Aníbal González Pedraza

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Aníbal González Pedraza Orgulloso Toluqueño, Hijo de ,

Sitio personal, agradecido con Dios, Toluqueño promoviendo la Grandeza de México, "con cada pequeña acción positiva, se construye un gran anhelo" , , , , , Social,

23/09/2026
Un bache también golpea la economía de una familia. Una llanta ponchada, un rin roto o una suspensión dañada significan ...
22/09/2026

Un bache también golpea la economía de una familia. Una llanta ponchada, un rin roto o una suspensión dañada significan dinero que muchas veces estaba destinado a la comida, la escuela o los gastos de la casa.

Por eso participé y acompañé esta expresión ciudadana. No para confrontar por confrontar, sino porque Toluca necesita ciudadanos que alcemos la voz cuando las prioridades no corresponden con lo que vivimos todos los días.

No estamos en contra de nuestras tradiciones ni de la Feria del Alfeñique. Estamos a favor de nuestras calles, de nuestros barrios y de que cada peso público se ejerza con responsabilidad y atendiendo también lo urgente.

Mi llamado es a no resignarnos. Si una calle está destruida, denunciémoslo. Si un servicio no funciona, exijamos que funcione. Si consideramos que existen otras prioridades, hagámoslo saber pacíficamente. La ciudad también se construye con ciudadanos que participan, cuestionan y proponen.

Cuando miles de voces coinciden en una demanda legítima, la autoridad democrática debe escuchar, explicar y responder con resultados.

Toluca puede estar mejor. Pero para lograrlo también necesita una ciudadanía presente, organizada y participativa.

Hoy coincidimos quienes entendemos que la política también se sostiene en la constancia, en las convicciones y en la lea...
17/09/2026

Hoy coincidimos quienes entendemos que la política también se sostiene en la constancia, en las convicciones y en la lealtad a una historia compartida. Los momentos cambian, las circunstancias también, pero los principios no deberían depender de una posición, de una oportunidad o de una coyuntura.

La lealtad se demuestra en la familia, en los ideales, en la palabra empeñada y en el compromiso con nuestra tierra. Por eso seguimos aquí, con respeto, experiencia y sentido de responsabilidad, convencidos de que Toluca necesita altura, unidad y trabajo serio para recuperar la grandeza de nuestra capital.

216 AÑOS DESPUÉS, ¿QUÉ SIGNIFICA SER INDEPENDIENTES?Este 15 de septiembre debemos celebrar nuestra Independencia, sí, pe...
15/09/2026

216 AÑOS DESPUÉS, ¿QUÉ SIGNIFICA SER INDEPENDIENTES?

Este 15 de septiembre debemos celebrar nuestra Independencia, sí, pero también preguntarnos con seriedad qué hemos hecho con la libertad que nos heredaron quienes lucharon por México.

Morelos dejó en los Sentimientos de la Nación una idea de País que sigue interpelándonos más de dos siglos después.

Habló de libertad. Pero hoy millones de mexicanos sienten que han perdido una parte elemental de ella: la libertad de salir a la calle, viajar por una carretera, abrir un negocio o regresar tranquilos a casa sin temor a ser víctimas de la delincuencia, la extorsión o el crimen organizado.

Habló de soberanía popular, porque el poder dimana del pueblo. Hoy debemos preguntarnos si quienes gobiernan siguen escuchando a ese pueblo o si pretenden que la voluntad de una mayoría política sea suficiente para gobernar sin contrapesos, sin diálogo y sin escuchar al que piensa diferente.

Habló de igualdad ante la ley y de acabar con privilegios. Dos siglos después, nuestra obligación es preguntarnos si verdaderamente existe la misma justicia para el ciudadano común que para quien tiene poder, influencia o cercanía política.

Morelos luchó por abolir la esclavitud y las castas. Hoy no existen jurídicamente aquellas cadenas, pero debemos combatir cualquier nueva forma de sometimiento: el miedo, la pobreza, la extorsión, la dependencia y el abuso del poder.

Y defendió la división entre los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Por eso resulta legítimo preguntarnos hoy: ¿qué República tendremos si el Congreso deja de ser contrapeso, si la justicia pierde independencia o si un solo proyecto político pretende concentrar las decisiones fundamentales del País?

