12/08/2026
Los primeros lugares
La noticia causó diferentes reacciones en los niños. La educadora comunicó que uno de los niños había sido reconocido con el primer lugar en la escuela. Lo primero que ocasionó la noticia fueron sonrisas; lo segundo, ‘asombro’ y, en tercer lugar, hasta burla. Todos comenzaron a decir una y otra cosa sobre los primeros lugares.
“No lo creo”, dijo uno.
“Copio en el examen”, dijo el otro.
“Yo podría ganarle”, afirmó uno más.
Otros niños, que estaban por allí, con una actitud indiferente, empezaron simplemente a irse, mostrando nulo interés en la conversación. El niño premiado, en cambio, nos veía a todos con una sonrisa dibujada en su rostro. ¡Se veía contento! En ningún momento respondió a las expresiones que se escuchaban, y a las actitudes que se veían. ¡Simplemente reía! Era perceptible que la noticia que había recibido, le bastaba para estar alegre, contento, orgulloso.
Competir es diferente a compartir. Quien compite, vive comparándose, y no suele disfrutar las victorias del otro. Quien comparte, en cambio, da algo de sí a los demás. Las competencias crean desigualdades, cuando se comparte, se estrechan las distancias. Las competencias dividen, fraccionan, cuando se comparte, en cambio, se busca la unidad, que todos participen en algo común. Competir o compartir es una elección; cada uno elige el camino.
Cuando llegó el momento de la comida, ya sentados todos alrededor de la mesa, busqué mis primeros lugares. Y así de repente, comenzó la fiesta de los premios. “Quien es el niño más simpático”, exclamé, y todo señalaron a uno. “Quien es el más alegre”, continué, y señalaron a otro. “Quien es el que más ayuda”, y otro más fue el reconocido. “Quien es el más dormilón”, “quien es el que más disfruta la comida”, y los deditos señalaban al niño en cuestión. Dado que los conozco, cité cualidades de cada uno, todos tuvieron premio, no hubo nadie que se quedara sin reconocimiento, sin su primer lugar. Dejé intencionalmente para el final un premio: “Quien tuvo el primer lugar en la escuela”, y sin pensarlo, todos aplaudieron a mi niño que se lo había merecido, sin decir más nada. Cuando se comparte solo hay lugar para la felicidad.
En la vida, todos fuimos premiados con diferentes talentos. Un día leí en algún escrito que Santa Teresa de Calcuta dijo: “no hay pobre que no pueda dar, ni rico que no pueda recibir”. En lugar de competir, el ser humano debería compartir y alegrarse con las alegrías del otro. La felicidad siempre es más bonita cuando se comparte y cuando la experimenta en el otro, en el que vive conmigo. Y cuando el hogar se convierte en un espacio de fiesta, todos tienen premio.
Reyes Muñoz Tónix. SchP