Jirones de Nuestra Historia

Jirones de Nuestra Historia Esta página trata de torturas y malos tratos contra presos y activistas de derechos humanos cubanos. Para que el mundo lo sepa.

Solo para poner testimonios de lo que vimos o vivimos en carceles y clandestinidad.

11/19/2017

viernes, 3 de noviembre de 2017
BAYONETAZOS A ISRAEL ABREU
TESIMONIO DE ISRAEL ABREU SOBRE GOLPIZA RECIBIDA
Jirones de Nuestra Historia:

Luis Israel Abreu: trabajo forzado en Isla de Pinos

Al dar inicio el Plan de Trabajo Forzado Camilo Cienfuegos de Isla de Pinos, a finales del año 1964, plan cuyo objetivo principal era obligar a los reclusos a pasar para el Plan de Rehabilitación, dividieron a los miles de presos políticos que allí nos encontrábamos en bloques y brigadas de trabajo. A mí me ubicaron en un bloque de trabajo compuesto totalmente por estudiantes debido a que yo era estudiante también. El Bloque 19, que así lo llamaron, mantenía un gran nivel de con-ciencia ya que al ser todos estudiantes era más fácil ponernos de acuerdo para resistir al trabajo forzado.
Primeramente nos llevaron a trabajar a las canteras de piedra de Isla de Pinos donde fuimos sometidos a todo tipo de atropellos para hacernos trabajar. Sin embargo, no lograron romper nuestra resistencia al trabajo forzado lo que manifestábamos constantemente al trabajar y caminar a paso de jicotea. Todos los días regresábamos de las canteras con nuestros cuerpos magullados y ensangrentados por tanto golpe que recibíamos. Nuestra rebeldía llegó a tal punto que a los pocos días de estar trabajando el gobierno decidió no sacarnos más a trabajar hasta elaborar alguna estrategia que lograra doblegar nuestra rebeldía.
A los cinco o seis meses de aquella inactividad, empezó a correr un rumor de que nos sacarían nuevamente y que para ello habían decidido poner al frente del Bloque 19 a un Teniente apodado "Girón" y al Cabo Carbonel, más conocido como "Campeón" por lo fuerte que pegaba. El Teniente Girón venía precedido de gran "fama" y, según sus propios comenta-rios, nos haría trabajar por las buenas o por las malas. Desde la primera salida nos dimos cuenta de que el Teniente Girón era un asesino profesional y que estaba dispuesto a llevar las cosas hasta las últimas consecuencias. Lo primero que hizo fue cambiarnos de trabajo. En vez de llevarnos nuevamente a las canteras, nos llevaron a arrancar yerba a los potreros, donde podrían aplicarnos todo tipo de tácticas sicológicas y brutales para hacernos trabajar. Nos pusieron a trabajar en una larga fila horizontal para que avanzáramos todos al mismo tiempo, mientras que él y el Cabo Campeón recorrían la hilera de presos encorvados dándonos planazos por las espaldas y pinchándonos con sus largas bayonetas. Al ver que ni con esto nos hacían correr mientras arrancábamos la yerba, el Teniente Girón cargó en sus brazos una ametralladora calibre 30 y, lanzando gritos como un loco, recorría aquel potrero dándonos golpes y amenazándonos con ametrallarnos. Aún cuando el Bloque 19 estaba aterrorizado, a nadie le pasaba por la mente acogerse al plan de rehabilitación. Todas las noches regresábamos al edificio sumamente golpeados y nos acostábamos pensando en la paliza del próximo día.
En la mañana del 2 de noviembre de 1965, mientras esperábamos en fila para empezar a arrancar la yerba con picos y palas, vimos cómo el Cabo Campeón se le abalanzaba encima a uno de los estudiantes más jóvenes, más débiles, con un palo en la mano, y lo golpeaba salvajemente. Ya para entonces, no importaba que trabajásemos. Lo que ellos querían era someternos por la fuerza al plan de reeducación, no importando lo que rindiésemos en el trabajo. Yo no pude aguantar más tanto abuso y me acordé de aquel pensamiento de nuestro apóstol José Martí, que decía que "valía más morir