24/04/2026
La maestra ceramista Celia Vasquez del pueblo Shipibo-Konibo representará al Perú en la Bienal de Venecia 2026.
Celia Vasquez, con su obra "Mocahua" fue elegida ganadora del "Primer Concurso Nacional de Ceramica Nativa" que se expuso en el Museo de Arte de San Marcos en el
año 1998.
Del Facebook del Diario Ímpetu Ucayali.
| La maestra ceramista del pueblo Shipibo-Konibo representará al Perú en la Bienal de Venecia 2026 con 70 piezas de arte ancestral. Desde Yarinacocha, su historia une memoria, resistencia y el reconocimiento internacional de una tradición que nació en la Amazonía.
Desde una quebrada en Iparía hasta la Bienal de Venecia, el camino de Celia Vásquez no se explica con suerte, sino con terquedad. La artista Shipibo-Konibo, nacida en la profundidad de Ucayali y conocida también como Birijisbo —“relámpago”, en su nombre originario— llevará este 2026 el arte kené y la cerámica ancestral amazónica a la 61.ª Exposición Internacional de Arte de Venecia, una de las vitrinas culturales más importantes del planeta.
La historia comenzó lejos de los reflectores. Su madre era ceramista y, paradójicamente, fue quien intentó impedir que aprendiera. Había perdido a otra hija que dominaba el oficio y temía repetir la tragedia. Celia recuerda que le quitaban la aguja, el barro y hasta el hilo. Pero insistió. Aprendió escondida, aprovechando cuando su madre iba a la chacra. Allí, entre plátanos y silencio, comenzó a moldear sus primeras tinajas y a dibujar sus primeros trazos.
Años después, esa rebeldía silenciosa encontró recompensa. Participó en un concurso nacional de cerámica casi sin creer en sus posibilidades. Competía con decenas de artistas y presentó una mocahua ceremonial hecha tres veces hasta alcanzar el acabado que buscaba. Ganó. Ese reconocimiento no solo validó su trabajo: le abrió las puertas de su primer viaje internacional a Estados Unidos. “Ahí sentí que sí tenía mucho valor”, recordó durante una entrevista.
Luego vinieron Canadá, México y exposiciones en el extranjero. Incluso su obra alcanzó espacios como Nueva York, donde presentó piezas inspiradas en los espíritus animales y la defensa de la fauna amazónica frente a la tala y la destrucción del bosque. Para Celia, el arte no es decoración: es memoria viva y también denuncia. Sus cerámicas nacen de arcilla extraída de quebradas, de tierras naturales y de diseños que, según dice, no copia de ningún lado: “Eso sale de la mente”.
Ahora la cita es mayor. En mayo viajará junto a su hija y su familia para instalar en Venecia una exposición de 70 piezas. Compartirá espacio con otras artistas como Sara Flores y con creadores de distintas partes del mundo. “Para mí es una sorpresa grande estar en esa Bienal y llevar mi trabajo”, afirma. No habla de fama, sino de representación: llevar el kené donde antes parecía imposible.
Su mensaje final tiene menos glamour y más verdad. Pide valorar el arte de los pueblos originarios antes de que el reconocimiento tenga que venir desde fuera para ser tomado en serio. “Todos tienen que valorar nuestro trabajo, los pueblos Shipibo-Konibo, que es kené, que es arte, que también cerámica”, dice. En Venecia no solo viajará una artista: viajará una parte de la Amazonía que durante demasiado tiempo fue admirada desde lejos, pero pocas veces escuchada de cerca.
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