La Independencia no puede reducirse a una ceremonia, una bandera o una noche de fiesta. Ser independientes significa ser ciudadanos libres frente al crimen y también frente al poder.

Este 15 de septiembre celebremos a México, pero honremos verdaderamente a Hidalgo, Morelos y a quienes construyeron nuestra Nación defendiendo aquello por lo que lucharon: libertad, soberanía popular, igualdad, justicia y una República con auténtica división de poderes.

Porque quizá la pregunta más importante, 216 años después, no sea solamente de quién nos independizamos, sino qué tan libres somos hoy los mexicanos.

¡Viva México! ¡Viva la libertad! ¡Viva la República!

01/09/2026

Toda una grata experiencia, que este año tuvo un gran significado para mi vida!! bendiciones para todas ustedes

JUSTICIA CON VOLUNTAD, PERO ¿CON LOS RECURSOS SUFICIENTES?Participar en la Mesa de Trabajo con la Abogacía Mexiquense, c...
26/08/2026

JUSTICIA CON VOLUNTAD, PERO ¿CON LOS RECURSOS SUFICIENTES?

Participar en la Mesa de Trabajo con la Abogacía Mexiquense, convocada por el Poder Judicial del Estado de México, dejó algo que vale la pena reconocer: existe disposición para escuchar.

Encontré en el Magistrado Dr. Héctor Macedo García, Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de México, y en quienes integran esta nueva estructura judicial, apertura al diálogo con quienes todos los días postulamos ante los tribunales.

Eso es importante.

Los abogados postulantes no somos espectadores de la justicia. Somos, muchas veces, el primer puente entre el ciudadano que reclama un derecho y las instituciones encargadas de hacerlo efectivo. Desde los expedientes conocemos lo que funciona, pero también aquello que comienza a rebasar la capacidad institucional.

Y precisamente por eso la conversación no puede quedarse únicamente en la técnica jurídica.

Hay una pregunta más profunda:

¿Estamos construyendo reformas judiciales que correspondan realmente con la capacidad financiera, humana y material del Estado para hacerlas funcionar?

Reformar la justicia implica costos. Nuevos procedimientos requieren personal; nuevas obligaciones requieren tecnología; nuevos modelos de gestión necesitan capacitación; una mayor demanda exige juzgados suficientes y acercar los tribunales a las regiones donde hoy el acceso sigue siendo complicado.

Sin embargo, el diagnóstico que surge de la operación cotidiana revela problemas que no pueden resolverse únicamente con voluntad:

• Servidores públicos sometidos a una presión laboral creciente, obligados a procesar grandes volúmenes de asuntos con capacidades humanas limitadas.

• Juzgados y órganos jurisdiccionales cuya carga de trabajo comienza a superar su capacidad instalada, particularmente en las materias de mayor demanda.

• Retrasos en la tramitación de los asuntos, que no necesariamente obedecen a negligencia de un servidor público, sino que también pueden ser consecuencia de una estructura insuficiente frente al volumen de expedientes.

• Necesidad de crear nuevos juzgados y fortalecer los existentes, especialmente donde el crecimiento poblacional y la demanda de justicia ya no corresponden con la infraestructura disponible.

• Insuficiencias materiales y tecnológicas que dificultan que la modernización de la justicia avance a la misma velocidad que las reformas procesales.

• Falta de infraestructura y obra judicial, particularmente preocupante cuando para 2026 el presupuesto originalmente aprobado al Poder Judicial contempló cero pesos en el rubro de inversión pública.

• Dificultades para acercar la justicia a las regiones más alejadas del Estado, donde distancia, conectividad e infraestructura siguen condicionando el acceso efectivo a los tribunales.

• Costos adicionales para los propios justiciables y abogados, desde traslados hasta problemas elementales de movilidad y estacionamiento alrededor de complejos judiciales.

Todo ello obliga a revisar un concepto que en los últimos años se ha convertido casi en dogma de la administración pública: la austeridad.

La austeridad puede y debe eliminar privilegios, excesos, dispendios y gastos injustificables.

Pero austeridad no puede convertirse en precariedad institucional.

Mucho menos cuando hablamos de justicia.

Ahorrar en aquello que es superfluo es responsabilidad pública. Dejar sin capacidad suficiente a una institución encargada de proteger derechos es otra cosa.