de pie que vivir de rodillas". Me salí de la fila, clavé el pico en la tierra y le dije al Teniente Girón que yo no trabajaba más. Girón asombrado desenfundó su bayoneta para golpearme, pero en esos momentos vio que otro estudiante, Ricardo Vázquez Pérez, hacía lo mismo que yo, por lo que cambió su airado rostro por una expresión cínica y nos dijo que nos sentáramos a descansar para que luego siguiéramos trabajando. Se llevó al Bloque lejos, y al poco rato vino y se sentó junto a nosotros, tratando de convencernos para que volviéramos a trabajar. Le dijimos que como que ellos nos golpeaban aunque trabajáramos, preferíamos que nos golpearan sin trabajar. Al ver que no nos pudo convencer, envió al Cabo Campeón a la Dirección del Penal para que le orientaran sobre lo que debía hacer con nosotros. Las instrucciones no se hicieron esperar.
Al cabo de una hora, llegaron al potrero varios "jeeps" cargados de guardias, que se parquearon a unos 100 metros de donde nos encontrábamos. El Teniente Girón le quitó el afilado estilete a uno de los fusiles Lenin y lo tomó en la mano izquierda, mientras que en la derecha empuñaba su larga bayoneta. Campeón, mientras tanto, cortó un palo de una mata de guayaba y se aproximó amenazante a Ricardo. Ambos nos dijeron que corriéramos hacia los jeeps pero al ver que seguíamos caminando empezaron a golpearnos sin compasión. Girón hundía el estilete en mis muslos una y otra vez al mismo tiempo que me golpeaba en la espalda con el plan de la bayoneta que esgrimía en la mano derecha. Yo sentía la punta del estilete cortando mis carnes, y los planazos cayendo sobre mi espalda pero no podíamos correr porque lo que ellos querían era que corriéramos para mostrar ante nuestros compañeros que teníamos miedo. Aún bajo la tremenda golpiza que me estaban propinando tenía ánimo para mirar hacia donde estaba Ricardo a quien golpeaban tan salvajemente como a mí, con aquel largo y flexible guayabo que se curvaba en sus espaldas, levantándole tremendos verdugones.
Al llegar al hospital, nos bajaron y nos hicieron caminar hacia la entrada sin importarles lo débiles que estábamos. Pero para asombro de todos yo me negué a dejarme curar alegando que ellos lo que querían era curarme para sacarme de nuevo a trabajar. Según me dijeron posteriormente, yo tenía más de 80 piquetes en las nalgas y los muslos. Las heridas que necesitaron puntos fueron más de 10. Después de la operación, me ingresaron en una de las salas del hospital donde me encontré con Ricardo. Este tenía la espalda inflamada por tantos golpes recibidos. A la hora de la comida nos negamos a ingerir alimento. Al preguntársenos que por qué no comíamos, les respondimos que ellos querían que comiéramos para seguir golpeándonos y que por lo tanto no volveríamos a comer hasta que nos sacaran del área de trabajo forzado. Después de cinco días sin ingerir alimento alguno nos trasladaron para el edificio con los demás compañeros para ver si ellos nos convencían de que comiéramos. Pero al continuar en nuestra postura de no comer nos trasladaron nuevamente para el hospital para amarrarnos y alimentarnos por la fuerza. Así, entre el hospital y el edificio donde estaban recluidos el resto de los estudiantes, transcurrieron entre 40 y 50 días hasta que, una mañana, teniéndonos en el edificio subieron Girón y varios guardias más al tercer piso donde nos tenían acostados en sendos camastros. En forma amenazadora Girón se acercó hasta el camastro donde yo yacía y, dando un planazo en uno de mis brazos me ordenó que me levantara porque "hoy vas a trabajar de todos modos" me dijo.
