20/02/2024
LAS PRIMERAS MINAS EN NAYARIT.
Escribir sobre las primeras minas existentes en el Estado de Nayarit, es remontarnos a los años en que este pertenecía al virreinato de la Nueva Galicia cuando por vez primera se descubrieron esos yacimientos minerales que tenían una gran riqueza en oro y plata.
Estos descubrimientos influyo enormemente a la nueva colonización de estas tierras y donde se fundaron nuevas poblaciones que con los años fueron llamados y conocidos como “reales de minas”, en general; y “real de minas” en lo particular.
En nuestro Estado, los más importantes de estos yacimientos auroargentiferos se descubrieron en las jurisdicciones de Compostela, Tepic y Acaponeta.
En Compostela se localizaron: La del “Espíritu Santo”, la de “Los Reyes” y la de “Huitcicila”.
En Tepic fueron la de “Santa María del Oro” y la de “Chimaltitán”.
En Acaponeta las de “Motaje” y la de “Cuyutlán”.
En la obra: “Monografía Geológico-Minera del Estado de Nayarit” (Consejo de Recursos Minerales, México, 1994, pág. 110) nos señala que, la región de Compostela se encuentra ubicada dentro de la Provincia Fisiográfica del Eje Neovolcánico, mismo que se caracteriza por sus volcanes, entre los que sobresalen los volcanes “Sanganguey”, “Tepetiltic”, “San Pedro Lagunillas” y el “Ceboruco”; y que es una zona constituida principalmente por metales auroargentiferos.
Pues bien. Muy cercana a la ciudad de Compostela se descubrió en el año de 1543 la mina del “Espíritu Santo”, misma que es de donde nace la historia de los “Condes de Miravalle”.
La historia de los Condes de Miravalle, nace en el relato que nos dejo Fray Antonio Tello en su obra “Crónica Miscelánea de la Sancta Provincia de Xalisco” .Nacido en España en el año de 1567; Fue Guardián de los Conventos de Zacoalco y de Cocula, además fue el fundador del Convento de Amatlán. Escribió su Crónica en un total de seis libros. Murió en la Ciudad de Guadalajara en 1653 (Jalisco, México).
En su Libro Segundo, Volumen II, Capítulo CLIII, páginas 389-390, el padre Tello nos relata el descubrimiento de las Minas del Espíritu Santo y nos cuenta que:
“Descubriéronse en este año (1543) las minas del Espíritu Sancto, en términos de Compostela, casi milagrosamente, porque habiendo mu**to el capitán Pedro Ruiz, de Aro, uno de los conquistadores y pobladores de aquella Ciudad, quedó su mujer, que se llamaba Leonor Arías, con tres hijas, y tan pobre que le fue fuerza retirarse a una laborcilla o rancho que tenían, que llaman Miravalles, donde vivían en una como choza, miserablemente, con mucha pobreza; pero madre e hijas tan ricas y adornadas de virtudes, como se vio en el premio que Dios les dio, porque además de ser muy siervas suyas, eran muy nobles, por ser Pedro Ruiz de Aro de la Cassa de los Guzmanes y primo del Marqués de Toral. Estando, pues, una tarde madre e hijas labrando a la puerta de su cassa, llegó un yndio, y habiéndola(s) saludado, dixo: “Señora, ¿Tenéis una tortilla quedarme por amor de Dios?” y Leonor Arias respondió: “Siéntate, hijo, y descansa, que si habrá”, y luego mandó a una de las hijas que moliesse un poco de maíz y a otra un poco de chile, con que comió el yndio, y habiendo acabado dixo: “Dios te lo pague, señora, y ten confianza en Dios, que te ha de dar tanto oro y plata, que te sobre(n) muchos millares, que yo te daré una mina de donde la saques, y passando mañana volveré con los metales”.
