18/05/2026
Hoy la indignación y el dolor nos queman el pecho. Con el corazón roto, lamentamos el fallecimiento de Carmen Navas, una madre venezolana que partió de este mundo con el alma destrozada por la perversidad de una dictadura.
La historia de Carmen y su hijo Víctor Quero Navas es el testimonio de una crueldad sin límites. Víctor murió en prisión, secuestrado por el régimen de Nicolás Maduro y bajo la sombra de la estructura criminal de Delcy Rodríguez. Pero el sadismo del Estado no terminó con su muerte: le ocultaron la verdad a su madre.
Mientras el régimen callaba deliberadamente, la señora Carmen gastó sus últimos días de vida recorriendo cárceles, tocando puertas y desgastando su salud en una búsqueda desesperada por ver a su hijo, sin saber que ya le habían arrebatado la vida. Soportó la humillación, la burla del silencio oficial y el calvario de la incertidumbre. Enterarse, apenas hace unos días, de que su hijo ya no estaba en este mundo fue el golpe final que terminó por apagar su vida. El dolor de esa verdad sembrada en la mentira la mató.
¡Esto no fue una muerte natural, esto fue un exterminio emocional y físico provocado por el régimen!
Los venezolanos exigimos justicia. No habrá paz en Venezuela hasta que se haga justicia sobre este y sobre todos los casos que, a lo largo de estos años de crueldad, han sacudido a las familias venezolanas, separando a los nuestros y destrozando tantas almas.
La memoria de Carmen y Víctor no quedará en el vacío; su dolor hoy se convierte en el clamor de todo un país que no descansará hasta ver caer la tiranía y levantarse la verdad.
¡Justicia!