Me tomaron entre varios guardias y me pusieron de pie en el trayecto que conducía a la puerta de salida donde miles de presos se arremolinaban montando en los camiones que los llevarían a los campos de trabajo forzado. Tambaleándome caminé hacia dicha salida y al llegar a donde estaba el camión que conduciría al Bloque 19 compuesto, como ya dije, de estudiantes, me negué a subir. El Teniente Girón les ordenó a dos estudiantes, a Arturo Moradiellos y al Chino Menéndez, que me subieran al camión, pero estos se negaron alegando que respetaban mi determinación a no trabajar. Con sus ma-chetes y bayonetas los golpearon cruelmente, pero ellos resistieron. Finalmente tuvieron que subirme los propios guardias y depositarme acostado en la cama del camión. Al llegar al potrero detuvieron al camión y mandaron a bajar a los estudiantes, mientras que a mí me bajaron los propios guardias y me depositaron sobre la yerba húmeda. Al resto de los reclusos se los llevaron para dar inicio a la jornada de trabajo. Aunque yo permanecía con los ojos cerrados, me di cuenta que el Cabo Campeón y algunos soldados más se encontraban parados junto a mí. De inmediato sentí una patada en el costado derecho mientras una voz tronaba a mis oídos diciéndome. "Arriba, levántate que vas a trabajar". Al no responder afirmativamente, el Cabo comenzó a virarme boca abajo mientras me bajaba los pantalones. Sentí entonces que colocaba la punta de la bayoneta en una de mis nalgas la que penetraba lentamente en mis carnes desnudas. Esto lo acompañaba con la frase de "Arriba, bravo, párate que vas a trabajar". Como que yo continuaba inmutable, con los ojos cerrados, empujó la punta de la bayoneta hasta que ésta chocó con el hueso de la cadera y un dolor sin precedentes laceró mis carnes. Noté que Campeón sacaba la bayoneta de mis carnes, y un profundo silencio siguió a su gesto. Yo estaba dispuesto a soportar aquello hasta las últimas consecuencias, pues presentía que ésa era la última prueba por la que tendría que pasar. Estando en estas cavilaciones sentí nuevamente la punta de la bayoneta penetrando por la misma herida que me habían hecho mientras que la gruesa voz de Campeón tronaba: "¡Arriba, bravo, que vas a trabajar!". Y eso fue lo último que oí, pues cuando la punta de la bayoneta chocó nuevamente con el hueso de mi cadera el Cabo Campeón, con la insensibilidad propia de un criminal profesional, le dio vuelta a la bayoneta dentro de la herida, perdiendo prácticamente el conocimiento. Cuando recuperé plenamente la conciencia me encontraba en una cama de la enfermería del penal después de haberme dado varios puntos en aquella enorme herida producida por la bayoneta de Campeón.
Después de esa cruel prueba me subieron nuevamente al camión y se dirigieron al edificio de donde me habían sacado, pero no para dejarme allí sino para recoger al otro recluso y gran amigo mío que plantó conmigo, Ricardo Vázquez Pérez, quien no tuvo que pasar por esta última prueba debido a su mal estado de salud. De ahí nos condujeron a los pabellones de castigo donde había una docena más de reclusos que habían "plantado" al trabajo forzado, entre ellos los periodistas Alfredo Izaquirre Rivas y el Dr. Emilio Adolfo Rivero Caro, los primeros que se negaron a trabajar. Este era el requisito principal que habíamos puesto para volver a comer. Que nos sacaran del área de trabajo forzado, no importaba para dónde. En los pabellones, o calabozos de castigo de Isla de Pinos nos tuvieron varios meses sin recibir visitas y sin ver la luz del sol, hasta que un día nos mandaron a recoger las pocas pertenencias que teníamos y nos trasladaron para La Cabaña, prisión de terrible recordación, ya que en sus fosos habían sido fusilados cientos de cubanos por el único delito de querer libertad y democracia para nuestra patria. Nuestra estancia en la Cabaña no fue tampoco un lecho de rosas. Muchos jirones más de nuestra historia quedaron enredados en sus barrotes y húmedas paredes, que más adelante relataremos.

