16/08/2026
El 15 de agosto de 1805, el Libertador Simón Bolívar, en compañía de su maestro de la infancia Simón Rodríguez y el primo hermano de su fallecida esposa Fernando Rodríguez del Toro, subió hasta la cumbre del Aventino, el Monte Sacro de Roma, y pronuncia de forma profética aquel memorable Juramento, donde con sólo 22 años de edad juró consagrar su vida a la liberación del continente latinoamericano y por la libertad de Venezuela.
El Juramento del Monte Sacro es un legado de más de dos siglos enunciado por un joven de ideas revolucionarias que maduraron hasta forjar un proyecto de libertad continental, con alcance social y moral para todos sus conciudadanos.
Bolívar tenía entonces tan solo 22 años. Y no sólo fue por el fragor de la juventud, lo que hizo hacer este juramento, sino porque así lo sentía. Estaba inspirado en medio de las alturas de la Roma milenaria.
El Juramento del Monte Sacro fue una promesa anunciada por el Libertador Simón Bolívar, cuyo objetivo fue enfatizar su profundo compromiso personal con la causa independentista hispanoamericana y que tuvo lugar durante su visita a la ciudad de Roma, Italia.
Este hecho, aparentemente sencillo, ha entrado de manera sublime en la Historia patria. En efecto, Simón Bolívar había emprendido aquel día uno de sus largos y nostálgicos paseos en compañía de Simón Rodríguez. La caminata les condujo hasta la cumbre del Aventino, el Monte Sacro de Roma, una de las siete colinas de Roma.
Al caer la tarde, desde lo alto admiraron en la serenidad del crepúsculo la ciudad a los pies del monte. Rodríguez y Bolívar se sentaron a descansar mientras sus miradas recorrían el amplio paisaje que se ofrecía ante sus ojos.
Admirando aquel panorama, Bolívar recordó el campo y el paisaje venezolanos y, pensando en los plebeyos conducidos por Licinio hasta aquel monte, le invadió un sentimiento de profunda ansia por la libertad de Venezuela, por lo que en voz alta y firme, dijo:
“¿Conque este es el pueblo de Rómulo y Numa, de los Gracos y los Horacios, de Augusto y de Nerón, de César y de Bruto, de Tiberio y de Trajano? Aquí todas las grandezas han tenido su tipo y todas las miserias su cuna…
Siguió pensando en todo lo que le inspiraba ese pueblo, que había dado para todo, menos para la causa de la humanidad. De pronto, con los ojos encendidos como llamas, se puso en pie, se aferró con frenesí a las manos de Rodríguez, cayó de rodillas y dio rienda suelta a sus pensamientos con una emoción incontenible:
“Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor, y juro por la patria, que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”.
Estas ideas expresadas por el Libertador aquella tarde, inefables como la puesta de sol, cuando declaró su inmortal compromiso, comenzaron a cumplirse cuando semanas más tarde Bolívar regresó a Venezuela, donde se entregó a honrar su palabra, lo que cumplió trayendo la libertad a varias naciones americanas.
Años después, en 1824, le escribiría a Simón Rodríguez, recordándole el juramento que había realizado aquel día de 1805, lleno del fervor libertario con el que cumplió la obra que le inmortaliza.
Aquella cita del destino le avizoró un camino inimaginable de luchas, batallas, aciertos y desaciertos a los que Bolívar, sin saberlo en el Monte Sacro, ataría su destino a la lucha por la libertad de Venezuela, por la liberación de 300 años de vasallaje extranjero que bien explicitó manifestó en su juramento cuando pronunció que no daría reposo a su alma “hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español” .
Bolívar no solamente cumplió el juramento de liberar a su patria 16 años después, con la victoria definitiva en la Batalla de Carabobo, sino que remató su gesta heroica dando libertad a Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, como un sueño de la unidad e independencia de los pueblos del Sur.
Aquella tierra quizás extraña para él, lo recibió para sin saberlo, guardar para siempre uno de los actos más sublimes declarado la tarde del 15 de agosto de 1805 por el Libertador en un hecho sencillo, que ha entrado en la historiografía con calidad sublime y que iba a ser la impronta de toda su vida.
La idea de Bolívar por liberar a su patria, comenzó en su estadía en Milán, donde hizo contacto con valientes Republicanos. El historiador Alberto Filippi, reproduce en su valiosa obra Libertador en la historia italiana, el testimonio de un contemporáneo de Bolívar, Bernandino Righetti, quien comentó en sus relatos lo siguiente:
“Ayer en la noche (13 de mayo) en casa de los Melzi, me presentaron un apuesto joven de Caracas, donde crece el excelente cacao; él es un tal Bolívar y en sus aspectos se vislumbran las promesas de un fecundo porvenir; su discurso está lleno de energía y de esperanzas.
Odia a los españoles y entusiasmado por los acontecimientos actuales, sueña con la liberación de la colonia hispana y con ser él mismo el Libertador”.
Nada más parecido a la realidad apreciaba entonces Bernandino Righetti, pues cada palabra del juramento del Monte Sacro, se convirtió en la acción de valentía y dignidad por la libertad del pueblo.
Rendimos tributo a su memoria, a su esfuerzo, a su honor, a su dolor, porque aquel hombre se convirtió en un mártir, aquel hombre cumplió su juramento, aquel hombre no dio descanso a su brazo, ni reposo a su alma hasta que se rompieron las cadenas del imperio español”.
Hoy cuando se cumplen 218 años de aquel juramento histórico está viva la palabra y la esencia del Libertador, quien consagró su vida para romper con el vasallaje español y hoy gracias a su juramento en el Monte Sacro, juramento que se cumplió en cada una de sus partes, seguimos siendo libres y soberanos para siempre.