Rafael Arévalo

Rafael Arévalo Presidente de la Federación Salvadoreña de Tenis 🎾

17/06/2026

LUNES DE ANÉCDOTAS - CAPÍTULO 9

LUNES DE ANÉCDOTAS - CAPÍTULO 9En la última entrega de LUNES DE ANÉCDOTAS nos detuvimos a destacar una de las decisiones...
16/06/2026

LUNES DE ANÉCDOTAS - CAPÍTULO 9

En la última entrega de LUNES DE ANÉCDOTAS nos detuvimos a destacar una de las decisiones más cruciales para una persona que, siendo un niño de 10 o 12 años, sueña con ser un profesional del tenis.

El cumplimiento de ese sueño comienza con una primera decisión trascendental porque cambia para siempre la vida de un niño. Vimos que si ese niño no resuelve iniciar su camino hacia el profesionalismo dedicándose a practicar tenis seis y hasta ocho horas diarias y, a la par, tomar los estudios a distancia para que ello le permita alcanzar la formación que exige este deporte, no podrá hacer realidad su sueño.

La práctica del tenis exige —como digo— horas diarias de formación, de práctica y semanas y semanas de competencias para desarrollar la confianza, el carácter y la mentalidad de un atleta de alto rendimiento. Puse énfasis en la necesidad de tomar esas decisiones a esa edad tan temprana porque, de lo contrario, la puerta que abre hacia el profesionalismo estará cerrada.

Esa no fue solamente una decisión personal que tomé a mis doce años acompañado por mi familia. A lo largo de mi carrera profesional comprobé que, si no la totalidad, al menos la inmensa mayoría de tenistas destacados del circuito internacional adoptaron también esa decisión a temprana edad.

Quiero destacar que para quienes aman el tenis a los diez o doce años y no cambian su rutina de vida —asistir al colegio de lunes a viernes y practicar tenis en ratos libres y los fines de semana— no se cierran todas las puertas. Otras se abren como, por ejemplo, el objetivo que la gran mayoría de niños y niñas de la gran familia del tenis a nivel mundial y, sobre todo y muy específicamente, en los países centroamericanos, buscan —y es una oportunidad que el tenis brinda—: ganar una beca de hasta el cien por ciento en alguna de las mejores universidades de Estados Unidos, por medio de formar parte de los equipos de una de esas universidades, en la liga NCAA.

Pero también —al cerrarse la puerta que conduce al profesionalismo del tenis— quedan otras abiertas; otras puertas muy importantes: todas las bonitas relaciones y la hermosa experiencia que este deporte brinda a cada uno de quienes lo practican. En esos grupos se constituyen relaciones de amistad y afecto, se comparten p***s y alegrías, logros y emociones. Se forman así verdaderas comunidades.

Siempre lo pensé, lo pienso y seguiré pensando que una de las mejores maneras de formar a un ser humano es por medio de la práctica de un deporte, como complemento de una formación integral. Y si se trata del tenis —que es un deporte que en la competencia nadie te puede ayudar, estás solo en la cancha y solo contás contigo— se reflejan muchas de las experiencias que la vida, en el día a día, le trae a cualquier persona. Los y las tenistas, después de muchos años de práctica y experiencia en este deporte, logran formarse y prepararse de una manera integral para enfrentar la vida real.

Por ello —hago acá un paréntesis y me refiero a mi experiencia actual como presidente de la Federación Salvadoreña de Tenis— es tan importante promover la práctica de este y otros deportes. Es un aporte invalorable a la formación de las nuevas generaciones de nuestros países.

Para 1999, mi gran amigo Jaime Cuéllar y yo ya teníamos un año y medio de haber tomado la decisión de entrenar unas seis y hasta ocho horas al día. Jaime, Jymi, como le llamo de cariño, se fue a Florida a la PTA, una academia apoyada por la ITF en esos años. Ese proyecto había iniciado en Panamá, en Curundú, y luego se mudó a Florida. Allá el programa contemplaba estudios bajo un sistema de formación americano. Yo estaba en un régimen similar en El Salvador y eventualmente visitaba la PTA por algunas semanas.