Luis Israel Abreu, preso político # 30026

CRONICAS DEL PRESIDIOlunes, 21 de agosto de 2017Crónica del Presidio Político en Cuba -Colaborador José Bello Por JESUS ...
11/17/2017

CRONICAS DEL PRESIDIO
lunes, 21 de agosto de 2017

Crónica del Presidio Político en Cuba -Colaborador José Bello

Por JESUS HERNANDEZ CUELLAR
El médico cubano Julio Antonio Yebra le dio la mano a cada uno de los integrantes del pelotón de fusilamiento y les dijo que los perdonaba. La orden de fuego se confundió con su propio grito de condena al comunismo, y su cuerpo quedó sin vida atado al madero al que lo habían amarrado. Segundos después se escuchó el tiro de gracia.

En una de las enormes torres circulares que albergan las celdas del Presidio Modelo de Isla de Pinos, Cuco Muñiz y Armando Valladares conversaban frente a la celda 35 cuando una sombra humana se desprendió desde lo alto y se estrelló en el piso, más abajo. Era Jesús López Cuevas. Se había lanzado, en un arranque suicida, desde el cuarto piso. Estaba muerto.

Pedro Luis Boitel, ex candidato a la presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria, creyó que el ser humano debía exigir respeto para sí mismo por cualquier medio. Empredió, junto a otros compañeros suyos, una tenaz huelga de hambre que tuvo repercusiones internacionales y silencios cómplices. Murió deshidratado el 24 de mayo de 1972, tras 53 días de ayuno en una prisión cubana. Antes había protagonizado otras huelgas.

Afortunadamente, Mario Chanes de Armas sobrevivió a aquel infierno, pero al precio de haber pasado 30 años en las cárceles del régimen de Fidel Castro, con lo que se convirtió en el hombre que ha cumplido la más larga condena a prisión, por razones políticas, en todo el mundo.

Chanes de Armas sufrió esa experiencia a pesar de haber participado junto con Castro en el asalto al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953; de haber viajado en el yate Granma desde Veracruz, México, hasta las costas orientales, en 1956, para dar inicio a la lucha armada antibatistiana, y de haberlo sorprendido el triunfo revolucionario de 1959 en una mazmorra del régimen de Fulgencio Batista.

"Jamás he sentido odio ni deseos de venganza hacia nadie, jamás podré ser juez ni fiscal", declaró en 1994 a Contacto Magazine Chanes de Armas, quien estuvo en prisión desde julio de 1961 hasta julio de 1991, acusado de planear atentados contra los dirigentes del gobierno de Castro.

El ex prisionero aseguró que nunca estuvo vinculado a ningún grupo que pretendiera asesinar a dirigente alguno. Hace pocos años, Chanes de Armas murió en Miami, Estados Unidos, olvidado por el mundo.

En su libro Cuba: Mito y Realidad, el sociólogo Juan Clark afirma que la cifra más alta de prisioneros políticos que ha tenido Cuba en toda su historia -todos al mismo tiempo ya condenados- fue de unos 60 mil en la década de los años 60. La organización Amnistía Internacional señala que a mediados de la década de los 70 unos 20 mil reclusos habían sido liberados.
Clark concluye que "en una base comparativa, esas dos cifras serían el equivalente, en un país del tamaño de Estados Unidos, a la existencia de entre 1,410.000 y 466.000 prisioneros para esa época".
También se asegura que durante la invasión de Bahía de Cochinos, en abril de 1961, más de 100 mil cubanos fueron encerrados en estadios, escuelas y teatros, como medida de precaución, para impedir el apoyo de la resistencia interna a la operación militar.
Históricamente, la época de mayor número de reos políticos que había tenido Cuba antes de la llegada de Castro al poder, fue la de la dictadura del general Gerardo Machado, entre 1929 y 1933, cuando unos 5 mil opositores fueron enviados a la cárcel. Durante la dictadura del general Fulgencio Batista, entre 1952 y 1958, se ha mencionado la cifra de 500 prisioneros políticos.

