03/06/2026
Suiza y una lección de paisajismo que vale la pena observar 🌿
Estos días estoy recorriendo Suiza y hay algo que se repite en ciudades, barrios y espacios públicos: la presencia de vegetación nativa integrada al paisaje cotidiano.
Lejos de la idea del jardín perfectamente recortado, aquí es común ver praderas con floraciones espontáneas, céspedes que se dejan crecer, bordes naturales y espacios donde la intervención humana es mínima. En muchos casos, las personas simplemente marcan los caminos por donde circulan y permiten que el resto de la vegetación siga su propio ciclo.
Este enfoque no responde a una falta de mantenimiento. Al contrario, es una decisión consciente que favorece la biodiversidad, reduce el consumo de agua, disminuye los costos de gestión y genera hábitats para insectos polinizadores, aves y otras especies que forman parte del ecosistema local.
Las ciudades resilientes entienden que la naturaleza no necesita ser domesticada constantemente para ser bella. La resiliencia urbana se construye respetando los procesos naturales, incorporando especies adaptadas al lugar y evitando intervenciones innecesarias que muchas veces responden más a una estética artificial que a criterios ecológicos.
En contraste, prácticas como el desmoche de árboles o las podas excesivas y sin justificación técnica suelen debilitar la vegetación, reducir sus beneficios ambientales y empobrecer el paisaje.
Además de los jardines, me llamó la atención la arquitectura de algunas viviendas populares construidas con estructuras metálicas modulares, similares a contenedores. Son ejemplos de cómo el diseño puede combinar eficiencia, funcionalidad y sostenibilidad, dialogando con el entorno en lugar de imponerse sobre él.
Comparto algunas imágenes que tomé durante el recorrido. Más que una postal, son una invitación a reflexionar sobre cómo queremos diseñar y gestionar nuestros espacios verdes.
¿Qué opinan? ¿Podríamos adoptar más estrategias de este tipo en nuestras ciudades y jardines?