento caro y su matrimonio con Valeria terminó apagándose solo, sin gritos grandes, como se mueren las cosas que ya estaban podridas desde hace mucho tiempo Él empezó terapia y durante bastante tiempo venía a verme todos los domingos aunque al principio casi no hablábamos A veces el amor entre madre e hijo no desaparece Solo queda enterrado debajo de demasiadas decepciones

Y yo aprendí algo importante demasiado tarde

Las madres que dan todo sin límites suelen criar hijos que creen merecerlo todo sin agradecer nada

Por eso aquella noche en Jardín de la Alameda terminó cambiándome tanto

Porque por primera vez entendí que poner límites no era dejar de amar a mi hijo

Era finalmente empezar a amarme también a mí misma

“Nø qu¡erø fløręs en m¡ funerål, qu¡erø crøquętås para løs perr¡tøs callęjērøs”; le cump|en su últ¡mø desęø al pølicía R...
21/05/2026

“Nø qu¡erø fløręs en m¡ funerål, qu¡erø crøquętås para løs perr¡tøs callęjērøs”; le cump|en su últ¡mø desęø al pølicía Rubén Ríøs, as€sinådø pør dęlincuęntęs en C¡udåd Øbregón, Sonora. 🕊️🐾

Antes de part¡r en el cumpl¡miento de su deber, pidió a sus compañeros alimentar a los animalitos en situación de calle. Un gesto de humanidad que hoy conmueve a todo México. 💔

Perdieron mis chivas 😭Quedé 🤡…Ver más
18/05/2026

Perdieron mis chivas 😭
Quedé 🤡…Ver más

Dirección

Tecomán
28120

Horario de apertura

Lunes 8am - 3pm
Martes 8am - 3pm
Miércoles 9am - 3pm
Jueves 9am - 3pm
Viernes 8am - 3pm

Teléfono

013133245070

Página web

Notificaciones

Sea el primero en enterarse: le enviaremos un correo electrónico cuando Cesavecol publique novedades y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin y puede darse de baja en cualquier momento.

Atajos

Compartir