Los testimonios de algunos protagonistas puedan dejar en claro los tratos recibidos por unos y otros. He aquí uno importante:
"Me voy a cenar: spaghetti con calamares, bombones italianos de postre, café acabadito de colar y después un H-Upman 4. ¿No me envidias?... Cuando cojo sol por la mañana en shorts y siento el aire de mar, me parece que estoy en la playa. ¡Me van a hacer creer que estoy de vacaciones! ¿Qué diría Carlos Marx de semejantes revolucionarios?" El fragmento anterior corresponde a una carta redactada por Fidel Castro cuando se encontraba en el Presidio Modelo de Isla de Pinos, cumpliendo una condena de 15 años por haber dirigido el ataque al Cuartel Moncada, en el que murieron unas 100 personas. Castro y sus compañeros cumplieron poco más de 20 meses de cárcel, tras los cuales fueron amnistiados por el régimen de Batista.
El Presidio Histórico
El llamado "presidio histórico" de la época castrista comenzó desde los días iniciales del triunfo revolucionario. Los primeros en ser condenados fueron los militares del despuesto gobierno. Entre éstos hubo muchos, se ha denunciado, que fueron ejecutados por acusaciones no confirmadasde asesinatos presuntamente cometidos durante la corta guerra civil de diciembre de 1956 a diciembre de 1958.
"A lo largo de la isla los pelotones de fusilarniento no cesaban de ejecutar. Fue en aquellos días que el capitán Antonio Nuñez Jiménez declaró que en lo adelante el año de1961, que había sido bautizado como El Año de la Educación, se llamaría El Año del Paredón. Y fue cierta supredicción", narra en su libro Contra Toda Esperanza el ex prisionero Armando Valladares, quien permaneció 22 años en las cárceles cubanas.
En alguna ocasión, el entonces comandante Raúl Castro Ruz, hermano de Fidel y hoy presidente de los consejos de Estado y de Ministros de Cuba, dijo que "los esbirros que vamos a fusilar no pasarán de 400", refiriéndose a los militares y funcionarios del gobiemo de Batista. (Fueron miles)

En 1960, durante un discurso ante la Asamblea General de la ONU, (a nombre del gobierno del Partido Comunista de Cuba) el argentino Ernesto "Che" Guevara, unos de los principales líderes de la revolución cubana, reconoció la ola de fusilamientos con estas palabras: "Sí, estamos fusilando y seguiremos fusilando mientras sea necesario".

La realidad es que no se conoce una cifra exacta de fusilados por razones políticas en estas últimas cinco décadas de la historia de Cuba, debido a que las estadísticas de las ejecuciones son un secreto absoluto, y en mayor o menor escala, los fusilamientos no han cesado hasta nuestros días.

Sin embargo, organizaciones como Net for Cuba y el Instituto de la Memoria Histórica Cubana, ambas con sede en Miami, Estados Unidos, han recopilado nombres de por lo menos 12 mil personas ejecutadas en paredones de fusilamiento o asesinadas a sangre fría, durante los 50 años de régimen castrista.

El "presidio histórico" se fortaleció a partir de los días previos a la invasión de Bahía de Cochinos, ocurrida en abril de 1961, cuando miles de cubanos fueron a la cárcel. Uno de ellos fue Eddy Carrera, procesado por "intento de alzarse en armas en apoyo de los invasores". En aquel momento, Carrera fungía como coordinador del Movimiento Demócrata Cristiano (MDC) en la provincia de La Habana. Estuvo 16 años preso.

Carrera, que tambien se opuso a la dictadura de Batista, recuerda los más difíciles momentos del largo período en que se mantuvo en prisión: los fusilamientos reales, los fusilamientos con balas de salva -una insoportable tortura-, la obligación de vestir el uniforme azul de preso común, las requisas de los militares a punta de bayoneta, las huelgas de hambre, los asesinatos dentro de la cárcel, y otras muchas experiencias.

"Hacia mis carceleros, no siento odio, no siento lástima, es una mezcla de sentimientos, hay que tener en cuenta que casi todos eran analfabetos, seres cercanos a lo salvaje", rememora el ex prisionero.
"No me opongo a que haya justicia, pero haría lo posible porque no se produjeran actos de venganza...todos ellos, como nosotros, han tenido o tienen madres, esposas, hijos", agrega Carrera. Chanes de Armas narró a Contacto antes de morir lo que podría ser calificado como el acto de tortura psicológica "más cruel" que se haya vivido en el presidio político cubano contemporáneo.