Un año y medio en ese régimen inició a dar resultados. Desde mis 11 años y Jaime 12, iniciamos a formar un equipo con ganas de llegar a las grandes ligas. Ese mismo año vino la eliminatoria al Mundial de 12 años que se jugaría en la República Checa, donde participan los mejores juveniles del mundo que años más tarde se convierten en las grandes figuras del tenis profesional.

La eliminatoria se dio en el Maya Country Club. La primera fase era entre países de Centroamérica y el Caribe. Había que ganar el evento para luego pasar a la última fase de clasificación contra México, Canadá y Estados Unidos, en donde los mejores tres de los cuatro participantes clasificarían al Mundial. Jaime tenía mucha garra y yo también; habíamos tomado la decisión de prepararnos y hacer lo que eso requería. Terminamos ganando la primera fase de la eliminatoria y, unos meses más tarde, se dio algo histórico: El Salvador, por primera vez, había clasificado al Mundial U12. Descalificamos a México y participaron Canadá, Estados Unidos y El Salvador.

Fue una gran experiencia en República Checa. Llegamos por primera vez a Europa. Jaime no pudo participar porque el Mundial era el siguiente año y él ya pasaba a la siguiente categoría, pero asistimos con su hermano, otro gran amigo, Ricardo Cuéllar, Ricky. Él hacía el servicio con la derecha y luego jugaba con la izquierda; impresionante, porque es el único caso en el mundo que vi en un jugador.

Éramos los mejores de la región a los 12 años, pero estábamos lejos del nivel de Europa. Quedamos en último lugar en el Mundial. Dijimos: realmente falta trabajar mucho. Éramos los más pequeños, los menos desarrollados; había europeos y sudamericanos que nos sacaban una cabeza. Era imposible; no teníamos la potencia necesaria. Rafael Nadal, Nicolás Almagro y Pepe Checa ganaron ese Mundial representando a España.

Recuerdo que también dije: a seguir trabajando más duro. Algún día estaremos en las grandes ligas. El reto cada vez se hacía más grande y nunca dejamos de creer que podíamos lograr el nivel y llegar a poner nuestra bandera en lo más alto del tenis mundial. Así que continuamos luchando, entrenando y buscando las fortalezas físicas y mentales.

Después de esa clasificación al Mundial, no ha vuelto a suceder que El Salvador vuelva a ese evento de 12 años. Por eso, como presidente de la FST, intento motivar a más familias a tomar la decisión a tempranas edades, porque es una decisión muy personal y familiar, y ya hemos generado mejores condiciones en la región para intentarlo. No hay nada que perder, querida familia del tenis centroamericano; en esto, por cualquier lado que lo analicemos, siempre se gana.

Saludos a todos.

En los próximos Lunes de Anécdotas les hablaré de más experiencias.

LUNES DE ANÉCDOTASCAPÍTULO 8LUNES DE ANÉCDOTASEn el último capítulo vimos la enorme importancia que el acompañamiento de...
09/06/2026

LUNES DE ANÉCDOTAS

CAPÍTULO 8

LUNES DE ANÉCDOTAS

En el último capítulo vimos la enorme importancia que el acompañamiento de mis padres tuvo en mi carrera tenística. Fue un gran impulso para que pudiera dar el salto, el primer salto decisivo en mi ingreso al mundo del tenis de competencia internacional. Hoy veremos cómo, gracias a ese apoyo familiar, pude dar un segundo salto que, esta vez, me condujo a mi ingreso definitivo al terreno de la formación, capacitación y ejercicio del deporte que, en ese momento de mi vida, la de un niño de ap***s 12 años, impulsaba mi presente y mi porvenir.

En 1998, a mis doce años, vivíamos en Sonsonate. Ericka, mi hermana mayor, no se había graduado aún. Pero ya en ese momento mis padres habían tomado la decisión de impulsarme a avanzar más en mi carrera. La posibilidad de alcanzar una formación mayor y de dedicar más tiempo a ello implicaba una mudanza mía a San Salvador.

