04/08/2026
DISCURSO DE ARMANDO VILLANUEVA DEL CAMPO ANTE EL FÉRETRO DE VÍCTOR RAÚL HAYA DE LA TORRE ( 9 de Agosto 1,979)
Compañero Víctor Raúl:
Las mujeres y los hombres que desde días aurorales hemos trabajado contigo, difícilmente llegaremos al año 2000. Nuestros hijos y nuestros nietos sí tienen asegurado este privilegio y con él vivirán el mañana de una nueva sociedad fundada en la desaparición de las clases, por la que la humanidad viene luchando. Pero tanto nuestros descendientes contemporáneos, como nosotros, coincidiremos en haber disfrutado de otro privilegio histórico: haber vivido en el siglo de Haya de la Torre.
Y cuando los fundadores del Aprismo, así como los más jóvenes que ahora nos escuchan, hayamos desaparecido, quienes vengan después podrán decir orgullosos de nosotros: “Mis abuelos tuvieron el honor de conocer a Haya de la Torre”.
Avizoro y percibo estas palabras del futuro “en el canto cordial de las distancias” que alejará a las generaciones del cuerpo aquí yaciente del Maestro, a la par de ir estrechando cada vez más la unidad de su espíritu con la historia.
Ya lo anunció César Vallejo, ese otro liberteño: “Y ha mu**to el cuerpo en su papel de espíritu y el alma es ya nuestra alma, compañeros”.
Y es a este cuerpo en su papel de espíritu y a esta alma, que ya son nuestros compañeros, a los que yo vengo a rendir homenaje en estas exequias finales en nombre de todos los apristas del Perú y de su más alta jerarquía, el Comité Ejecutivo Nacional.
Es a este Maestro, imán de multitudes, al que hemos traído a su tierra sagrada de La Libertad a través de siete días de funerales peregrinos y durante los cuales, millones de peruanos, llevándolo en hombros, desfilando ante su féretro, caminando por ciudades y carreteras, agitando los pañuelos blancos de la esperanza y rezando el Padre Nuestro, le han entregado también la prez de su veneración. Es este el Maestro al que su pueblo ha querido abrir las puertas de la Gloria; así los trabajadores manuales e intelectuales del Perú y nuestros hermanos del mundo estamos ayudando a los dioses de la fe para que Haya de la Torre ingrese al Olimpo de los Próceres.
Nunca antes de hoy —quizás nunca después de hoy— hubo homenaje semejante.
Sacrificios iguales, caminantes atrás de un féretro con tanto fervor, como ardoroso el sol que los lacera. Mientras veníamos por la carretera norteña mirábamos atónitos a cientos de andarines rezagados, empeñados tesoneramente en llegar a Trujillo, como a la Jerusalén de las cruzadas. Pedro de Amies, el ermitaño, podría admirar, desde su distante siglo XI, este nuevo prodigio de la fe.
¿Cómo explicarnos esto, compañeros?
¿Cómo explicarnos estar aquí y en este día, con Víctor Raúl de regreso a su tierra de siempre, serena su expresión —como cuando en Vitarte nos conversaba sobre su muerte— y envuelto desde hace días en el honor significativo del Pabellón Nacional y en el constante clamor de su pueblo?
¿Cómo explicarnos que dialoguemos con él en su muerte, que lo vitoreemos en su muerte, que le cantemos en su muerte, que lo aplaudamos en su muerte, que lo proclamemos en su muerte? Solo cabe una explicación, compañeros y compañeras, ciudadanos todos del Perú.
Y ella radica en la hazaña de su genio y de su acción, la hazaña de haber cumplido con tenaz voluntad de sacrificio lo que nos dijo hace años en un día de luz en las tinieblas de la clandestinidad: “Yo he nacido en este país para estremecerlo desde sus raíces y conducirlo a la justicia”.
Es a ese genio, a esa voluntad y a esa acción, a los que debemos atribuir que el dolor de estos funerales se haya convertido en parto, en dolor de alumbramiento. En dolor que nos habla de esperanza. En esperanza que se expresa en alegría que anuncia que Víctor Raúl no ha mu**to, porque sus ideas y su doctrina y su ejemplo están vivos en la conciencia de los pueblos. Por esto es que, sin agobio, tenemos los veteranos y los jóvenes “espumosas las bocas de canciones y las venas de estruendo”.