Porque cuando faltan juzgados, personal, tecnología o infraestructura, el ahorro presupuestal no desaparece: simplemente el costo se traslada al ciudadano en forma de tiempo, incertidumbre y justicia tardía.

Y la justicia tardía, lo sabemos quienes litigamos, muchas veces termina pareciéndose demasiado a la injusticia.

Aquí encuentro también una responsabilidad que rebasa al propio Poder Judicial.

La Legislatura del Estado de México y el Poder Ejecutivo encabezado por la gobernadora Delfina Gómez Álvarez tendrán frente al presupuesto de 2027 la oportunidad de revisar con sensibilidad y rigor técnico las necesidades reales del sistema judicial.

No se trata de entregar cheques en blanco.

Se trata de algo mucho más serio: presupuestar con indicadores, cargas de trabajo, necesidades territoriales, resultados y objetivos verificables.

Si hacen falta nuevos juzgados, que las estadísticas demuestren dónde.

Si hace falta personal, que la carga jurisdiccional justifique cuánto.

Si se necesita infraestructura, que exista planeación, proyectos ejecutivos y evaluación de resultados.

Y si el Estado decide realizar una profunda transformación de su sistema de justicia, entonces también debe asumir el costo institucional de hacerla viable.

Porque no podemos exigir justicia del siglo XXI con infraestructura, recursos y capacidades que no corresponden al tamaño de esa responsabilidad.

Me quedo con algo positivo de esta Mesa de Trabajo: hay interlocución y hay disposición al diálogo en el Poder Judicial.

Ahora corresponde convertir ese diálogo en diagnósticos, indicadores, decisiones y presupuesto.

La justicia cuesta.

Pero cuesta mucho más una sociedad en la que los ciudadanos dejan de creer que las instituciones pueden resolver sus conflictos.

Reformar las leyes es relativamente sencillo. Construir las instituciones capaces de cumplirlas es la verdadera reforma.

JUSTICIA CON VOLUNTAD, PERO ¿CON LOS RECURSOS SUFICIENTES?Participar en la Mesa de Trabajo con la Abogacía Mexiquense, c...
26/08/2026

JUSTICIA CON VOLUNTAD, PERO ¿CON LOS RECURSOS SUFICIENTES?

Participar en la Mesa de Trabajo con la Abogacía Mexiquense, convocada por el Poder Judicial del Estado de México, dejó algo que vale la pena reconocer: existe disposición para escuchar.

Encontré en el Magistrado Dr. Macedo Garcia, Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de México, y en quienes integran esta nueva estructura judicial, apertura al diálogo con quienes todos los días postulamos ante los tribunales. Eso es importante.

Los abogados postulantes no somos espectadores de la justicia. Somos, muchas veces, el primer puente entre el ciudadano que reclama un derecho y las instituciones encargadas de hacerlo efectivo. Desde los expedientes conocemos lo que funciona, pero también aquello que comienza a rebasar la capacidad institucional.

Y precisamente por eso la conversación no puede quedarse únicamente en la técnica jurídica.

Hay una pregunta más profunda:

¿Estamos construyendo reformas judiciales que correspondan realmente con la capacidad financiera, humana y material del Estado para hacerlas funcionar?

Reformar la justicia implica costos. Nuevos procedimientos requieren personal; nuevas obligaciones requieren tecnología; nuevos modelos de gestión necesitan capacitación; una mayor demanda exige juzgados suficientes y acercar los tribunales a las regiones donde hoy el acceso sigue siendo complicado.

Sin embargo, el diagnóstico que surge de la operación cotidiana revela problemas que no pueden resolverse únicamente con voluntad:

• Servidores públicos sometidos a una presión laboral creciente, obligados a procesar grandes volúmenes de asuntos con capacidades humanas limitadas.

• Juzgados y órganos jurisdiccionales cuya carga de trabajo comienza a superar su capacidad instalada, particularmente en las materias de mayor demanda.

• Retrasos en la tramitación de los asuntos, que no necesariamente obedecen a negligencia de un servidor público, sino que también pueden ser consecuencia de una estructura insuficiente frente al volumen de expedientes.

• Necesidad de crear nuevos juzgados y fortalecer los existentes, especialmente donde el crecimiento poblacional y la demanda de justicia ya no corresponden con la infraestructura disponible.

