04/09/2026
𝑽𝒊𝒆𝒓𝒏𝒆𝒔, 4 𝒅𝒆 𝑺𝒆𝒕𝒊𝒆𝒎𝒃𝒓𝒆 – 𝑿𝑿𝑰𝑰 𝑺𝒆𝒎𝒂𝒏𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝑻𝒊𝒆𝒎𝒑𝒐 𝑶𝒓𝒅𝒊𝒏𝒂𝒓𝒊𝒐 – 𝑪𝒊𝒄𝒍𝒐 𝑨
𝑳𝒆𝒄𝒕𝒖𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒑𝒓𝒊𝒎𝒆𝒓𝒂 𝒄𝒂𝒓𝒕𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝒂𝒑ó𝒔𝒕𝒐𝒍 𝒔𝒂𝒏 𝑷𝒂𝒃𝒍𝒐 𝒂 𝒍𝒐𝒔 𝑪𝒐𝒓𝒊𝒏𝒕𝒊𝒐𝒔 (1𝑪𝒐𝒓 4,1-5):
Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador, lo que se busca es que sea fiel. Para mí, lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor. Así, pues, no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.
𝑽. 𝑷𝒂𝒍𝒂𝒃𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝑫𝒊𝒐𝒔. 𝑹/. 𝑻𝒆 𝒂𝒍𝒂𝒃𝒂𝒎𝒐𝒔, 𝑺𝒆ñ𝒐𝒓.
𝑺𝒂𝒍𝒎𝒐 𝒓𝒆𝒔𝒑𝒐𝒏𝒔𝒐𝒓𝒊𝒂𝒍: 𝑺𝒂𝒍. 36
𝑹/. 𝑬𝒍 𝑺𝒆ñ𝒐𝒓 𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒊𝒆𝒏 𝒔𝒂𝒍𝒗𝒂 𝒂 𝒍𝒐𝒔 𝒋𝒖𝒔𝒕𝒐𝒔.
- Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón. R/.
- Encomienda tu camino al Señor, confía en él, y él actuará: hará tu justicia como el amanecer, tu derecho como el mediodía. R/.
- Apártate del mal y haz el bien, y siempre tendrás una casa; porque el Señor ama la justicia y no abandona a sus fieles. R/.
- El Señor es quien salva a los justos, él es su alcázar en el peligro; el Señor los protege y los libra, los libra de los malvados y los salva porque se acogen a él. R/.
𝑳𝒆𝒄𝒕𝒖𝒓𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝒔𝒂𝒏𝒕𝒐 𝑬𝒗𝒂𝒏𝒈𝒆𝒍𝒊𝒐 𝒔𝒆𝒈ú𝒏 𝒔𝒂𝒏 𝑳𝒖𝒄𝒂𝒔 (𝑳𝒄 5,33-39):
𝑹/. 𝑮𝒍𝒐𝒓𝒊𝒂 𝒂 𝒕𝒊, 𝑺𝒆ñ𝒐𝒓.
En aquel tiempo, los fariseos y los maestros de la Ley dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben». Jesús les dijo: «¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días».
Les dijo también una parábola: «Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: ‘El añejo es el bueno’».
𝑽. 𝑷𝒂𝒍𝒂𝒃𝒓𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝑺𝒆ñ𝒐𝒓. 𝑹/. 𝑮𝒍𝒐𝒓𝒊𝒂 𝒂 𝒕𝒊, 𝑺𝒆ñ𝒐𝒓 𝑱𝒆𝒔ú𝒔.