Tras esta consigna decenas de millones de personas se movilizan y luchan hoy por cambios sustanciales en el mundo que habitamos. Opciones populares, democráticas y progresistas que hoy gobiernan algunos de sus países evidencian que es posible hacer realidad las esperanzas de miles de sus conciudadanos y que ello favorece la emergencia y consolidación de un importante movimiento político y social q
ue apuesta por una sociedad más justa y equitativa. Entonces, sobran razones para persistir en el socialismo en el mundo y en el Perú en particular. Los problemas que dieron origen a esta grave situación de injusticia social, siguen presentes y en muchos casos se agudizan. La desigualdad es mayor que nunca, la miseria es crónica en muchas regiones y el trabajo humano se ha precarizado. Mientras la ciencia y la tecnología avanzan aceleradamente, aumentando la productividad y eficiencia de los servicios sociales, millones mueren de hambre y epidemias tradicionales y nuevas arrasan. Los niveles de exclusión preocupan en los informes de organismos internacionales, mientras la tierra se recalienta por la degradación del modelo de desarrollo imperante. El socialismo es una opción y una visión alternativa cuyos pilares de equidad, justicia, democracia participativa y ética de los productores mantiene vigencia y puede demostrar que “otro mundo y otro Perú es posible” si se entrelaza con las grandes mayorías y se nutre de sus aspiraciones, pero ello podrá encaminarse por rumbos exitosos siempre que enfrente simultáneamente un balance crítico de su historia mundial y nacional, así como de aquellas visiones sectarias y dogmáticas e ideas erróneas que condujeron a autoritarismos y modelos verticales que expropiaron el poder a las mayorías.