Mis padres comenzaron a ver dónde podía vivir en la capital del país. Una tía, hermana de mi madre que vivía en San Salvador, era la solución más inmediata. Y, al mismo tiempo, estaba un amigo de mi padre, Don Lico Mejía, a quien conocíamos de antes por el tenis. Él nos ofreció su casa para que yo fuera a vivir con su familia. El amigo tenía un hijo que también jugaba tenis. Eso fue decisivo. Iría a vivir a la casa de un compañero y amigo del tenis. Allí pasé el primer año de aquella nueva vida.

Aquella nueva vida implicaba una rutina exigente que hoy, a la distancia, pienso que solo mi profunda vocación por el tenis podía ayudarme a cumplir. Entrenaba desde las 8:00 hasta las 12:00 de la mañana todos los días en el Polideportivo. Una parte de ese entrenamiento era física y la otra técnica. Luego almorzaba. Teníamos un descanso y desde las 2:00 de la tarde hasta las 4:00 continuaba con el entrenamiento técnico y, luego, hasta las 5:00 la parte física. Teníamos una merienda de media hora y, desde las 5:30 hasta las 7:00 de la noche, continuaba con mis estudios.

Esa era la dura rutina de cada día para un niño de 12 años.

De lunes a viernes tenía como materias matemáticas, ciencias, idiomas —inglés— y otras en los horarios del atardecer. Además, estudiaba los fines de semana. De esa manera podía entrenar intensamente toda la semana y continuar con mis estudios en el colegio.

Al año siguiente, mi hermana Ericka terminó el ciclo medio y se había inscrito para ingresar a la Universidad Dr. José Matías Delgado. Entonces, mis padres alquilaron en San Salvador un departamento y allí me mudé a vivir junto con mi hermana. Eso fue ya en 1999.

En ese año sucedió algo importante. El Instituto Nacional de los Deportes de El Salvador había hecho una alianza con su par de Cuba. Gracias a ello, entrenadores de ese país llegaron al nuestro para apoyar nuestra formación tenística. Aquel año, entrenadores cubanos y también de otros países dieron un plus muy alto a nuestro desempeño. Entre ellos, el profesional argentino Hugo Giménez, que conducía el programa, y otros como Raúl Molina —quien nos dio un enorme apoyo en la formación—, Tito Pineda, César Nolasco y, según recuerdo, un preparador físico cubano, Tito Romero, que era a su vez entrenador de taekwondo.

A su vez, teníamos una nutricionista —recuerdo su nombre, Evelyn— y una psicóloga cubana. Así inicié mi etapa entre los 12 y los 14 años, con ese régimen: entrenando ocho horas diarias, con preparación física, técnica, nutrición, psicología y jugando torneos nacionales y centroamericanos.

Ese año, con catorce años de edad, gané una beca para poder jugar torneos en Sudamérica, lo que significaba un nuevo salto en mi carrera. Allí la Federación Internacional de Tenis (ITF) comenzó a apoyar el desarrollo del tenis en todo el mundo y eso tuvo repercusión en nuestra región.

Con fondos que dejaban los Grand Slam, la ITF recibía una parte que le permitía otorgar becas a niños con talento de las diferentes regiones del mundo. En aquel momento yo ya era el mejor de Centroamérica y uno de los mejores de Centroamérica y el Caribe, y eso me permitió ganar otras becas.

Me había incorporado a un mundo con proyección al tenis profesional junto a adolescentes algo mayores que yo. Por mi experiencia y por mi desarrollo físico y técnico, no me iba bien en las competencias por Sudamérica. Jugaba con tenistas más desarrollados y con mayor fogueo que yo y perdía porque no podía sostener ese nivel alrededor de mis 14 años.

Recuerdo que la primera vez que jugué por Sudamérica no gané un solo partido en toda la gira; bueno, no gané ni un solo set. Sin embargo, eso no me desmotivó. Conocí el nivel que había en Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú y Ecuador.