“Hicolo assí y fuéronlos moliendo en unas piedras o metates, y fundiendo sacaron tejos en tanta cantidad, que en breve hico hacienda y sacó tanto oro y plata, que a los cinco años casó las tres hijas con los tres mayores caballeros que había en Compostela, porque a la una casó con Manuel Fernández de Hijar, a la otra con Don Alvaro de Thovar, y a la otra con Don Alvaro de Bracamonte, y a cada una le dio cien mill pessos de dote, y fueron las minas tan en augmento, que por ellas se pusso Caxa Real en la ciudad de Compostela y vinieron por officiales reales, Pedro Gómez de Contreras, que fue tesorero, y a Diego Díaz Navarrete por contador, y luego después de esto algunos años, se pusso Audiencia Real de cuatro Oydores, Alcaldes Mayores; y era tanta la plata que de aquellas minas resacaba, que se llevaban recuas cargadas a México, de la misma manera que agora se trajina la sal y pescado”.
“Estos tres caballeros, Manuel Fernández de Hijar, Don Alvaro de Thovar y Don Alvaro de Bracamonte, edificaron cassas en el sitio donde su suegra Leonor Arias tenía la choza de su vivienda, y el uno de ellos edificó un palacio tan grande, que en el patio se corrían toros, porque el sitio era muy deleitosso, con unos llanos muy anchos y espaciosos, y por los muchos regalos que allí había, pasatiempos y gustos que con la riqueza tenían los que allí vivían, se llamó la Milpa de Miravalles, siendo tan viciosos, que estando el padre fray Pedro de Almonte una vez en ella, viendo lo que passaba, como prophetizando dixo: “¡Oh milpa, milpa, y como ha de enviar Dios fuego del cielo y te ha de abrasar!”.
“Esto queda ya tocado en otra parte, y lo del puerco que tenía dentro las legiones de demonios, que el sancto padre hechó de él. Y duró la pujanza de estos metales desde el año de 1543, hasta el de mill y quinientos y sesenta y dos, que fueron minorando y baxando de ley”.
Se conoce actualmente, que el período de bonanza de esta mina fue relativamente corto y que de pronto comenzaron a disminuir los minerales y a bajar de ley,; sin embargo, gracias a ese gran auge no tan sólo se vio beneficiada la ciudad de Compostela sino que toda la Nueva Galicia prospero. En la villa de Compostela prontamente se establecieron las primeras Cajas Reales del reino y posteriormente se erigió y se estableció el Obispado de la Nueva Galicia y para 1548, la Audiencia. Esta Jurisdicción de Compostela era inmensa, pues abarcaba hasta lo que hoy en día conocemos como los Municipios de Compostela, San Pedro Lagunillas y Bahía de Banderas.
Posteriormente y según lo relata el propio Fray Antonio Tello (“Crónica Miscelánea de la Santa Provincia de Xalisco”, Guadalajara, Jal. IJAH/U. de G., 1973, pág. 445), la Audiencia de Compostela tuvo noticias de la existencia de yacimientos de plata en algunas regiones de la Nueva Galicia por lo que “determinó pacificar el reino y realizar la búsqueda y explotación de los minerales”.
Así fue: Al Poniente de Compostela se habían descubierto otras minas que fueron llamadas minas “De los Reyes”, y de las cuales se extrajo mucho oro, pero que a los años se dejaron de trabajar porque no había suficientes trabajadores para su laboreo y los mineros carecían de los recursos económicos necesarios para su explotación y fueron abandonadas a mediados de la segunda mitad del siglo XVI.
Sobre lo último escrito líneas arriba, el investigador Don Francois Chevalier, en su obra: “El Occidente de la Nueva Galicia” (en “El Occidente de México”, 4ª Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología, 1947, México, pág. 180) nos señala: “En la primera mitad del siglo XVII se observo una crisis económica, sobre todo en el oeste del reino y que se debió particularmente a la situación demográfica”.
Pero lo anterior no fue motivo para no localizar y explotar las minas de “Huicicila” de las cuales se obtuvieron por algún tiempo gran cantidad de oro y plata, sobreviviendo esta mina hasta los últimos años del virreinato. (De Abascal y Sousa. “Noticias Geográficas, Políticas y Militares de Real Hacienda, Comercio, Agricultura, Minería y Artes de la Provincia de Guadalajara, Reyno de Nueva Galicia”. Archivo General de la Nación. Archivo Histórico de Hacienda, Tomo 197, Expediente 1, 1804, pág. 117).
