10/16/2026
NICARAGUA: LO QUE WASHINGTON NECESITA ENTENDER ANTES DE QUE SEA TARDE
Hay una frase que Daniel Ortega dijo y que el mundo escuchó y archivó: "Aquí no va a haber más elecciones".
Yo no la archivé. La guardé, porque esa frase es el diagnóstico completo del régimen. No dice "voy a ganar". Dice "no voy a competir". Un gobierno que anuncia que no va a entregar el poder no es un gobierno con el que se dialogue: es un problema de ingeniería política que hay que resolver antes de que explote.
Y hoy ese problema dejó de ser un asunto nicaragüense. Es un asunto de seguridad del hemisferio. Permítanme explicar por qué, con números, no con adjetivos.
PRIMERO: NICARAGUA YA NO ES SOLO UNA DICTADURA. ES UNA PLATAFORMA EXTRANJERA.
Un millón doscientas mil hectáreas del territorio nacional están en concesiones mineras. Catorce coma seis por ciento del país. De cada cien metros de Nicaragua, casi quince ya tienen dueño y no es el nicaragüense.
En septiembre, el régimen firmó en Moscú un acuerdo militar que faculta la instalación de bases en nuestro suelo. Lean esa frase de nuevo: bases militares de una potencia extranjera a mil kilómetros de la frontera de Estados Unidos.
Esto es lo que Washington debería ver cuando mira a Nicaragua: no un expediente más de derechos humanos compitiendo con decenas de países por atención, sino la primera penetración de esta profundidad en el istmo centroamericano. Cada hectárea concesionada, cada acuerdo firmado en Moscú o en Beijing, es infraestructura que el próximo gobierno va a tener que desmantelar en tribunales — y cada año que pasa, más difícil y más caro.
El tiempo juega para el régimen y para sus socios. Nunca para la democracia.
SEGUNDO: EL RÉGIMEN NO NEGOCIA. SE ATORNILLA.
Hablo desde la experiencia directa. A mí me desnacionalizaron por decreto, bajo el cargo de traición a la patria. Mi único delito fue publicar en redes sociales pidiendo libertad para Nicaragua. En la misma lista del mismo decreto pusieron a Sergio Ramírez, vicepresidente sandinista; a Humberto Belli, demócrata cristiano; a monseñor Silvio Báez, obispo.
Un disidente de la revolución, un democristiano, un obispo y un Somoza. Todos traidores, según el mismo documento, firmado el mismo día.
Eso les dice algo que ningún informe les va a decir mejor: este régimen no persigue una ideología. Persigue todo lo que no sea él. Por eso no hay contrapartida posible, no hay gesto que valga, no hay diálogo que prospere. La Gaceta 163 lo escribió en piedra: una reforma constitucional cuyo artículo doce blindaba al Estado contra toda resolución internacional, elecciones congeladas hasta 2028 y mandatos extendidos a siete años.
Escribieron en la ley que no van a entregar el poder. Hay que creerles.
TERCERO: LA IGLESIA ES EL TERMÓMETRO — Y ESTÁ MARCANDO ALARMA.
Washington sabe leer indicadores. Este es el más simple de auditar: procesiones vigiladas, clero expulsado, el nuncio retirado desde hace años, un obispo en la lista de traidores.
Cuando un régimen necesita vigilar una procesión, ya perdió al pueblo aunque conserve el gobierno. En septiembre no celebraron las fiestas patrias por primera vez en diecinueve años. Le tienen miedo a la gente en la calle cantando el himno.
La libertad religiosa en Nicaragua no es un tema de agenda para ampliar coaliciones legislativas. Es el sismógrafo más honesto que queda en pie.
CUARTO: LAS INSTITUCIONES NO EXISTEN. Y EL DÍA DESPUÉS ES EL RIESGO REAL.
Corte Suprema, Consejo Supremo Electoral, Contraloría, Asamblea: vaciadas por dentro, no cerradas. Ochocientos cuarenta y ocho inmuebles transferidos desde 2007, con solo seis casos de trescientos setenta y cuatro con datos registrales completos. En Tola, nueve jubilados estadounidenses perdieron quince millones de dólares en agosto y se enteraron por los empleados del portón. Después les ofrecieron alquilar sus propias casas.
Eso último lo digo pensando exactamente en el lector de Washington: hay ciudadanos estadounidenses despojados en territorio nicaragüense. Eso convierte la restauración de la propiedad y de la justicia en un asunto bilateral, no solo en una causa moral.
Y acá está la advertencia que más me importa hacerles: el riesgo no es la salida del régimen. Es que caiga desordenado. El Estado no se derrumba: se detiene. El funcionario deja de firmar, las nóminas se detienen, el aparato de seguridad se fractura, y la migración explota — no cuando las cosas están mal, sino cuando dejan de ser previsibles.
El vacío siempre lo llena alguien. La pregunta es si lo llena una estructura civil organizada o el que estaba más cerca del timón.
QUINTO: LAS ELECCIONES SON LA MÉTRICA. Y LA NUESTRA ES LA ÚNICA VÍA QUE EXISTE.
Elecciones creíbles con autoridad electoral independiente, observación internacional y libertades civiles restauradas: eso es, en cualquier escenario post-Ortega, lo que legitima la transición ante Nicaragua y ante el mundo.
Por eso la vía del exilio que represento es estrictamente cívica, electoral e institucional. La Alianza por la Libertad de Nicaragua trabaja con estructuras dentro del país, con redes de información en cada departamento, y con un principio que repito cada semana: primero se estabiliza la administración, después se reconstruyen las instituciones, y recién entonces se compite. Invertir ese orden fue el error de 1990. No vamos a repetirlo.
LO QUE PIDO AL LECTOR DE WASHINGTON
Miren a Nicaragua con la misma lógica con que miran cualquier competencia estratégica: contando el terreno, midiendo el tiempo y diferenciando interlocutores. Hay grupos que organizan el exilio. Nosotros, además, estamos adentro.
Cada nicaragüense organizado adentro es un nicaragüense que no camina hacia el norte.
Yo no busco un puesto. Busco que esa silla deje de existir. Mientras exista un trono, siempre habrá un candidato a rey. Mi trabajo es el futuro: derribar el trono para que ningún rey —ni el actual ni el próximo— se vuelva a sentar ahí.
Pasame un ladrillo.
Álvaro Somoza Urcuyo
Alianza por la Libertad de Nicaragua
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