Inmediatamente después de los ataques aéreos del 15 de abril de 1961 que precedieron al desembarco por Bahía de Cochinos, los cimientos de las circulares del Presidio Modelo de Isla de Pinos fueron dinamitados, de manera que si hubiese algún intento de rescate de los prisioneros o de operación militar norteamericana, los más de seis mil reclusos que se encontraban allí pudiesen ser "volados en pedazos".
"Se tenía la impresión de que dormíamos sobre un polvorín... hubo hombres cuyos nervios no pudieron soportar aquella tortura y quedaron dañados para siempre... era horrible pensar que de un momento a otro podíamos ser despedazados por una explosión", recordó Chanes de Armas.

Entre los prisioneros había expertos en explosivos, y éstos, de manera increíble, lograron identificar y desactivar los cables que comunicaban las numerosas cargas de dinamita con los dispositivos de detonación, que tenían un sistema doble de funcionamiento: eléctrico y mecánico.

Sin embargo, la ardua labor de desactivar los detonadores "sólo nos concedería unos minutos .... porque los genocidas, al ver que el TNT no explotaba, que no saltábamos en pedazos, ensayarían otros métodos para liquidarnos..., bastaría con que le cayeran a cañonazos a cualquiera de las circulares, pues cada una de ellas continuaba siendo un polvorín", cuenta Valladares en su libro.

Muchos soldados se burlaban de los presos, durante este período, y desde afuera les hacían señales con las manos de que harían estallar las circulares. La dinamita fue sacada poco después de la crisis de los misiles de octubre de 1962. Los "Plantados"
Una de las actitudes que convirtió a los primeros prisioneros en "históricos", además de la fecha en que entraron a la cárcel, fue la de negarse a vestir el uniforme azul de preso común. Costó enfrentamientos violentos, torturas físicas y psicológicas, y finalmente terminaron casi desnudos, sólo vistiendo un calzoncillo, durante muchos años.

Hubo momentos en que las fuerzas represivas utilizaron a expertos en artes marciales para obligar a los presos a vestir el uniforme. Esto ocurrió en todas las prisiones, pero cuando el gobiemo trató de imponer la medida, Eddy Carrera se encontraba en una granja de San Juan y Martínez, en Pinar del Río. Era el año de 1967.

"Nos llevaron uno a uno a un sitio de la granja, y en presencia de judokas nos obligaban a vestir el uniforme... el que se negaba sufría golpes y patadas de los judokas...muchos quedamos sin ropa alguna, algunos muy heridos o con huesos fracturados", narra Carrera. Estos hombres sufrieron a lo largo de sus condenas, diversos castigos. Uno de los lugares preferidos de los carceleros para sancionar a los presos eran las llamadas "gavetas", especialmente en las prisiones de Oriente, que tenían un tamaño aproximado de cuatro pies de ancho por seis de largo.

"Los presos tenían que permanecer en ellas arrodillados. Los que sufrían esa tortura estaban en esas celdas de cino a seis meses", añade Carrera.

Clark cita en su libro otro tipo de celda de castigo llamada "La Ratonera", en la prisión de La Cabaña, en La Habana, de unos siete por cuatro pies, pero hace énfasis en el hecho de que en los últimos años las más utilizadas eran las "tapiadas", de la cárcel de Boniato, Oriente, así como "los candados" y "el rectángulo de la muerte" en el Combinado del Este, en La Habana.

El sociólogo menciona que "la crueldad del sistema penitenciario del régimen de Castro está también implícita en el inadecuado suministro de alimentos y en ocasiones la insuficiente asistencia médica, que en diferentes oportunidades ha sido negada como parte de medidas disciplinarias contra los prisioneros". (Ademas de las torturas, la falta de alimentación y atención medica ha causado la muerte de cientos de presos politicos)Nuevos Prisioneros
Entre los presos "históricos" hubo una buena parte que superó los 20 años de prisión. Ernesto Díaz Rodríguez, ex activista sindical y poeta, fue liberado tres meses antes que Chanes de Armas. Eusebio Peñalver, luchador revolucionario que integró las filas del Ché Guevara en la guerra contra Batista, volvió a las armas después del triunfo castrista y fue capturado en las montañas del Escambray, en el centrosur de Cuba. Estuvo en prisión 28 años. Se considera que es la persona de raza negra que más años ha estado preso por razones políticas en todo el mundo, un año más que el activista y político surafricano Nelson Mandela. También murió en Miami, hace pocos años.