En la Jurisdicción de Tepic, fueron las primeras minas las de “Santa María del Oro” y la de “Chimaltitán”; pocas vetas auroargentíferas se encontraron y algunas otras minas de cobre. De la primera (Santa María del Oro) sobresalen, ya que durante todo el virreinato se explotaron, fueron las de el “Real del Liso” y la del “Real de Acuitapilco”. De estas, la “Monografía Geológico-Minera del Estado de Nayarit” (México, Consejo de Recursos Minerales, 1994) en su página 115, nos señala que: “En la época actual, la zona mineralizada de Santa María del Oro sigue en actividad, predominando la plata, en menor proporción el oro y algo de cobre”.
Del “Real de Chimaltitán” Don Antonio F. García-Abasolo, en su obra: “Martín Enríquez y la Reforma de 1568 en Nueva España” (Sevilla, España. Impreso en Artes Gráficas Padura, S. A., 1983) en la página 128, nos relata que: “En el real de Chimaltitán se explotó una mina que según la Audiencia del reino, tuvo un auge en 1572, obteniéndose abundante plata”.
De la jurisdicción de Acaponeta, encontramos diversos documentos que nos permiten conocer un poco de detalles y en las que, sobresalieron las minas de “Motaje” y la de “Cuyutlán”, y que nos señalan que para el año de 1653 se explotaban ya las minas de “Nuestra Señora de la Limpia Concepción”; esta última, en base a la información escrita y encontrada en el Archivo General de la Nación-Varios, Año de 1653, Volumen 2782, Expediente 34, Foja 14.
En el año de 1692 se denunció en Acaponeta una mina que estaba despoblada dentro de la estancia de Chilapa, en donde dos mineros que habían hecho una sociedad, tenían desacuerdos para la explotación de sus minas. (Archivo General de la Nación. Archivo de la Real Audiencia, Ramo Civil, Caja 41-13, Expediente 552).
Igualmente encontramos que en el año de 1756, el minero Joachín García Caballero murió dejando sus bienes tanto en las minas de Motaje como en las minas y haciendas del real de Nuestra Señora del Rosario, los cuales fueron evaluados y se pusieron en venta y remate. (Archivo General de la Nación. Archivo de la Real Audiencia, Ramo Civil, Caja 57-10, Expediente 721, 1Ofs).
Mucho queda por investigar sobre las minas que existieron en lo que actualmente es el Estado de Nayarit. Importante es señalar en ese estudio las demás minas existentes en lo que fue toda la Nueva Galicia, pues son de vital importancia para el desarrollo nayarita del Siglo XXI. Conocer sus historias y ubicaciones nos enriquecerían cultural y económicamente.
Entre ellas, a estudiar, bien sería la de San Sebastián del Oeste, mismo que se encuentra situado en la ladera de nuestra Sierra Madre Occidental y que en el virreinato fue un importante “real de minas” por su gran producción de plata. Este poblado fue fundado como “villa” en el año de 1556 por Don Francisco de Ibarra y sus minas fueron descubiertas hasta el año de 1605.
Inmediatamente al poblado de San Sebastián del Oeste, se descubrieron también las minas conocidas como “minas de Hostotipac”, descubiertas estas, por un indígena llamado Don Diego Felipe y a los años fue llamado como “Real de Hostotipac” o “Real de la Resurrección” y fue localizado en la parte más alta de toda la Nueva Galicia, a 2,400 metros sobre el nivel del mar.
De las minas de Hostotipac, la más importante fue la conocida como “El Tajo”, que según nos lo relata Don Jorge Chávez, en su libro “San Sebastián: del olvido al siglo XXI” (En “Estudios Jaliscienses 34, Zapopan, Jalisco, México. El Colegio de Jalisco, 1998, páginas 21 y 25) que: “Producía oro, propiciando un auge económico en gran parte del siglo XVII”.
También sobre las minas de Hostotipac, Don Alonso de la Mota y Escobar, en su obra: “Descripción geográfica de los reinos de Nueva Galicia, Nueva Vizcaya y Nuevo León” (Colección Histórica de obras facsimilares, 1, IJAH, Guadalajara, Jal, 1966, páginas 124 y 133) nos señala que: “En las cercanías de Hostotipac había otros tres reales, que tenían 10 haciendas de beneficio de azogue, con cinco ingenios de agua y las demás de mulas”.