REVOLUCIONARIO NATO Y NATIVO
La primera hazaña de Haya de la Torre es la de su rebeldía. Es un revolucionario nato y nativo. Que así como hay quienes nacen con el don de santidad, otros llegan con el de ser libertadores.
La sociedad provinciana y aristocrática del Trujillo de su juventud no lo condujo hacia los intereses minoritarios y rituales del feudalismo paternalista. Todo lo contrario. Reaccionó contra ellos y “el pasado vergonzante del Perú”. Convirtiéndose en derribador de la Bastilla de la explotación del hombre por el hombre. Lo inspiró la lucha social que se iniciaba en las haciendas. Lo inspiró la bárbara represión del campesinado, el maltrato a los mineros y la invasión del imperialismo. Se inspiró en los primeros mensajes anarcosindicalistas y en la irreverencia iconoclasta de la juventud intelectual que él integró en los grupos de “La Bohemia” y “Norte”. Sus primeros viajes por el Perú, “campo de explotación del hombre por el hombre”, terminaron por decidir su destino. Pero fue sobre todo el Chan-Chan —indesligable de la historia del Aprismo— donde encontró la primera veta de su indoamericana visión original, creadora de una nueva filosofía de la historia.
Quitando los vendajes intelectuales importados desde Europa, Haya de la Torre se empeñó en descubrir el cuerpo auténtico de Indoamérica. Su generación había recibido la herencia del colonialismo mental. Nos llamaban hispanoamericanos y las pautas de libros y leyes extraños se imponían en nuestra realidad. Y Haya de la Torre hubo de destruir toda esta estructura de dominación para redescubrirnos.
Se enfrenta a la enajenación e inicia una acción integralmente libertadora. Como en el caso de Marx, crea una Doctrina, no sólo para explicar nuestro mundo sino para transformarlo. Asume para esto la “Línea Dialéctica del Marxismo”, como lo dice en “El Antiimperialismo y el Apra”, y lo reitera citando en el prólogo de enero de 1977 a sus “Obras Completas”. Conviértese así —como se reconoce hoy— en el más acabado continuador del genio de Treveris; pero objetando sus conclusiones generalizantes y falsamente universalistas. Haya de la Torre niega dialécticamente al marxismo decimonónico, aplicando en forma científica la filosofía del devenir y desautorizando a los repetidores que han pretendido y pretenden aún conjugar nuestra política con verbos intemporales y extranjeros.
HAYA Y LA TESIS DEL APRISMO
“Es así como nuestro Jefe enfrenta la letanía europeísta de nuestro subdesarrollo.
Es así como quema la ignorancia de nuestros políticos sometidos y de una izquierda dependiente y entrega al mundo la tesis del Aprismo como una nueva izquierda democrática, como un movimiento autónomo y continental sin influencia extranjera; y paralelamente rechaza y repugna a las derechas fracasadas y al fascismo”.
Si revolucionaria es la tesis filosófica de Haya de la Torre y sus efectos en nuestro proceso de cambio, sus aportes a las disciplinas sociales, económicas y políticas son decisivos en el rumbo contemporáneo.
Nuestro Maestro fue el primero en demostrar el carácter sustantivamente revolucionario de las clases medias y del campesinado en los países sometidos al imperialismo y a sus oligarquías.
Demostró a los europeístas que ilusionaban una Revolución Proletaria sin proletariado definido, que esta clase insurgente tenía que aliarse con las clases medias y campesinas, “Sin abandonar el principio clasista como punto de partida de la lucha contra el imperialismo” —nos dice Víctor Raúl— y considerando “las diversas etapas de la lucha de clases y la apreciación realista del momento que ella vive en nuestros pueblos”.
