06/13/2026
A QUÉ HORA PERDIMOS LA INDIGNACIÓN
¿Todo está normal?
Por Alvaro Somoza Urcuyo
Serie: Nicaragua: La Hora de la Verdad
Alianza por la Libertad de Nicaragua
Quiero que te hagas una pregunta. Solo una. Sin culpa. Sin vergüenza.
¿A qué hora dejamos de sentir?
No te estoy acusando. Me estoy incluyendo. Porque yo también he sentido ese momento en que llega la noticia y ya no golpea como antes. Ese instante en que lees otro horror y tu cuerpo no reacciona. Como si el cable entre el corazón y la cabeza se hubiera desconectado.
¿Fue cuando quemaron a una familia entera en el barrio Carlos Marx? ¿Fue cuando desterraron a un niño a Costa Rica y le robaron la herencia que sus padres le dejaron? ¿Fue cuando asesinaron a más de quince personas el Día de las Madres? ¿Fue cuando obligaron a miles a huir y después les confiscaron las casas que dejaron atrás?
¿Fue cuando exiliaron a Sheynnis Palacios y una reina universal no pudo pisar su propia tierra? ¿Fue cuando mataron a Alexis Argüello y lo vistieron de suicidio? ¿Fue cuando desaparecieron a Brooklyn Rivera 970 días, lo devolvieron destruido, lo dejaron morir, escondieron su cadáver y encarcelaron a la familia que fue a reclamarlo?
No sé cuándo fue para vos. Pero sé que pasó. Lo sé porque lo siento en el silencio que crece. En los mensajes que ya no llegan. En la tibieza donde antes había fuego.
Y necesito decirte algo antes de seguir:
No es tu culpa. No es mi culpa. No es culpa de nadie que esté leyendo esto.
Lo que nos pasa tiene nombre. Se llama agotamiento moral. Y funciona así: cuando el dolor llega una vez, llorás. Cuando llega diez veces, gritás. Cuando llega cien veces, te apagás. No porque seas malo. No porque dejaste de amar a Nicaragua. Sino porque tu mente recibió más de lo que cualquier ser humano está diseñado para aguantar.
Demasiados mu***os. Demasiadas injusticias. Demasiadas veces en que la rabia no sirvió para nada. Y el cerebro hizo lo único que sabe hacer cuando el golpe no para: cerró la puerta.
Eso no es cobardía. Es biología. Es tu mente protegiéndote para que sigas funcionando, para que tus hijos tengan un padre entero, para que podrás levantarte mañana y seguir adelante.
No estoy aquí para juzgar eso. Estoy aquí porque me pasa igual. Porque somos millones en la misma sequía. Y porque creo que si lo nombramos juntos, deja de controlarnos en silencio.
También sé por qué no te movéis. Y no es lo que otros creen.
No es indiferencia. No es pereza. No es que no te importe.
Es que viste. Con tus propios ojos viste.
Viste lo que le hicieron a Rivera. Un aliado. Un diputado que les sirvió décadas. Y lo desaparecieron, lo mataron, le robaron el cadáver a su familia, encarcelaron a los que lo reclamaron, y Rosario lo llamó hermano mientras lo enterraba a escondidas. Si eso le hicieron a uno de los suyos, qué te van a hacer a vos.
Viste lo que le hicieron a Sheynnis. La mujer más visible de Nicaragua. Y no puede regresar a su tierra. Si eso le hacen a una reina, qué le hacen a un ciudadano común.
Viste lo que les hicieron a los muchachos de abril. Salieron con banderas. Los devolvieron en ataúdes. Si eso le hacen al que protesta, para qué protestar.
Tu cerebro sacó la cuenta. La cuenta dice: moverse es peligroso. Quedarse quieto es sobrevivir. Y tienes familia. Y tienes hijos. Y no podés darte el lujo de ser mártir.
Esa cuenta no es cobardía. Es amor. Es el amor de un padre que prefiere tragarse la rabia antes que dejar a sus hijos sin él.
Yo respeto esa cuenta. No te voy a decir que está equivocada.
Pero sí te voy a pedir que mires algo que esa cuenta no incluyó.
Si quieres entender a profundidad lo que nos pasa, escribí hace un tiempo la historia de un elefante. Un elefante bebé al que ataron con una cadena gruesa. Tiró mil veces. No pudo soltarse. Y ahora de adulto, con la fuerza de arrancar un árbol de raíz, ya ni lo intenta. Lo ata una cuerda delgada a una estaca pequeña. Y no se mueve. No porque no pueda. Sino porque su cerebro decidió hace mucho que no puede. Si quieres leerlo, aquí está: [ https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=pfbid0AGfKinN6ZyZJXfVgUyLhs9SNWrBKA28B33g8UcL8M9FbGkbQjaN9hvqRPES7L9Pdl&id=100089601272705&__cft__[0]=AZYK4yq0_R0RIrM_XlMHkqyOOU-mOH_Lx64QWoJ1VEQdiix8OikmTYmXn6X4L8C4f7atcg4o5tC1ziEdaVk-82y51-4Z23_BG2rn7gd9I7o-ROG6TtjiZz-tHG4jnO_ZT_2EhGw8WRA4T40VT-WVA0yD2OMHSBRAdsmGJ25hW3fx9Q&__tn__=%2CO%2CP-R ]
Pero lo que voy a decirte ahora es diferente. No es sobre por qué estás atado. Es sobre lo que está pasando mientras creemos que nada cambia.
