El ser humano necesita comunicarse con sus semejantes, por lo que desde tiempos inmemoriales se ha valido de diversas herramientas para hacer llegar su mensaje a lugares lejanos. El hombre ha utilizado palomas, señales de humo y tambores para difundir noticias, así como personas de probada memoria para enviar información de un punto a otro. La invención de la escritura permitió prescindir de la
transmisión oral y enviar, ya de manera totalmente fiable, las buenas nuevas. Sus portadores eran atléticos jóvenes, por lo que no es de extrañar que la palabra correo provenga del verbo correr. El primer sistema postal que tenemos perfectamente documentado es el romano. El emperador César Augusto puso en marcha para su propio uso y el de sus acompañantes un servicio llamado cursus publicus, compuesto por carruajes tirados por caballos que circulaban a gran velocidad por la excelente red de calzadas. No obstante, existía también otro servicio más lento, equipado con carretas de dos ruedas tiradas por bueyes. El nombre latín del correo, posta, se debe a las estaciones en las los mensajeros solían descansar durante sus viajes. Desde entonces, el sistema postal ha ido evolucionando con el paso del tiempo, aumentando su grado de organización y servicio prestado. En la actualidad, su control está en su mayoría en manos de los gobiernos de los distintos países, y está sujeto a una serie de reglas fundamentales y leyes comunes. Desde el siglo XIX el pago para el envío se realiza con el franqueado con sellos, y el lugar de entrega de la correspondencia son los buzones, pequeños depósitos que comenzaron siendo cajas de madera incrustadas en la pared. A lo largo y ancho del planeta podemos encontrar una gran variedad de compartimentos, generalmente diferentes en función del lugar en el que nos encontremos. Muchos de ellos se han convertido en auténticos iconos, de manera que con sólo ver un buzón podemos saber el sitio en el que estamos. Pero hay personas que no se resignan a tener modelos estandarizados, por lo que han querido, con mayor o menor acierto, darle un toque personal a dichos casilleros. He aquí una selección de los buzones más extravagantes que ha parido el talento humano.