Es necesario el frente único, la alianza de los trabajadores manuales e intelectuales para conquistar nuestra soberanía y nuestra paz. Y así, lo anticipa: la lucha de clases tendrá que ser superada en esta etapa; como lo ha dicho y lo acaba de recordar el señor Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Haya de la Torre enuncia que esta lucha, en acción contra el imperialismo, ha de convertirse y está convertida en lucha de los pueblos por su emancipación.
Hoy en el mundo se está llevando a la práctica la tesis aprista. Allí vemos como ejemplo los partidos socialdemócratas de Europa, hermanos nuestros convertidos en partidos del pueblo y cuya afinidad con nosotros se afirma en la medida que más se conoce el pensamiento de Víctor Raúl.
También sucede lo mismo con los grandes movimientos democráticos del África y del Asia, y en los que insurge la solidaridad antillana y los que se afirman en nuestra integración continental. Inclusive el llamado eurocomunismo, que incorpora a las clases medias, es un reconocimiento de la certeza de Haya de la Torre, en cuanto al rol de las clases en la lucha revolucionaria; culminan este reconocimiento China Popular y la Unión Soviética al incorporar en sus sendas Constituciones recientes a los que ellos llaman respectivamente “capitalistas patriotas” y sectores medios de la población.
Hobsen, Lenin y Haya de la Torre son los más grandes teóricos del imperialismo contemporáneo. Economista burgués el primero, comunista el segundo, Haya refuta a las generalizaciones dogmáticas en las que incurren ambos. Pero especialmente observa el error del gran fundador de la Revolución de 1917 cuando afirma que “el imperialismo es la última etapa del capitalismo”. No en los países subdesarrollados, responde Haya: “Aquí es la primera”. Y esta afirmación realista, encuadrada en nuestro espacio-tiempo histórico, es irrefutable, como lo es también su tesis sobre la ambivalencia del imperialismo.
Por esto dice nuestro Jefe que “ningún pueblo subdesarrollado podrá salir del subdesarrollo sin la cooperación económica y tecnológica de los países desarrollados”. Y conjuntamente demuestra que en esta etapa de nuestro proceso, los gobiernos democráticos —y lo hará el gobierno aprista— debemos abrir caminos seguros y garantizados y con reglas claras al capital nacional y al extranjero. Sujetos a los intereses y control del país, a la par que fortificamos a las clases trabajadoras del campo y la ciudad en su derecho de ejercer directamente la función de gobierno a través de la democracia funcional.
El estado antiimperialista propuesto por nuestro Jefe, y que es fin principal del Aprismo, será realidad y con él llegaremos a una sociedad sin opresores ni oprimidos, a una sociedad de pan y libertad, objetivo de nuestra lucha.
Profundo en sus motivaciones, enraizado en la tierra nativa, el pensamiento de Víctor Raúl en cuanto al frente único y estado antiimperialista es hoy bandera y senda de los pueblos en proceso de desarrollo.
EL APRISMO Y LA INTEGRACIÓN CONTINENTAL
Indesligable de lo expuesto es la integración continental. Cuando hace cincuenta y cinco años anunció el Maestro las cinco tesis del Aprismo, fue la segunda la de la unidad económica y política de Indoamérica.
Recogiendo y vitalizando el abandonado mensaje de Viscardo, de Miranda y de Bolívar y de los próceres que fundaron nuestras repúblicas, Haya de la Torre avanza más. Es más realista y profundo. Postula la unidad económica y política de los pueblos. Predica la integración de los pueblos, de los trabajadores manuales e intelectuales de nuestros países, los que deben organizarse políticamente para gobernar y garantizar que la integración sea de pueblos y no como está sucediendo ahora, de empresas transnacionales y de intereses plutocráticos. Víctor Raúl llama la atención sobre este peligro oculto tras conferencias y congresos sin auténtica representación de las fuerzas productoras. Unidad continental es además para Haya de la Torre, unidad en la libertad, unidad en los derechos humanos y unidad en la justicia social. Este ideal, este camino, es el que tenemos que continuar.
HAYA DE LA TORRE POLÍTICO — HOMBRE JUSTO
“¿Y qué podemos decir de Haya de la Torre, político?”