Mirá lo que el régimen hizo esta semana.
Escondió un cadáver. Encarceló a una familia por el delito de querer enterrar a su mu**to. Militarizó la Costa Atlántica entera con tropas del ejército y policía especial. Mandó un comunicado de condolencias firmado solo por Rosario, ya ni siquiera por Daniel. Llenó un velorio con verdugos porque no se atrevió a dejar entrar a la familia real ni al pueblo miskito.
Ahora cerrá los ojos un momento y pregúntate: ¿por qué?
¿Por qué un gobierno que se dice todopoderoso necesita esconder el cadáver de un viejo de 73 años?
¿Por qué un gobierno fuerte le tiene miedo a un funeral?
¿Por qué un gobierno seguro militariza una región entera porque teme que un pueblo se levante?
¿Por qué un gobierno que supuestamente tiene el control llena un velorio con empleados para que no se vea vacío?
Porque no son fuertes. Están aterrados.
Un gobierno seguro entrega el cuerpo y dice: murió de causas naturales, aquí está la autopsia. Un gobierno que controla deja que la familia haga su duelo. Un gobierno fuerte no necesita soldados en cada esquina por miedo a un pueblo indígena con las manos vacías.
Lo que viste esta semana no fue poder. Fue el manotazo desesperado de un animal que siente que el suelo se mueve bajo sus patas.
Y hay más. Nadie les creyó. Nadie. Ni Cuba. Ni la izquierda internacional. Ni la ONU. Ni México. Ni un solo gobierno del planeta salió a decir: tiene razón, Rosario, ustedes lo cuidaron bien. El mundo entero dijo con una sola voz: ustedes lo mataron.
Están solos. Más solos y acorralados que nunca.
Y mientras vos y yo nos convencíamos de que nada sirve, algo estaba pasando.
Miles de nicaragüenses se movieron. En silencio. Sin marchas. Sin pancartas. Sin poner su cara en ningún lado. Cada uno dio un paso pequeño: un mensaje, un registro, una conexión con otros.
Y están bien. Están vivos. Están protegidos. No les pasó lo que le pasó a Rivera. No les pasó lo que le pasó a los muchachos de abril. Porque encontraron una forma de actuar que no requiere exponerse.
Eso es lo que tu cuenta no incluyó: ya existe un camino donde hacer algo no significa jugarte la vida.
No te estoy pidiendo que seas Rivera. No te estoy pidiendo que marchés en una rotonda. No te estoy pidiendo que publicués con tu nombre ni que desafiés al régimen de frente.
Te estoy mostrando que hay un espacio entre no hacer nada y arriesgarlo todo. Un espacio seguro. Un espacio donde miles ya están. Vivos. Completos. Construyendo.
Yo sé que la valentía se siente agotada.
Yo sé que la indignación se fue apagando de mu**to en mu**to, de horror en horror, hasta que un día te diste cuenta de que ya no sentías nada. Y que ni siquiera te dolía no sentir.
No te voy a pedir que recuperés la indignación. Tal vez ya no vuelve. Y está bien. Porque la verdad que nadie te dice es que no necesitás rabia para actuar. No necesitás fuego. No necesitás emoción.
Solo necesitás una decisión. Fría. Clara. Tranquila.
La decisión de decir: no sé si algo va a cambiar. Pero no quiero llegar al final de esto sin haber hecho algo. Lo que sea. Por pequeño que sea. No quiero que el día que Nicaragua sea libre, y ese día va a llegar, me pregunte a mí mismo qué hice. Y la respuesta sea: nada.
Eso no es valentía. Es dignidad. Y la dignidad no necesita adrenalina. Solo necesita una decisión.
No te pido que actuemos hoy si no podés. No te pido que sintás algo que no sentís. No te pongo fecha. No te pongo presión.
Solo quiero que sepáis tres cosas:
Primera: lo que sentís es normal. Somos millones en la misma sequía. No estás solo.
Segunda: El régimen está más débil de lo que quiere que creás. Esconde cadáveres, militariza costas, llena velorios con empleados. Eso no es fuerza. Es miedo. Y un animal asustado es peligroso, pero también es vulnerable.
Tercera: hay un camino que no existía antes. Un camino donde podas hacer algo, estar conectado, ser parte de algo más grande, sin exponer tu nombre, sin arriesgar a tu familia, sin ponerte frente a ninguna bala.
Miles lo caminaron. Están bien. Y van a estar ahí cuando vos decidas.
Escribirme al WhatsApp: 1 786 960 4180
Manda tu identificación con foto. Tu identidad está protegida. Miles lo han hecho, incluyendo gente dentro de Nicaragua. Nadie ha sido expuesto. Eso no es promesa. Es historial. Años de historial verificable.
No te pido valentía. No te pido emoción. No te pido heroísmo.
Te pido una decisión. Pequeña. Silenciosa. Tuya.
Y si hoy no es el día, está bien. Aquí vamos a seguir.
Pero si algo adentro tuyo, por apagado que esté, te dice que mereces más que esta sequía, entonces tal vez hoy sí es el día.
No para ser héroe. Para dejar de estar solo.
¿A qué hora perdimos la indignación?
No sé. Y tal vez ya no importa.
Lo que importa es que no necesitamos indignación para dar un paso. Solo necesitamos decidir que el silencio ya no nos representa.
Hoy es un buen día para decidir.
Álvaro Somoza Urcuyo
Una Hora con Álvaro Somoza
Alianza por la Libertad de Nicaragua