Al contrario de desmotivarme, me tomé con más seriedad el reto. Esa experiencia me permitió darme cuenta de lo duro que tenía que trabajar para llegar lejos. Era el mejor de mi país, de Centroamérica y uno de los mejores de toda la región, pero eso no alcanzaba en Sudamérica. Por lógica, estaba aún más lejos del nivel europeo.

Tenía una desventaja enorme. Todos ellos entrenaban con entrenadores que tenían gran experiencia y con muchos chicos de alto nivel. En mi caso, entrenaba con profesores que aún no habían tenido la experiencia de formar profesionales del tenis y, en el grupo de entrenamiento, había solamente niñas: cuatro niñas que se habían decidido a tomar el reto y que venían de un programa llamado Búsqueda de Talentos, que reclutaba niños de centros escolares del país.

Recalco mucho esta decisión que tomamos en familia porque es una de las más difíciles en el desarrollo de un tenista. Es la primera decisión que te permite tomar el rumbo correcto hacia el tenis de alto nivel profesional y también, si no la tomas, es la decisión que te dejará fuera de esa posibilidad.

Entonces, a los 11 o 12 años, debes decidir entre entrenar a tiempo completo y dejar la formación académica presencial, o continuar en el colegio presencial y alejarte del tenis profesional. Después de esta etapa vienen otras muy importantes también, pero esta es la primera y más importante si alguien quiere convertirse en profesional del tenis.

Mientras eso ocurría, yo vivía, como dije antes, con mi hermana en San Salvador. Mis padres, siempre pendientes, venían a verme dos o tres veces por semana y, los fines de semana, yo iba a Sonsonate a pasarlos en familia. Necesitaba ese calor familiar que me nutría para mantener las duras rutinas semanales.

Por su parte, mi hermano Marcelo, cuando ya tenía 8 y 9 años, había comenzado a competir en torneos nacionales. Junto con sus compañeros de formación y capacitación veía con admiración a mi grupo, que entrenábamos ocho horas al día y competíamos en distintos países del continente.

Éramos modelos a seguir para muy pocos o tal vez solamente para Marcelo. Algunos de ellos decían que estábamos locos, pero se sorprendían cuando competíamos por todo el mundo.

Todo eso motivaba más y más a Marcelo. Decía en las mesas familiares que él también quería tener ese régimen de aprendizaje y entrenamiento.

Toda aquella etapa fue un incentivo para que él siguiera los pasos de su hermano mayor, que estaba entrando en un mundo del tenis que le permitía viajar para competir por toda la región y otras partes de América.

En los próximos Lunes de Anécdotas veremos cómo fueron evolucionando los resultados a nivel internacional.

Hasta el próximo lunes.

09/06/2026

LUNES DE ANÉCDOTAS - CAPÍTULO 8

LUNES DE ANÉCDOTAS. Capítulo 7Continuamos hoy con nuestros LUNES DE ANÉCDOTAS. En este capítulo veremos la etapa en la q...
02/06/2026

LUNES DE ANÉCDOTAS. Capítulo 7

Continuamos hoy con nuestros LUNES DE ANÉCDOTAS. En este capítulo veremos la etapa en la que se construyó el vínculo profundo de mi familia con el deporte, el tenis en particular.

Vimos hasta acá, en anécdotas anteriores, cómo la familia en conjunto fue involucrándose con el tenis y cómo fue mi proceso para llegar a la práctica sostenida de este deporte; mi participación en competencias nacionales e internacionales -en representación de nuestro país-, desde mis diez años.

Ahora veremos cómo mi familia consolidó su vínculo con el tenis, hasta apostarle sin límites a este deporte, desde que cumplí once años. Veremos también cómo, siendo un niño de esa edad, decidí concentrar mi vida en la práctica de este deporte y concebir así mi propio futuro.

De mi parte, en poco tiempo había logrado ser el número uno de mi país en la categoría de diez años y, al mismo tiempo, también el número uno de Centroamérica en esa misma categoría. En ese tiempo, más que ganar los partidos y las competencias que disputaba, viajar con mi familia para participar de esos torneos centroamericanos y jugar me hacían más feliz.