• Insuficiencias materiales y tecnológicas que dificultan que la modernización de la justicia avance a la misma velocidad que las reformas procesales.

• Falta de infraestructura y obra judicial, particularmente preocupante cuando para 2026 el presupuesto originalmente aprobado al Poder Judicial contempló cero pesos en el rubro de inversión pública.

• Dificultades para acercar la justicia a las regiones más alejadas del Estado, donde distancia, conectividad e infraestructura siguen condicionando el acceso efectivo a los tribunales.

• Costos adicionales para los propios justiciables y abogados, desde traslados hasta problemas elementales de movilidad y estacionamiento alrededor de complejos judiciales.

Todo ello obliga a revisar un concepto que en los últimos años se ha convertido casi en dogma de la administración pública: la austeridad.

La austeridad puede y debe eliminar privilegios, excesos, dispendios y gastos injustificables.

Pero austeridad no puede convertirse en precariedad institucional.

Mucho menos cuando hablamos de justicia.

Ahorrar en aquello que es superfluo es responsabilidad pública. Dejar sin capacidad suficiente a una institución encargada de proteger derechos es otra cosa.

Porque cuando faltan juzgados, personal, tecnología o infraestructura, el ahorro presupuestal no desaparece: simplemente el costo se traslada al ciudadano en forma de tiempo, incertidumbre y justicia tardía.

Y la justicia tardía, lo sabemos quienes litigamos, muchas veces termina pareciéndose demasiado a la injusticia.

Aquí encuentro también una responsabilidad que rebasa al propio Poder Judicial.

La Legislatura del Estado de México y el Poder Ejecutivo encabezado por la gobernadora Delfina Gómez Álvarez tendrán frente al presupuesto de 2027 la oportunidad de revisar con sensibilidad y rigor técnico las necesidades reales del sistema judicial.

No se trata de entregar cheques en blanco.

Se trata de algo mucho más serio: presupuestar con indicadores, cargas de trabajo, necesidades territoriales, resultados y objetivos verificables.

Si hacen falta nuevos juzgados, que las estadísticas demuestren dónde.

Si hace falta personal, que la carga jurisdiccional justifique cuánto.

Si se necesita infraestructura, que exista planeación, proyectos ejecutivos y evaluación de resultados.

Y si el Estado decide realizar una profunda transformación de su sistema de justicia, entonces también debe asumir el costo institucional de hacerla viable.

Porque no podemos exigir justicia del siglo XXI con infraestructura, recursos y capacidades que no corresponden al tamaño de esa responsabilidad.

Me quedo con algo positivo de esta Mesa de Trabajo: hay interlocución y hay disposición al diálogo en el Poder Judicial.

Ahora corresponde convertir ese diálogo en diagnósticos, indicadores, decisiones y presupuesto.

La justicia cuesta.

Pero cuesta mucho más una sociedad en la que los ciudadanos dejan de creer que las instituciones pueden resolver sus conflictos.

Reformar las leyes es relativamente sencillo. Construir las instituciones capaces de cumplirlas es la verdadera reforma.

Escuchar a nuestra gente no es un gesto de campaña: es la base para entender los problemas, corregir injusticias y const...
24/08/2026

Escuchar a nuestra gente no es un gesto de campaña: es la base para entender los problemas, corregir injusticias y construir un mejor gobierno. Los barrios, los mercados y las comunidades deben volver a ser el centro de las decisiones.

La Justicia social también es que quien trabaja, paga y cumple, reciba algo digno a cambio. Un mercado no puede sostenerse sólo con el esfuerzo de sus comerciantes mientras los servicios, el agua y el mantenimiento siguen esperando. Cobrar es obligación del gobierno; servir también.

El verdadero valor de una generación se descubre en lo que sus integrantes aportan a los demás.Me dio enorme gusto reenc...
23/08/2026

El verdadero valor de una generación se descubre en lo que sus integrantes aportan a los demás.

Me dio enorme gusto reencontrarme, 30 años después, con mis compañeras y compañeros de la Prepa 3, Plantel Cuauhtémoc. Hoy veo mujeres y hombres de valor y, sobre todo, con valores: excelentes profesionistas, emprendedores y grandes seres humanos que, desde sus distintas trincheras, trabajan, generan oportunidades y aportan todos los días a nuestra querida Toluca y a México.

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