Hace muchos años ya, conversando con un grupo de muchachos de la Federación Aprista Juvenil, nos decía el Jefe:
“Yo soy un reformador social, accidentalmente un político”.
Sin embargo, él llega a esta despedida consagrado como el más egregio de nuestros políticos. No creo que recibir este elogio haya sido su aspiración. Pero en todo caso el Maestro lo admitiría si lo relacionamos con algo que muchas veces le escuchamos: “Yo he querido en la vida ser siempre justo”.
Creo que si tenemos que reconocer en él al político, debemos hacerlo desde esta perspectiva de hombre justo.
Fue justo en el sacrificio común, porque ejemplarizó con el suyo propio. Fue justo porque rechazó que la política fuera negociado e intriga, manipuleo de cándulos envilecidos. Hizo política de pueblos y para pueblos, al margen de quienes —en nombre de personalismos o de autoestimas— quisieron manejar los partidos y la política del país.
Fue justo, porque nunca admitió la mentira, la hipocresía y la demagogia.
Fue justo, porque hizo política con alegría, sin odios, sin rencores ni resentimientos.
Fue justo, porque fue severo por igual con todos; convirtió la disciplina en virtud política.
Fue justo, porque ejemplarizó en el trabajo, enseñando cómo “en nuestros países es injusto desperdiciar los minutos”.
Fue justo, porque supo perdonar, llegando al extremo de no querer escribir sus memorias para no lastimar a quienes se habían equivocado respecto a él.
Fue justo, porque defendió como ninguno los derechos de la mujer y de los niños. “Yo por dedicarme exclusivamente al Partido y al pueblo —nos dijo alguna vez— no pude casarme y tener familia; pero ustedes, el pueblo son mi hogar y mis hijos”.
Fue justo, porque estimulaba el rol de las nuevas generaciones: “La juventud es la mejor gente del Perú”, repitió en sus últimos tiempos.
Fue justo, porque vivió y murió pobre. Nada era suyo a su alrededor. Todo era de quien lo necesitara. Y lo que acopió por sus libros y donaciones lo entregó —tal dice en su testamento— a la Fundación Pro Navidad del Niño del Pueblo.
Fue justo, en fin, porque como dijera en una entrevista de prensa el año pasado: “Creyó siempre en la gente”. Y porque, como lo expresó también en esa oportunidad, cuando le preguntaron cómo quería ser recordado, respondió: “Comprobando que he servido con amor, con decisión y voluntad”.
HAYA EN LA CLANDESTINIDAD
“Pero acaso estamos sólo recordando una fase de la compleja personalidad de Haya en sus expresiones de fraternidad. Al 'Amicus humani generis'. No: no le rendiremos nuestro justo homenaje en estos funerales heroicos si olvidáramos al combatiente, al hombre de lucha, al héroe de la clandestinidad, al que dirigió por más de veinte años la acción en la resistencia, al que hubo de batirse arriesgando su vida por los humildes y por la dignidad civil. Al que arrojó a los mercaderes del templo empleando la violencia de Cristo al indignarse por la usurpación, y se enfrentó a ellos sin tregua, en los momentos difíciles al que conspiró y revolucionó... al que en las calles agitó y se puso al frente de multitudes por causa de la justicia y la libertad”.
Al que nos dejó la tradición de Incahuasi, de esa casa de inca resucitada, nombre que dio a todo el tránsito de su clandestina acción por la democracia.
Haya de la Torre fue también el guía de la resistencia, entregando su saber y su cultura al servicio del pueblo.
Y no pocas veces quedó aislado en la lucha. Y entonces la prosiguió solitario y sin queja: él escribía e imprimía la prensa clandestina, él la repartía en las noches burlando a sus perseguidores; él mismo hacía la propaganda mural; él reanimaba a los agotados y restablecía el contacto con las bases; confortaba a los deudos de los caídos y él combatía en el más amplio contenido de la expresión.
De todo esto sabe, como ningún otro, nuestro leal compañero Jorge Idiáquez, aquí presente y acompañante de Víctor Raúl desde hace más de cuarenta años.