Al mismo tiempo, mis padres me habían dado la oportunidad de conocer cómo era la vida de un tenista profesional, cuando me llevaban a ver el ATP de Miami y disfrutar de los partidos de los mejores del mundo.

El paso a paso en mi formación, la práctica y mi participación en el mundo de las competencias, se vio completado con la experiencia de ver jugar a los grandes de aquellos años; de vivir la emoción que se siente en las tribunas siguiendo cada partido de los más destacados del tenis, cada definición de un game, de un set, de un partido. Los días y las noches de aquellos tiempos, mis sueños eran verme en la cancha, jugando con alma, corazón y vida cada partido y sintiéndome acompañado por las tribunas al ganar cada set y, sobre todo, romper el hielo y demostrar que un salvadoreño podía poner la bandera en lo más alto de este deporte. No podía seguir siendo un alemán mejor que un salvadoreño, un español mejor que un salvadoreño, un americano mejor que un salvadoreño, no podía ser un francés mejor que un salvadoreño, sino que un salvadoreño debía ser un salvadoreño en medio de las grandes ligas. Sabía que nadie había intentado antes en la región centroamericana buscar el camino del profesionalismo en el tenis, un poco a ciegas, pero tenía fe y tomé el reto.

Todo eso generó en mí una determinación: tracé el camino claro que quería recorrer y el reto que quería afrontar. Quería hacer realidad mis sueños; quería verme en los mejores escenarios del mundo. Decidí que sería un profesional del tenis, que estaba dispuesto a hacer lo que habría que hacer para lograrlo.

Confieso que no sabía cómo hacerlo; tampoco mis padres ni los entrenadores que había en el país. Nadie sabía qué teníamos que hacer. Pero yo estaba dispuesto a intentarlo y a lograrlo. No tenía dudas. No tenía ningún temor. Y mi familia había decidido acompañarme y apoyarme.

Así, el tenis se convirtió en mi obsesión.

En nuestra casa, desayunábamos tenis, almorzábamos tenis y cenábamos tenis. En aquel año, 1997, yo con once años, el tema central de conversación de la mesa familiar era el TENIS.

Mi primera decisión fue dejar de practicar los demás deportes y otras actividades y comencé a ver el tenis como una profesión. Todo lo demás lo vivía como una amenaza. Por ejemplo, el fútbol podía lesionarme los tobillos; el básquet, las muñecas y, todo eso, dejarme fuera de la práctica del tenis durante meses; con ese temor dejé de hacer todas aquellas actividades que podían poner en riesgo mi futuro en el tenis.

Mientras tanto, la familia se afianzaba en sus emprendimientos y proyectos a futuro. Aquel año mi padre adquirió tres terrenos vecinos a nuestra casa nueva. Con ello, mi padre deseaba garantizar que mi hermana Erika, Marcelo y yo tuviéramos un terreno cada uno donde construir nuestras casas cuando fuéramos adultos y tuviéramos nuestras propias familias, todo ello en una misma residencial.

Un día me dijo que quería hablar conmigo. Sentí que era algo serio. Me dijo: “Mira, hijo, vamos a hacer una cancha de tenis en tu terreno. ¿Te parece?”. Me pareció perfecto. De esa manera, entrenaría tres veces semanales en San Salvador y el resto de la semana en Sonsonate.

Mientras él llevaba los materiales y estaba todo listo para comenzar la obra, analizábamos cómo íbamos a iluminarla y todos los otros detalles. Mientras estábamos en eso, me contó papá que a ese terreno le faltaban dos metros para que la cancha tuviera las medidas profesionales. Me dijo que otra opción era hacerla en la casa nueva, pero eso significaba que había que demoler la piscina recién construida. Y me preguntó: “¿Estás de acuerdo en que vendamos este terreno y compremos otro más grande? Así haremos la cancha como corresponde, con las medidas profesionales”. De inmediato le dije: “Sí, papá”.

