30/07/2026
Hay dos formas de entender la seguridad privada personal.
La primera es la del escolta que anda con el arma en la mano, algo que critico porque, además de constituir portación ostentosa, solo sirve para intimidar. Ese tipo de seguridad aumenta el riesgo de provocar un accidente, mantiene a los escoltas en un estado de tensión constante y, además, le muestra a cualquiera cuánta seguridad tiene y cómo se mueve.
La segunda es la seguridad que no se ve, la que no intimida.
Su seguridad no la determina un arma visible, sino los ojos, las manos y la capacidad de reacción de sus escoltas.
Cuando usted llega a un restaurante, incluso parece que no lleva seguridad o que solo una persona lo acompaña. Pero cuando se levanta para retirarse, se da cuenta de que dos o tres personas que estaban sentadas también se levantan y lo acompañan.
Ese factor sorpresa, el hecho de que nadie supiera que lo estaban protegiendo, es parte de lo que lo mantiene a salvo. En caso de un incidente, quien quiera hacerle daño ni siquiera sabrá de dónde vino la reacción.
Por eso los ojos de sus escoltas deben estar descansados, no desvelados.
Por eso sus manos deben estar libres, no cargando bolsas ni haciendo mandados.
Por eso deben estar atentos a las amenazas, no cuidando mascotas o haciendo tareas que no les corresponden.
Si su escolta cae, usted sigue. Téngalo claro.
Su escolta debe comer bien y dormir adecuadamente para mantenerse alerta. Usted no quiere enfrentar una emergencia con personal agotado o con hambre.
Un escolta es la barrera entre seguir con vida o convertirse en una estadística.
Un escolta es un profesional entrenado para proteger vidas, no un robot ni un esclavo.