04/07/2026
Hoy, 4 de julio, celebramos algo que nos pertenece por derecho propio. Somos ciudadanos americanos desde 1917, y para quienes creemos en la unión permanente con los Estados Unidos, esta fecha no es una celebración ajena: es la nuestra. Es el día en que nació la nación que nos garantiza las libertades que demasiados en este mundo solo pueden soñar.
Celebramos la libertad de expresión, de culto, de prensa. Celebramos el derecho a la propiedad privada — la certeza de que lo que construyes con tu esfuerzo es tuyo, que nadie te lo puede arrebatar por decreto. Celebramos un sistema de leyes, no de caudillos; de oportunidades, no de privilegios heredados.
Y celebramos a quienes lo hicieron posible. Los puertorriqueños hemos derramado sangre por esta nación en cada conflicto desde la Primera Guerra Mundial. Los Borinqueneers del Regimiento 65 de Infantería pelearon en Corea con un valor que le ganó la Medalla de Oro del Congreso. Miles de nuestros hijos e hijas visten hoy el uniforme. Cuando ondeamos las dos banderas, la de Puerto Rico y la de los Estados Unidos, honramos ese sacrificio. No hay contradicción entre ser puertorriqueño y ser americano: hay complemento.
La libertad económica también es libertad
Hay quienes desprecian el capitalismo y sueñan con modelos socialistas que, dondequiera que se han impuesto, han producido lo mismo: escasez, censura, éxodo y miseria. No hace falta teorizar; basta mirar a Cuba y Venezuela, de donde la gente huye, y compararlas con el país hacia donde la gente huye. Esa es toda la evidencia que un pueblo honesto necesita.
La libre empresa no es un sistema perfecto, pero es el que ha sacado a más seres humanos de la pobreza en la historia. Es el que le permite al hijo de un obrero abrir su negocio, comprar su casa, educar a sus hijos y dejarles algo mejor. Quienes prometen igualdad repartiendo lo ajeno terminan repartiendo únicamente pobreza — y quedándose ellos con el poder. La verdadera justicia social es la oportunidad, no la dependencia.
Para nosotros, este 4 de julio también es un recordatorio de la obra inconclusa: la igualdad plena. Más de tres millones de ciudadanos americanos en Puerto Rico no votan por su Presidente ni tienen representación con voto en el Congreso que aprueba las leyes que nos rigen. La estadidad no es un favor que pedimos; es la culminación natural de más de un siglo de ciudadanía, sacrificio y lealtad.
Que este 4 de julio ondeen las dos banderas con orgullo. Que suene el himno y que recordemos a los que ya no están porque dieron su vida por esta unión. Y que trabajemos, con la fe de siempre, para que pronto la bandera americana tenga cincuenta y una estrellas — y una de ellas sea la nuestra.
¡Dios bendiga a Puerto Rico y Dios bendiga a los Estados Unidos de América!