Pero mientras tanto, un nuevo presidio político se integró al "histórico". Desde la década de los 70, las autoridades cubanas ya no permitían que ambos grupos se juntaran, y colocaban a los nuevos, directamente, en los planes de rehabilitación política.

Sin embargo, en mayo de 1983, prisioneros que habían sido condenados después de 1979, narra Clark en su libro, "rechazaron también el plan de rehabilitación y formaron el Nuevo Presidio Plantado, diferenciándolo del anterior, que denominaban "histórico" y que, según ellos, "les servía de ejemplo".

A finales de 1991, causó conmoción a nivel internacional la golpiza que recibió frente a su propia casa la poetisa María Elena Cruz Varela, a quien se intentó obligar a tragar una Declaración de Principios que había escrito exigiendo libertad y democracia. Tras el ataque que sufrió de turbas aparentemente civiles, organizadas por el Ministerio del Interior, fue condenada a prisión por divulgar "propaganda enemiga". Fue indultada en 1993.

"La mujer cubana, prisionera política, merece que se le haga un monumento cuando Cuba sea libre", indicó Chanes de Armas.

"Ellas también, antes y ahora, fueron golpeadas y torturadas en las prisiones", subrayó el ex prisionero.

Desde el fortalecimiento de la llamada disidencia interna y el movimiento de periodistas independientes, en 1995, numerosos activistas y profesionales de la información han sido arrestados y expulsados del país. Las olas de arrestos de opositores no han cesado.

Cifras de la Fundación Nacional Cubano Americana y del Grupo de Apoyo a Concilio Cubano, por separado, coinciden en afirmar que la población penal de Cuba, en todas las categorías, superaba los 275 mil prisioneros avanzada la década de los 90. (Sin embargo solo se menciona a nivel mundial a los “75” del 2003).
"España, por citar un ejemplo, mantiene en sus cárceles a alrededor de 40 mil reclusos y está considerada la nación con mayor población penal de Europa, sin embargo, España tiene 40 millones de habitantes", señala Rodolfo González González, del Grupo de Apoyo a Concilio Cubano en un artículo titulado En la Isla de Rejas, que fue distribuido por CubaNet a través de Internet.

"Cuba, con sólo 11 millones de habitantes, mantiene en sus prisiones a más de 275 mil reclusos, casi toda la población penal de Europa", añade González González.

En la actualidad, organizaciones de derechos humanos calculan que en Cuba hay casi 400 prisioneros de conciencia, principalmente opositores pacíficos del llamado movimiento disidente. En marzo de 2003, 75 de estos disidentes fueron condenados a penas de hasta 28 años de cárcel. El suceso provocó numerosas críticas a nivel mundial, inclusive dentro de importantes sectores de izquierda. La mayoría de los condenados permanece en prisión.
"Otros países han sufrido momentos similares..., por eso soy un convencido de la democracia, no quiero democracia para mí y dictadura para mis enemigos políticos", reflexiona Carrera.

"Es repugnante ver cómo algunos gobernantes reciben a Castro, estoy seguro de que los franceses, por ejemplo, no quieren para su país un régimen como el que hay en Cuba", concluyó Chanes de Armas.
"El hombre es el ser maravilloso de la Naturaleza. Torturarlo, destrozarlo, exterminarlo por sus ideas es, más que una violación a los derechos humanos, un crimen contra toda la humanidad", ha dicho Armando Valladares.

Nota: Para ver el blog hacer clic en: www.jironesdenuestrahistoria.blogspot.com

11/16/2017

martes, 7 de noviembre de 2017
MUJERES EN CAUTIVERIO
Colaboración de José Bello

Mujeres en Cautiverio

La política penitenciaria del régimen totalitario que oprime a Cuba, especialmente en cuanto al presidio político, se ha caracterizado, desde sus inicios, por una violencia represiva sin escrúpulos. El ensañamiento y el espíritu de venganza han sobrepasado todos los parámetros de la vileza. Si esto ha sido una constante para los presos políticos, nuestras hermanas, encarceladas por sus ideas y actos por la libertad y dignidad humana y nacional, hubieron de sufrir, con mayor rigor la vesanía de los abyectos carceleros de la tiranía.