Compañeros y compañeras, ciudadanos todos del Perú:
¡Honor al Maestro, recordando sus años de contienda! ¡Honor al Jefe y soldado! ¡Honor al combatiente! ¡Honor al luchador indoblegable!
Honor al fundador de nuestra izquierda. Honor al leal sostenedor de sus ideas. Honor a este Víctor Raúl de la juventud y de las juventudes que dijo: “Yo tengo 84 años, pero no envejezco; mi juventud florece como a los veinticuatro”.
Honor a ese Víctor Raúl en la juventud de hoy, a la que también rendimos homenaje en esta tarde. A esa juventud tendremos que entregar con manos limpias la antorcha y los principios que Haya de la Torre nos lega y que no caerán sepultos en esta tumba.
Pero para ser como Haya de la Torre hay que poner pasión; y él fue un apasionado de la acción y la verdad. Sabía como Saint-Simon que “para hacer algo grande hay que ser apasionado”, y sus pasiones creadoras estuvieron siempre precedidas por rejas y obstáculos que supo vencer con la esperanza.
Pero su pasión en el fondo era sentir el deber. Recordando al filósofo de Roningsberg nos repetía: “Soñé que la vida era ilusión y cuando desperté comprendí que era deber”; y su pasión principal fue cumplir con ese deber.
Pasión humana de pueblo responsable, de gente sencilla creyente y observante. Pasión de fraternidad obrero-estudiantil, de solidaridad con los oprimidos del mundo por la libertad. Y lo justo de esta pasión de Haya de la Torre, podemos decir volviendo a Vallejo: “Pasiones precedidas con dolores, con rejas de esperanza, de dolores de pueblos con esperanza de hombres”. Y porque así era la pasión de nuestro Jefe, podemos cantar a su muerte también con las palabras del poeta liberteño: “Muerte la tuya, muerte y pasión de paz, las populares”, “Muerte y pasión de guerra”.
FRATERNIDAD DE LOS PERUANOS
“Compañeros y conciudadanos todos del Perú:
Compañeras:
Hay dos grandes acontecimientos en nuestra historia nacional reciente que se deben fundamentalmente al gran Jefe que despedimos. Es el primero la reconciliación definitiva del Perú Civil y el Perú Militar. Separados, primero por las arteras maniobras de la oligarquía derechista y el imperialismo, y luego por el retorno mal aconsejado del militarismo.
Abierto el diálogo con los partidos políticos en la segunda fase del régimen de la Fuerza Armada, Haya de la Torre asumió sin prejuicio, sin temor al qué dirán, la responsabilidad histórica de alentar y estrechar ese diálogo a nivel de todos los sectores. A la actitud patriótica de nuestro Jefe respondió positivamente el gobierno revolucionario de la Fuerza Armada. Y como consecuencia de estos diálogos, en los que han participado todos los partidos responsables, el Perú tiene una nueva Constitución y está en vísperas de una campaña electoral garantizada.
La transferencia del poder será el punto final a las incursiones militares en campos políticos que corresponde a la civilidad. Haya de la Torre, que no cejó en su enfrentamiento público y en su demanda constante para establecer una nueva democracia y las garantías que hoy tenemos, nos llama así a la gran responsabilidad de defender esta nueva dimensión de la fraternidad nacional.
Fraternidad que debe fundarse obviamente en los derechos humanos y en el fiel cumplimiento de la Constitución y de las leyes por todos los peruanos.
Han pasado más de cuarenta años de la gloriosa revolución. Han pasado más de cuarenta años de haberse escuchado en todo el ámbito de esta ciudad los cañonazos de la guerra civil. Y cuando el cuerpo de Víctor Raúl descienda a este Santuario, volveremos a escuchar el rugido del cañón, compañeras y compañeros. Pero no serán los disparos de la guerra, sino las salvas de honor. Serán las salvas que como respuesta al drama cívico de la revolución se tributan hoy por la Fuerza Armada a este cuerpo que desciende y a su símbolo de paz. En estos instantes podremos decir que se ha sellado la fraternidad entre los peruanos. Ojalá nunca más sea rota. Ojalá se respete la Constitución y las leyes para que la paz y la fraternidad subsistan. Porque de lo contrario, la civilidad tendrá que insurgir.