Igualmente, sobre esto mismo, nuestro primer cronista, Don Domingo Lázaro de Arregui, nos cuenta que en la comarca de Hostotipac se encontraban algunos pueblos con muy pocos indígenas y consideraba que las minas de la Resurrección eran las más productivas en la región. (Lázaro de Arregui. Domingo. “Descripción de la Nueva Galicia”, estudio preliminar de Francois Chevalier, Guadalajara, Jalisco, México, UNED/Gob. De Jalisco, 1980, páginas 124 y 133). “Y hacia las minas de Hostotipac, que están al norte sobre una muy alta serranía, están los pueblos de Acatitlán, Atengo, Mascota, Talpa, Sacatongo, Tepocoacan, Amatlán, Xalatzingo, Chistic, que todos son tan pequeños que el que es mayor no tiene 15 indios…” y “El cerro donde está el real de la Resurrección es el más alto que hay en estas serranías de por acá y de él se ve muy bien la mar del Sur y las islas Marías, valle de Banderas y toda su costa, porque, además de ser muy alto, sus faldas caen en la misma costa y valle de Banderas, y es la misma serranía que hace el cabo de Corrientes, muy cerca de este lugar”, y que también “Tiene esta jurisdicción unos pueblos de indios que están entre Aguacatlán y las minas, a esta parte, llamados Camotlán, Capotean, y Ostoctipac; todos tienen 119 tributarios, que los había más el año de 610. Son estas minas las de más contratación de por acá. Administran la doctrina en estos reales tres clérigos. La elevación de polo de estos reales, es de poco más de 20 grados. Sacaránse en todos ellos más de 150,000 pesos de plata en cada año”.
Por último y para no hacer más largo este pequeño estudio de divulgación histórica sobre las primeras minas en el Estado de Nayarit, señalaremos las de la provincia de Xocotlán, en donde se localizaban los reales de minas conocidos como: “Guaxacatlán, Ixtlán, Amaxaque y Xora”.
Las minas de Guaxacatlán se poblaron en el año de 1547 y para el año de 1582 encontramos que ya había disminuido drásticamente su explotación por falta de gente para trabajarlas y beneficiarlas. Esto, sobre el número reducido de indígenas, fue una de las causas principales de que la gran mayoría de las minas de oro y plata, fueran abandonadas por “los empresarios mineros”, nos lo relata Don Jaime Olveda, en su estudio: “La colonización de la costa meridional neogallega” (En “Estudios Jaliscienses 16, Zapopan, Jal. El Colegio de Jalisco, 1994, pág. 55)
El “Real de Amaxaque” -“Junta de ríos”- explotaba plata y algo de oro y tenía 2 ingenios de agua. Y las minas de “Xora” -“lucero”- estaban en una sierra muy alta y fueron descubiertas en el año de 1583 con vetas de subida ley que se beneficiaban con azogue. Tuvieron una época de bonanza en el año de 1619 como nos lo relata Fray Francisco Mariano de Torres, en su “Crónica de la Sancta Provincia de Xalisco” (H. Ayunt. De Guad/ IJAH, INAH, 1965, página 150) y gracias a ese auge, se realizó la construcción de una nueva alcaldía mayor en el año de 1621, con título de “Minas de Jora”.
De los poblados de Aguacatlán y Xala acudían los indígenas a las minas comarcanas a laborar en ellas (Celia Islas Jiménez. “Metalurgia prehispánica y colonial en el oeste de Nueva Galicia”. Colección Rescate N.º 8. CONACULTA, INAH-Nayarit/ Fundación Nayarit, página 25); también se enviaban bastimentos.
Don José Fernando de Abascal y Sousa, en su obra: “Noticias Geográficas, Políticas y Militares de Real Hacienda, Comercio, Agricultura, Minería y Artes de la Provincia de Guadalajara, Reyno de Nueva Galicia”. (Archivo General de la Nación. Archivo Histórico de Hacienda, Tomo 197, Expediente 1, 1804, pág. 117), comenta que en la comarca de Aguacatlán había minas de cobre.
(Enrique S. De Aguinaga Cortés, historiador-investigador XLII Ayuntamiento de Tepic-SUTSEM).