Pretendemos asomarnos a los horrores del presidio político de mujeres, para hacer justicia histórica a esa pléyade de heroínas, con tanta frecuencia desconocidas, y denunciar las violaciones de sus derechos humanos.

Damos inicio a nuestro proyecto tomando uno de tantos ejemplos ilustrativos de esta gran tragedia que fue el presidio político cubano de mujeres, por lo peculiar de su história.

María Amalia Fernández del Cueto fue detenida en 1961 en avanzado estado de gestación. Sometida por más de cuatro meses al agresivo rigor del Departamento de la Seguridad del Estado (G-2), fue condenada a cuarenta años de prisión. Se la ubicó en la cárcel de mujeres de Guanajay, donde dio a luz a una niña.

En 1962, se produjo una fuga en dicha prisión. El régimen, furioso, como represalia envió a sesenta y seis de las reclusas castigada para la cárcel de Baracoa, en el extremo oriental de la isla. María Amalia fue de las seleccionadas, y tuvo que viajar con su pequeña hija de meses. Las presas políticas fueron trasladadas primero en camiones "rastras" y después en avión bajo fuertes medidas de seguridad con la represión acostumbrada. En la cárcel de Baracoa fueron recibidas bajo las amenazas del maltrato, los insultos y la agresividad usual. Puestas en condiciones muy precarias de higiene y habitación, prácticamentes incomunicadas y alejadas al máximo de sus familiares, las presas políticas castigadas en la prisión de
Baracoa fueron sometidas a un riguroso y abusivo régimen penitenciario. Carentes de los más elementales recursos de vida, sometidas a un programa de maltratos físicos, con una alimetación de hambre y con una muy insuficiente asistencia médica, las presas políticas tuvieron que mantener un permanente enfrentamiento con la guarnición del penal. Los "toques de latas" y las "batidas de rejas" -algunas de las "armas" disponibles por los presos para la protesta- tenían que realizarse frecuentemente para reclamar los más elementales derechos. Muchas de las veces la respuesta de la dirección fuemás golpizas y castigos. Bajo tales circunstancias Amalia tuvo que desprenderse de su hija y entregarla a su hermana y a su suegra, porque en dicha situación era imposible que la criatura viviera.

Para estas sesenta y seis mujeres el castigo en la carcel de Baracoa se extendió por un año. Al regreso, brutalmente aglomeradas en "carros-jaulas", a la prisión de Guanajay, se encontraron con que su pabellón en ésta había sido convertido en celdas tapiadas. Tuvieron que pasar seis meses más allí, dende se les manipulaba hasta el agua.

El recibimiento en la prisión fue con un despliegue inmenso de fuerzas militares con arma larga y bayoneta calada. Sacadas a empujones de las "jaulas", tuvieron que enfrentarse con una violenta y frenética andanada de insultos por parte de toda la guarnición, que además les propinaba golpes a diestra y siniestra por cualquier motivo. A Gloria Arudín le propinaron una terrible golpiza, y a Reina Peñate, que fue a auxiliarla de la turba de milicianos y carceleras que la golpeaba, recibió tantos golpes que fue arrastrada sin sentido por los guardias al pabellón. Cuando volvió en sí, no podía recordar cómo había llegado hasta allí.

Otro de los procedimientos para perturbar psíquicamente a las presas era el uso de altoparlantes dirigidos hacia las galeras, que repetían continuamente todo el adoctrinamiento político del sistema. Las presas estaban obligadas a escuchar los discursos de los dirigentes del régimen.

Fuente:
Testimonios de las ex-presas politicas:
María Amalia Fernández y Reina Peñate.

Testimonios de victimas de la tirania castro comunista cubana. Una mirada al pasado y presente de nuestro pueblo.

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