Esperemos que no sea así. Y amparándonos en la poesía cuando escuchemos las salvas del adiós, repitamos con el poeta José Gálvez en su canción de juventud: "Todas las heridas se cubren de flores y en todas las sombras / cantan ruiseñores".
El otro acontecimiento de igual trascendencia histórica es que Haya de la Torre, el 18 de Julio del año pasado, al asumir la presidencia de las preparatorias de la Asamblea Constituyente, abrió a su vez el diálogo entre todos los civiles y sus partidos, sin hacer distingos entre peruanos. Allí estuvieron todas las otras izquierdas distintas a la nuestra y estuvieron también los demás sectores políticos de la República.
Esta relación que superó las expectativas y sepultó pesimismos, es la base que hoy permite al Perú contar con una nueva Constitución y abre horizontes a la consolidación de la democracia social y a las relaciones inter partidarias. Porque esta es la obra de Haya de la Torre, nuestro partido no puede estar sujeto a pasiones inferiores ni ambiciones ajenas a la gloria, ni a contiendas personalistas, ni caudillismos oportunistas, no; No puede estarlo.
Aquí nosotros ratificamos lo que ya hemos dicho en vida de Haya de la Torre. Aquí no hay herederos singulares de Haya de la Torre. El único heredero de Haya de la Torre es el pueblo y sus juventudes. El aprismo es hijo de una voluntad creadora y significadora, cuyo cuerpo yace ante nosotros.
Esa voluntad continuará rigiéndonos y nuestra unidad indestructible y limpia se ha de fundar en los principios de Haya de la Torre, en la lealtad a ellos y en el ejemplo que él nos dio y en sus enseñanzas.
Esta indiscutible unidad nuestra seguirá manteniéndose, respetando, junto a los principios las jerarquías del partido disciplinado y sujeto a normas morales rígidas. A estas jerarquías que reconocen estatutariamente al Congreso del partido como suprema representación de su soberanía y al Comité Ejecutivo Nacional como su primera autoridad y a la escala a nivel nacional de valores que continúan estas jerarquías. Yo invoco a las compañeras y compañeros del partido a mantener y respetar nuestra organización, nuestros principios y nuestros niveles jerárquicos, todos fundados en la representatividad producto de la democracia interna de nuestra organización, nuestra disciplina indestructible. Sólo así seremos dignos también de Haya de la Torre y podremos construir en su nombre una democracia futura con responsabilidad y disciplina.
JURAMENTO APRISTA
"Compañeros y compañeras:
Con el brazo izquierdo en alto ¿Prometen ustedes ser leales a la doctrina aprista de nuestro Jefe?" (Sí).
Con el brazo en alto: ¿Prometen mantener y respetar las jerarquías del Partido, reconociendo al Comité Ejecutivo Nacional, a los Comités Departamentales, Provinciales, Distritales y Sectoriales como autoridad del Partido?" (Sí).
Compañeros y compañeras: Nuestro Jefe, avanzando a la mansión de la Gloria ha escuchado este juramento, el pueblo peruano es también nuestro testigo . Podemos estar orgullosos de nuestro gran partido. Podemos estar orgullosos de significar la auténtica izquierda.. Podemos estar seguros de nosotros mismos, podemos estar seguros de la victoria revolucionaria del Aprismo con nuestros brazos abiertos a todos los peruanos. Y por todo ello ante el féretro de nuestro jefe, podemos repetir sus palabras de 1931, seguros de que confía en nosotros:
"Hoy no es un día triste para nosotros. Es el día inicial de una nueva etapa de lucha decisiva para el Partido en la que vamos a probar en el crisol de una realidad dolorosa quizás. la fe de nuestras conciencias, la consistencia de nuestra organización y la sagrada perennidad de nuestra causa".
Compañero Víctor Raúl Haya de la Torre. Las Pampas han removido la tierra , en esta tierra se va a sembrar, que de tu cuerpo florezca la redención. ¡Viva Haya de la Torre!
Cortesia c.