El terreno encontró rápidamente comprador: una familia amiga de Suadisa. Eso nos alegró. El terreno vecino quedaría en manos de gente amiga. En dos meses mi padre ya había comprado el terreno que deseábamos, de dos manzanas y media, a orillas de la carretera a Acajutla. Dándole vueltas a la dimensión del terreno y la ubicación, mi padre pensó en hacer más grande el proyecto. Así nació el Sonsonate Country Club, con dos canchas de tenis profesionales, una piscina semiolímpica, cancha de vóley de playa, otra de fútbol rápido, áreas comunes, salones para eventos y servicios de comida. Todo eso nació de la idea de contar con una cancha de tenis.

A partir de esto se contrató un profesor de tenis; martes y jueves por la tarde jugábamos en las dos canchas de tenis y los lunes, miércoles y viernes seguíamos yendo a entrenar al Polideportivo de Ciudad Merliot.

Además de esa actividad intensa, tres veces por año representaba a El Salvador en eventos centroamericanos y jugaba entre diez y doce torneos nacionales. Y los fines de semana, en Salinitas, jugábamos con el grupo de amigos de mis padres.

Como ven, el tenis se volvió una prioridad para la familia. Marcelo, con ap***s 6 años, ya había tomado la raqueta y aprendía todo lo que veía y se le enseñaba.

No podría olvidar jamás aquella época. Fue más que una decisión trascendental. Fue un salto en mi vida. Al día de hoy nunca me arrepiento de haber dejado atrás definitivamente la niñez y la adolescencia con todas las actividades e intereses propios de esa edad, para dedicar cada día, cada hora, cada minuto a construir el camino hacia el futuro soñado. Agradezco a los que me acompañaron y me apoyaron porque creo que fue la mejor decisión en mi vida y también algo que se ha convertido en un legado para el deporte salvadoreño de parte de la familia Arévalo hoy en día.

¡Hasta el próximo LUNES DE ANÉCDOTAS!

27/05/2026

LUNES DE ANÉCDOTAS-CAPÍTULO 7

CENTRAL AMERICA PLAY OFF, STADE FRANÇAIS OPEN.Culminamos con éxito una prueba mas en busca de las oportunidades para nue...
24/05/2026

CENTRAL AMERICA PLAY OFF, STADE FRANÇAIS OPEN.

Culminamos con éxito una prueba mas en busca de las oportunidades para nuestros chicos y chicas.

Los ganadores viajaran en unos dias a Paris al prestigioso evento que ha albergado a grandes estrellas del tenis mundial, irán a la cuna del Roland Garros y van a recorrer y conocer de cerca el gran escenario del abierto de Francia, el segundo grand slam del año.

83 participantes y unos 100 acompañantes son quienes marcaran la historia de esta relación que seguimos fortaleciendo desde El Salvador con el Stade Français.

A La colaboración de COTECC, La liga Centroamericana de Tenis, La Federacion Salvadoreña de Tenis y todos los colaboradores, les doy las gracias por sumarse a estos proyectos a donde ganan los atletas.

“Nuestra visión y politica de gestión al frente del Tenis Nacional seguirá siendo sumar, todo lo que sume es bienvenido, poco o mucho pero que sume.”

Esperamos que estas relaciones entre El Salvador y el Tenis Europeo se sigan fortaleciendo.

Desde la Federacion Salvadoreña de Tenis y La Liga Centroamericana de Tenis a todos los participantes y a sus acompañantes quiero decirles que en El Salvador serán siempre bienvenidos y pueden contar con el apoyo de nuestra experiencia propia y el de nuestras organizaciones nacionales.

Saludos a todos.

Rafael Arevalo
Presidente FST y
Fundador Liga Centroamericana de Tenis

19/05/2026

Este lunes de anécdotas, haremos un resumen de los últimos 3 capítulos de nuestra historia.

RESUMEN CAPÍTULO 4 - 5 - 6

El próximo lunes 25 de mayo continuaremos con nuevos relatos en LOS LUNES DE ANECDOTAS.

12/05/2026

LUNES DE ANÉCDOTAS - CAPÍTULO 6

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